Illya KuryaKI & The Valderramas: Hermanos de sangre

Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur volvieron a encontrarse para dar un nuevo impulso a esa poderosa dupla creativa que conformaron cuando eran dos chicos modernos. Con su nuevo trabajo, L.H.O.N. (La humanidad o nosotros) , apuestan a profundizar los conceptos que siempre defendieron: la libertad y la música como modo de entender la vida.

Como un tercer ser que aparece cuando Dante y Emmanuel conectan, el espíritu Kuryaki se siente entre ellos. Completan lo que dice el otro, se festejan cada ocurrencia, se arengan y devuelven otro chiste a su coéquipier. Llevan 30 años de complicidad. El padre de Dante –Luis Alberto Spinetta– y el de Emmanuel –el fotógrafo del rock Eduardo Martí– compartían tiempo, salas de ensayo y escenarios, espacios que ellos empezaron a conocer a la par. Allí nació una amistad inseparable, que los llevó a crear un disco precoz: Fabrico cuero apareció cuando ellos tenían 14 y 16 años, ya habían formado y desarmado junto a sus hermanos el grupo Pechugo y habían grabado el estribillo de “Téster de violencia”, de Spinetta. Illya Kuryaki and The Valderramas apareció a principios de los años 90 como una banda atrevida, provocadora. En 2001 se separaron, fueron solistas. Por esos años también fueron padres. En 2011 anunciaron su regreso con el disco Chances y prometieron que no volverían a bifurcar caminos. Después llegó Aplaudan en la Luna, un DVD grabado en vivo. A principios de este mes estrenaron nuevo álbum, L.H.O.N., sigla que corresponde al título La humanidad o nosotros. Se metieron en el estudio, probaron sonidos, crearon las bases y empezaron a escribir sobre eso. “Creo que somos unos genios”, dicen ante la pregunta de cómo evalúan su propio trabajo. Y enseguida se unen en una carcajada.

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–Volvieron a meterse en la preproducción del disco. ¿Qué disfrutan de eso?

Dante Spinetta: –Siempre nos gustó hacerlo. Es una de las partes más divertidas, podés jugar, mezclar épocas, inventar. Buscamos hacer cosas que no estuvieran hechas antes.

Emmanuel Horvilleur: –Un costado nuestro que no se conoce tanto es el de hacer canciones, escribir. Básicamente, somos compositores. Acá dejamos salir más eso, es un disco que habla bien de este momento nuestro, es un buen acabado de todas las ideas que nos rondaban en la cabeza.

“TODOS TENEMOS LUZ Y OSCURIDAD. CUANDO ESTÁS AL LÍMITE, QUE SE TE VA TODO AL CARAJO, AHÍ TE TENÉS QUE AFERRAR A ALGO. ¿DE QUÉ SOGA TE VAS A AGARRAR? DE LA QUE UNO ELIJA: BUDA, ALÁ, JESUCRISTO, BOB MARLEY.”

–Combinan ritmos, épocas, orígenes, idiomas. ¿También mezclan las diferentes épocas?

E. H.: –Sí, pero se da de manera natural. Nuestra canción, nuestra poesía, no tiene tiempo, a veces sí surge desde algo que te pasa; no son iguales las letras que escribíamos en el inicio o las que hicimos como solistas que las de ahora. También pasa algo: escribiendo sobre el amor somos diferentes y en la canción conviven esas dos visiones como si fueran de una sola persona. Lo que hacemos va más allá de nosotros dos. Es como una tercera cosa, nuestra unión. Una voz kuryaki.

–“Aleluya”, “Ey, Dios” y “Los Ángeles” son algunos títulos de temas nuevos. ¿Atraviesan una etapa más espiritual?

D. S.: –Dios está presente para nosotros pero tiene mil caras o ninguna, somos politeístas. Dios es para lo que cada uno sea: la vida, la esperanza, la fe. El disco iba a llamarse “La nueva fe”. Hablamos de “La humanidad o nosotros” y ese “nosotros” trata un grupo de personas que nos cuestionamos ciertos comportamientos como seres sociales. No todo lo que los humanos han hecho es bueno. ¿Viste cuando se dice “eso es una animalada”? Es al revés, los animales no hicieron el mal que los humanos nos hemos hecho a nosotros mismos. A veces hacemos cagadas como sociedad. Se trata de preguntarnos qué nos pasa, qué lado vamos a elegir; todos tenemos luz y oscuridad. Cuando estás al límite, que se te va todo al carajo, ahí te tenés que aferrar a algo. ¿De qué soga te vas a agarrar? De la que uno elija: Buda, Alá, Jesucristo, Bob Marley. Todos estuvimos o vamos a estar en una situación así, está bueno estar preparado espiritualmente.

