Rodrigo de la Serna, tras los pasos de Amadeus

Su última aventura fue ponerse en la piel del prodigio Mozart en una pieza teatral que colecciona elogios. Talentoso, intenso y reacio a la prensa, el actor más respetado de las nuevas generaciones se confiesa en una entrevista histórica.

–¿Qué te pasa cuando te metés en la piel de semejante personaje, nada menos que Mozart?

 

–Es un intento. Es un acto de humillación permanente intentar meterse en la piel de tamaño genio, de exponerse así todas las noches. Cuando uno más estudia la música de Mozart, más se compromete con su obra, más lejos está. Un tipo de un talento fuera de lo común, creador de composiciones realmente magistrales, brillantes. Las óperas, también. Tenía muy claro lo humano además de lo musical, entonces, claro, intentar llegarle a los talones a semejante genio es imposible. Esto es una obra de teatro, entonces tenemos que generar esta fantasía, esta ilusión o esta convención para el público que viene a ver y a disfrutar de esta obra. Y ese sí es mi trabajo.

 

–¿Cuáles fueron tus fuentes? ¿Viste la película? ¿Cuáles fueron las formas?

 

–La película a mí me imantó mucho cuando era niño, yo creo que tendría unos 8, 9 o 10 años cuando salió. Me acuerdo de muchas escenas, como si la hubiese visto ayer, pero intenté no acercarme a esa versión, me dejé afectar un poco por mis propias intuiciones y por el material que iba leyendo de él. Hay algunos libros de sus correspondencias con su padre, con su mujer, con algunos amigos, que fueron aportes realmente muy valiosos. Hay libros que analizan su música que también me sirvieron mucho. Y por supuesto, escuchar. Escuchar mucho. Joaquín Furriel me regaló la colección completa, ¡un regalo maravilloso de mi amigo! Desde que empecé a estar en el proyecto escucho su música de una manera casi fanática.

 

–¡Que vida tremenda! ¿no? La obra Amadeus tiene por momentos un sesgo humorístico burlón, pero de alguna manera está encubriendo el drama de un tipo que nació a destiempo.

 

–Nació a destiempo, sí, pero creo que si hoy existiera tampoco estaría muy en órbita. Le pasaría lo mismo, o peor tal vez. Era un tipo de un talento muy puro, y de un espíritu muy noble que poco tenía que ver con su época, sin duda. Sin embargo, no te digo que luchó, pero combatió contra eso desde su lugar. Intentó ablandar algunas cuestiones, sobre todo la llegada a la gente y a la masa popular. A lo popular de su música y a la ópera en sí, en general, que eso me parece tan valioso como su música.

 

–¿Cómo te sentís vos en este momento de tu carrera? ¿Qué te pasa a nivel profesional?

 

–Estoy disfrutando este momento, es un momento muy bueno, la obra está yendo muy bien, me siento muy a gusto con el equipo, con mis compañeros, con la obra en general. Estoy tratando de disfrutar este presente.

 

–¿Te gusta más hacer teatro que televisión?

 

–Yo tuve mucha suerte en televisión, porque tuve la posibilidad de trabajar en programas bastante atípicos y con un contenido artístico potente, lo que no siempre pasa.

 

–“La explosión” vino con Okupas.

 

–Sí, fue mi primer protagónico, un programa de culto, ultraculto, y después muy popular. Mi carrera cambió definitivamente después de Okupas.

 

– Era una lectura del momento muy interesante, del menemismo, de la marginalidad… 

 

–Totalmente, sí. Después de los 10 años del menemismo aparece ese programa, en el canal del Estado, que ya en ese momento era el canal 7. Los primeros años del gobierno de De la Rúa, que fue como un emergente de una situación negada durante mucho tiempo, esto que decíamos… “el primer mundo” ¿Te acordás lo que se decía?

 

–¿Te  pasa que te encariñás con los personajes, por ejemplo, con Alberto Granado de Diarios de motocicleta? 

 

–Sí, con algunos más que otros. Granado fue, por ejemplo, de las cosas más hermosas que me pasaron. Fue un personaje que me dio una felicidad y una alegría permanentes. Vivió en mi casa un mes más o menos y yo estuve en su casa, en Cuba, un tiempo largo. Acompañó en el rodaje y las giras de la película. Entre el rodaje y las giras habremos compartido un año y medio de vida con Alberto.

 

–Y fue muy impresionante este trabajo, todo el mundo decía que vos terminaste comiéndote la película ¿no?

 

– Sí (risas). Tenía 12 kilos de más. Sabés que todos me dicen “te comiste la película”, ¡pero con ese verbo, eh! Estaba planteado así desde el guión.

 

–No era fácil destacarse teniendo a Gael García Bernal al lado.

 

–Gael es un actor increíble, hijo de actores, de una formación académica impecable, de una visceralidad y de un talento extraordinarios. Muy bueno. Cuanto más a la distancia, mejor. Al principio siempre hay rispideces, éramos muy pendejos los dos, él venía de muchos éxitos y yo era más ignoto. Es un tipo de una inteligencia brillante.

 

–Y la película anduvo bien en todo el mundo.

 

–Fue un éxito, en Japón, en Inglaterra… Yo me acuerdo cuando me invitaron a los premios Bafta, como mejor actor revelación o de reparto –no me acuerdo–. Bajé del avión y la gente me reconocía en las calles de Londres.

 

–En una película de Woody Allen, los protagonistas iban a verla.

 

–Eso te iba a decir, increíble, en Match Point. En Brasil estuvimos a cinco minutos de la revolución, y era una efervescencia, una euforia del público, ¡impresionante! Las charlas-debates que hacíamos después de las proyecciones.

