Fabio Alberti: Pan y circo

El actor y humorista reparte su tiempo entre su food truck de hamburguesas y un unipersonal con el que viaja por el país. Radicado frente al río en San Isidro, valora los proyectos autogestivos y critica a la televisión. "Se sigue haciendo lo mismo que hace veinte años".

fabio-soberani-junio3Instalado en una sencilla casa del Bajo de San Isidro, el paisaje que rodea a Fabio Alberti parece resumir su pasado y su presente. La vista es elocuente: de frente, el Río de la Plata; hacia la derecha, las siluetas de los edificios de Buenos Aires, la ciudad que lo vio nacer como actor y de la que hoy prefiere mantenerse a cierta distancia. “Viví en zona norte hasta que terminé el colegio y luego pasé por los cien barrios porteños atraído por la vida cultural. Hace diez años decidí volver buscando un poco de paz.” Pero nada es casual, y el que fuera escenario de su infancia y adolescencia se convirtió en el lugar donde desarrollaría un original desafío gastronómico. Se trata de El Puesto de Fabio, un food truck de hamburguesas donde todo puede pasar.

–¿Tu emprendimiento gastronómico fue la excusa para huir de la ciudad?

–No, cuando abrí el puesto ya estaba viviendo en San Isidro. No me escapé: vivir y trabajar cerca del río es una elección que hice hace bastante tiempo. Trato de ir lo menos posible a Capital, salvo que haya alguna marcha de protesta (risas).

–¿El empresario gastronómico le está ganando la pulseada al actor?

–No, me está yendo superbién con la actuación. Hace mucho tiempo que vengo haciendo teatro y alguna presencia aislada en televisión. Con mi unipersonal hago el bolso, tomo el micro y viajo. Es un lujo hacer un showcito y que la gente pague para ir a verme. No todos tienen esa suerte. No quiero hacer teatro de jueves a domingo –lo hice muchos años–, prefiero armarme yo mismo las fechas para ir con lo mío.

fabio-soberani-junio1–¿Te considerás un emprendedor en ambas actividades?

–Estudié teatro con Ricardo Bartís, quien me inculcó el valor de la autogestión. Me enseñó que nadie va a venir a golpear la puerta para saber qué tenés ganas de hacer; es difícil que las cosas pasen si uno mismo no las genera. Siempre participé en proyectos generados por mí o por gente con la que trabajé. Con la gastronomía pasa lo mismo: generé la idea y luego hubo una serie de situaciones que dieron lugar a que se hiciera realidad. Empecé jugando hasta que se convirtió en un laburo. Cuando empezamos teníamos un sólo turno y vendíamos unas 70 hamburguesas, después 120 y abrimos otro turno.

–¿Qué recordás de tus inicios como actor profesional?

–La televisión empezó de manera casual, porque yo estudié teatro. Me gustó hacer Cha, cha, cha, en los 90. Todos los que hicimos ese programa nos pusimos una cucarda porque cambiamos la manera de hacer humor. Me encantaba trabajar sin red porque era muy difícil llevar una idea a la realidad con fidelidad. La tele era devota del remate, y con Alfredo Casero dimos vuelta la convención. Si te cagás de risa durante un sketch de cinco minutos para qué mierda querés un remate.

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“No me escapé: vivir y trabajar cerca del río es una elección que hice hace bastante tiempo.”

–¿El ambiente artístico te perdona tu versatilidad?

–Si me vienen a apurar, digo que todo lo que hago lo hago porque quiero. El único que defiende mi trabajo soy yo mismo. Hago todas las cosas que me gustan hacer. ¿Por qué no puedo vender hamburguesas si tengo ganas de hacerlo?

–Además, los actores que viven de su trabajo son minoría.

–Y más desde que existen las grandes productoras. Siempre son las mismas caras, en las mismas tiras, con la misma mediocridad.

–¿Eso pasa porque los productores no quieren arriesgar?

–Sí, van a las fórmulas que ya están probadas. En TV se sigue haciendo lo mismo que hace veinte años. Además, hay mucho amiguismo.

–¿Qué te gustaría ver si estuvieras en el lugar de un programador?

–Nunca estaría en ese lugar. Sólo soy productor de mí mismo. No les creo a los actores con oficina, porque están yendo atrás de la plata. Y la actuación no tiene nada que ver con la plata.

–¿Cómo ves el futuro de tu profesión? ¿Hay renovación?

–No veo nada nuevo. Lo que observo es el mismo producto con otro maquillaje. En todo caso, lo nuevo es internet, que ofrece una gran vidriera, pero lo que veo como contenido no me parece nada novedoso. Hace veinte años que espero a un grupo de gente que haga algo diferente.

 

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