E. H.: –La idea es hacer la propia Iglesia Kuryaki (risas). –Dijeron que a partir de ustedes dos surge “algo nuevo”. ¿Cómo son juntos? D. S.: –Duramos 10 años juntos al principio, estuvimos separados otros 10 e hicimos lo que quisimos, también potenciamos cosas personales, mejoramos, levantamos la vara y eso nos pide ser cada vez mejores. Kuryaki te exige hacer cosas buenas. –Cuando surgieron fueron disruptivos para la escena local. ¿Sienten nostalgia de esa sorpresa inicial?

D. S.: –De alguna manera lo seguimos siendo. Tenemos ese impacto porque cada disco plantea un viaje diferente. Por momentos siento orgullo y otras me da bronca que en algunos lugares no sonemos, o que nos consideren muy alternativos para ciertas cosas. A veces creo que somos los rechazados de una industria que también nos abraza. Tuvimos que lucharla mucho más que si hubiésemos hecho rock. No encajamos en la batea. ¿Vamos en rock, rap? No sé, flaco, hacé una categoría que diga “kuryaki”. El disco va en la compactera. Siempre fuimos una banda distinta. L.H.O.N no tiene nada que ver con lo que suena en las radios. Seguimos siendo un soundtrack diferente y eso está bueno también, creo que la gente se siente identificada con la libertad de la banda. Nos reinventamos, es natural en nosotros sorprendernos.

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“ESCRIBIENDO SOBRE EL AMOR SOMOS DIFERENTES Y EN LA CANCIÓN CONVIVEN ESAS DOS VISIONES COMO SI FUERAN DE UNA SOLA PERSONA. LO QUE HACEMOS VA MÁS ALLÁ DE NOSOTROS DOS. ES COMO UNA TERCERA COSA, NUESTRA UNIÓN. UNA VOZ KURYAKI.”

–¿Es difícil no encajar, ser el diferente?

E. H.: –A esta altura, creo que es bueno.

D. S.: –Sí, totalmente. Agarramos un terreno que nadie quería y ahora tenemos la zona más hot, hicimos como un Faena District en la música.

E. H.: –Imaginate que eso nos vino a los 14 y 16 años. Íbamos al colegio y todos decían: “¡Aguante Los Redondos!” y nosotros nos re-copábamos con un disco de Michael Jackson o de Beastie Boys. Y también nos gustaban los Rolling Stones, pero no era lo único. Empezamos a fusionar el rock nacional con nuestra visión. Nunca nadie nos dijo qué teníamos que hacer o por dónde seguir. Si alguna vez la erramos fue por nuestra propia elección. Ya tenemos más años haciendo discos que los que no. Fue mucho tiempo durante el que la Argentina nos abrazó, nos besó y también nos escupió, es así. Y obviamente nos quedamos más con los abrazos y los besos porque son más lindos. A esta altura, cualquier crítica es anecdótica si nosotros estamos convencidos de lo que hacemos.

–Tuvieron referentes y “padrinos” importantes, como Charly García, Mercedes Sosa, el propio Spinetta. Hoy, ¿hacia dónde miran?

D. S.: –A ellos mismos, creo que los maestros hicieron obras inmortales, las tenemos para siempre. Los artistas disruptivos de cada época están buenos, también redescubrís a los de siempre; escuché unos discos de Nina Simone que me dejaron sin aire. Hay mucha música linda para disfrutar, por eso está bueno que el arte no tenga barrotes. No tiene por qué tener límites ni quedarse dentro del margen de un estilo. Tenés que fluir con tus ganas, con un espíritu inquieto; nosotros nos encontramos de chiquititos en la vida siendo así.

E. H.: –En el futuro va a haber más bandas como nosotros, que hacen música y mezclan todo. ¿Por qué no se puede hacer eso? Fuimos festejados y criticados por eso, hemos causado alegría y bronca. No hace falta ir siempre de vacaciones al mismo lugar. ¿Cómo puede ser que del arte venga tanto dogma? Es aburrido, sectario.

–Hablan de libertad, de cambios, de dar volantazos. ¿Viven como cantan?

E. H.: –Ya no tanto. Estaría bueno, pero no.

D. S.: –Algunas veces se puede aplicar, otras no. Tenemos otras prioridades más importantes que nosotros mismos, que son nuestros hijos. Vivimos para ellos.

E. H.: –Nos gustaría ser más libres, pero entran al colegio a las ocho.

D. S.: –Llegamos tarde a la escuela y decimos: “Los nenes entran a la hora que quieren porque el arte es el arte”.

E. H.: – “Lo que pasa es que nos quedamos hasta las cuatro de la mañana viendo un documental, hubo un eclipse solar.” (Ríen juntos.)

 

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