 

“Todos tenemos palos en nuestra vida. Tenemos la vida trágica de Mozart, pero, ¿qué nos deja? Para crear, para todo. Nos deja un amor a la belleza y una alegría monumentales. ¡Es muy noble eso en un artista!”

 

– ¿Y te pasa que te quedás pegado a algún personaje y después querés seguir informándote más, seguir leyendo sobre la vida del tipo? Con lo del Che, por ejemplo.

 

–Con el Che me pasó, con San Martín también. Lo del Che sí me motivó. Sobre todo la coyuntura que había para estudiar esa película. El director vino dos meses antes de rodar, entonces empezamos a estudiar juntos el contexto social de la época, a quien la Argentina y en Latinoamérica. Vimos las películas de esa época, leímos los libros que ellos leían, aprendimos a bailar tanto, nos metimos de cabeza en ese contexto social e histórico.

 

–Y lo de Claudio Tamburrini, lo de Historia de una fuga, que es un personaje tremendo.

 

–Claro, y en ese contexto de 2006, a 30 años del golpe, yo tenía 30 años, nací en el 76. Fue muy movilizante, muy fuerte. La experiencia fue tremenda. Estabas con los otros, con Guillermo Fernández, que fue uno de los dos que pudieron  escapar. Después, en Cannes, fue también muy impresionante con ellos dos ahí, estuvo realmente cerca de ganar la Palma de Oro.

 

–Participaste de una cantidad de proyectos impresionantes, como Sol negro.

 

–¡Sol negro! Sí, imagínate lo que era ese sillón, era un sillón largo de cuatro metros, y antes de cada toma estábamos con Capusotto, Fernando Peña y Belloso, y decíamos: “¿Esto qué es? ¿Es un tren fantasma?”. Cada uno en lo suyo, era genial. También estaban Martín Adjemián y Rita Cortes ¡una cosa de locos!

 

–¿Cómo te metés en los personajes? 

 

–Hay veces que uno tiene más posibilidades de observar que otras. En el caso de Sol Negro,  recuerdo que fuimos al Borda algunas veces, muchos de los internos transitorios formaban parte del equipo, eran extras, incluso tenían personajes; entonces al estar en contacto con todo eso uno también lee cuestiones y más o menos se va metiendo. Pero bueno, nunca olvidando que es una ficción.

 

–Hay que crearlo al perso naje, más que recrearlo, ¿no?

 

–Es un poco de todo, y cada vez más uno se da  cuenta de que tiene que preservarse. Por ahíc uando uno es más pendejo necesita mostrar mucho, o por ahí no concibe los límites entre una cosa y la otra, por una cuestión de pasión y entrega.

 

–La sensación de querer comer te el mundo, digamos.

 

–En la entrega a la profesión te querés comer el mundo, porque hay algo que a uno lo apasiona. Hay veces que uno se compromete mucho y termina lastimado.

 

– Como en la vida. 

 

–Como en la vida, ¡exacto! Y también empieza a aparecer una idea de qué es lo que uno le quiere comunicar a la gente y de qué es lo que uno está entregando, por ejemplo en el caso de Mozart, todos tenemos palos en nuestra vida. Tenemos la vida trágica de él, pero ¿qué nos deja? Para crear, para todo… Nos deja un amor a la belleza y una alegría monumentales ¡Es muy noble eso en un artista! Me parece de una conciencia y de una lucidez muy importantes.

 

–Además con esto de la idea, porque en Don Juan también hay una cuestión subversiva, una cosa del patrón y el empleado.

 

–Totalmente, por eso es tan lindo ver en las óperas como atraviesan, es lindo. Idomeneo también es un tema clásico. Es una tragedia, pero termina bien. La hace terminar bien, ¡eso es él, eh!

 

 

“En la entrega a la profesión te querés comer el mundo, porque hay algo que a uno lo apasiona. Hay veces que uno se compromete mucho y termina lastimado”.

 

–Tengo que venir yo así te recuerdo ciertas cosas, como tu experiencia musical con el grupo El Yotivenco.

 

–Por eso justamente tengo que hacer notas con vos. El Yotivenco también fue maravilloso, fue un proyecto musical con mis amigos Juan Díaz Hermelo y Blas Daniel Alberti,  hicimos un trío de guitarras que después devino en un cuarteto con contrabajo y bandoneón, se sumó también percusión afro-argentina , afro-uruguaya, una suerte de abanico de posibilidades sonoras y estéticas dentro de lo que es el tango, la milonga y el candombe . Nos fue muy bien.

 

–¿Qué te dice la gente en la calle?

 

–Ahora me dicen “genio”, porque estoy haciendo Amadeus (risa s). Antes, cuando hic e Diarios… me decían: “Te comiste la película”. Siempre hay alguna palabrita que tiene que ver con la realidad  del personaje que uno está haciendo. Hay un afecto muy hermoso de la gente, y yo lo agradezco muchísimo. Uno pone tanto en el laburo, tanta emoción, tanto esfuerzo, y que la gente lo re conozca y sea tan generosa es muy lindo.

 

–Una cosa muy curiosa e s que cuando vos actuás mirás a la gente, y eso no ocurre mucho. Me pareció una cosa muy linda para el espectador y muy rara. Vos mirás a la gente cuando actuás, ¿no?

 

–Sí, a veces sí. Esa convención de la cuarta pared a veces me molesta. Tiene que ver con algo muy de la Argentina con la actuación. Olmedo lo hacía.

 

–¿Qué ves cuando ves?

 

– Cuando me empiezo a alejar o empiezo a sentir que estoy muy atrás de la cuarta pared, me siento bien. Me gusta tomar contacto con el público, pero sólo un poco.

 

“Gael es un actor increíble, de una formación académica impecable, de una visceralidad y de un talento extraordinarios”.

 

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