Julieta Ortega: “Estoy enamorada de la vida”

Sus palabras abordan una vida caleidoscópica de la que emerge triunfal, con esa alegría fundamentada en su enorme experiencia de vida. Claves de una figura que se convirtió en marca nacional.

 

– Ciertos medios hablan de su nuevo romance. ¿Siente fastidio por esa situación?

 

–Ya es casi costumbre. Estuve apenas unos días en Punta y pasó. Cada verano los periodistas y fotógrafos siempre inventan este tipo de temas. Se la pasan espiando para ver quién se besa con quien. Pero en mi caso, por más fotos que publiquen, no hay ninguna novedad al respecto.

 

–¿Vuelve siempre al Este?

 

–Me gusta ese lugar. Más allá de que muchas veces no podés relajarte, porque abrís la puerta para ir al mercado de José Ignacio y siempre te están sacando fotos. Eso termina transformándose en una especie de estrés. No hay lugar donde finalmente puedas bajar la guardia. Pero son los atardeceres más lindos del mundo 

 

 

–¿Qué significó el año pasado ver que superaban a Tinelli en audiencia?

 

 

–Tenía un sabor especial, no por un tema personal con Tinelli, sino por lo que ese programa ha representado desde siempre y lo que puede costarle a un producto de arte y ficción lograr superarlo. Por suerte me tocó ser parte de ese fenómeno, pero si hubiera sido otro grupo también haciendo ficción, me hubiese puesto igual de contenta. Como actriz, es preferible que le vaya mejor a un programa donde además suceden cosas creativas, resultado del esfuerzo de un grupo.

 

 

–¿Este año volverá a trabajar con su hermano Sebastián?

 

 

–No. Tiene casi listo Vecinos en guerra, un programa que pronto saldrá al aire. Igualmente, cuando un hermano te llama porque siente que tenés algo ideal para ofrecer es un sentimiento divino, pero nunca levantaría el teléfono para sugerirme. Yo sé que cuando él ve algo para mí, enseguida me busca. Además, siento que en verdad le gusto como actriz, y eso es algo muy valioso, porque en general las alianzas laborales entre familia son siempre vistas con recelo. En un documental, Coppola hablando de la saga de El Padrino decía que si bien su hija Sofía aparecía apenas como bebé en el primer capítulo, ya en el último era la protagonista absoluta. Por sobre todo, pienso que la familia es esa red que te permite dar mejor un salto mortal; sentís que siempre habrá alguien para sostenerte.

 

 

–¿Como actriz le queda alguna deuda pendiente?

 

 

–Hace mucho que no hago teatro. Me ronda una idea, un tema que todavía no es texto. Trata sobre la mujer y la comida. Lo que representa sobre todo para muchas mujeres. Algo que incluye la infancia, el amor, los deseos. No solamente desde la nutrición, sino desde otro lugar, más conflictivo. Vos escuchás a cualquier mina describiendo una torta que le encanta o su postre favorito o algo salado, lo que sea, y siempre habrá una gran sensualidad puesta en el tema. El otro día leí en un tweet algo supergracioso: “Mi posición sexual favorita es sentada con el tenedor en la mano”. La comida, de algún modo, reemplaza al amor maternal, al propio sexo, a cualquier carencia. Una casa donde no haya algo dulce finalmente no es un hogar. Tiene que haber una cosa esperando ahí, muy chocolatosa, digamos.

 

 

–Por algo dicen que cada uno es lo que come.

 

 

–De algún modo es así. Pero con la comida sucede como con el alcohol o las drogas: son una constante amenaza. Con las drogas es necesario hacer un plan para lograr evitarlas. ¿Me gusta beber? Entonces dejo de ir a ciertas fiestas, o trato de no juntarme con quienes chupan demasiado. Pero el tema de la comida es muy difícil de manejar cuando uno trata de no cometer excesos.

 

 

–¿Por qué?

 

 

–Porque todo el tiempo está ahí, siempre a mano. Por más que uno se proponga comer menos, o más, o mejor, al final es todo un tema que también tapa muchos agujeros. Estoy muy interesada en este asunto.

 

 

–¿Y en el cine?

 

 

–Siento que hasta hoy mi actuación en Verano maldito, dirigida por mi hermano Luis, es la que más me ha gustado. Ha sido un acto de entrega total hacia él y viceversa.

 

 

 

–Todos sus hermanos son grandes creadores.

 

 

–Así es. Rosario ya grabó su primer CD. Su voz es de una dulzura increíble. Como persona, no hay alguien que te hable mal de ella. Sebastián sería todo lo opuesto de Luis, pero finalmente hay algo entre ellos que hace que, en el fondo, coincidan. Se ve que nos queremos. Además, Luis ha dirigido muchos proyectos para Underground, y sé que hay planes futuros. Con Martín desde siempre somos grandes compinches, él también produce, pero es el de más bajo perfil. Emanuel acaba de editar su nuevo disco, El camino, y por suerte pronto viene a presentarlo a Buenos Aires. Para navidad fuimos todos a visitarlo a Miami, donde vive. Es el que más anclado está allá.

 

 

–En Estados Unidos, a donde fue a estudiar de joven.

 

 

–Sí, con Anna Strasberg, nada menos. Me ofreció que cuando terminara el secundario la llamara, y me becó. Cuando finalmente llegué a su estudio en Santa Mónica, sentí que ése era mi lugar en el mundo. Todo había sido un prólogo para al fin llegar allí. Pasé tres años maravillosos, realmente inolvidables.

 

 

 

“Siempre tuve un sentimiento muy maternal, madre tierra, pachamama, como quieras llamarlo”.

 

 

 

–Pasando a otro tema, ¿qué cambios provocó en su ritmo de vida el hecho de ser madre?

 

 

–Siempre tuve un sentimiento muy maternal, Madre Tierra, Pachamama, como quieras llamarlo. El nacimiento de Benito lo viví como algo largamente esperado, pero al mismo tiempo como un lógico devenir. Como que ya lo tenía antes de tenerlo. Y por suerte llegó.

 

 

–Madre e hijo son muy parecidos.

 

 

–Sí, sobre todo en la curiosidad. Él la mira a Leticia Brédice como yo miraba a Ana María Picchio, mi madrina. Ella de pronto irrumpía en nuestra casa vestida de prostituta, porque estaba filmando y tenía un bache de tres horas para visitarnos. Venía re maquillada y con minifalda cortísima a charlar con mamá. Y ahora hay algo en mi gran amistad con Leticia que es muy parecido, salvando las distancias. Mi mamá tiene una cosa muy linda de ama de casa. Dejó una prometedora carrera por nosotros. Ana María era quien le traía noticias frescas de afuera, contaba historias geniales. Era la mujer que yo hubiera querido ser. Pero, al mismo tiempo, quería tener mucho de mi propia madre. No sabía como iba a lograr transformarme en una mezcla de ambas. Hoy, cuando llega Leticia tan exótica e histriónica, Benito la mira como yo contemplaba a Ana María. Se adoran y son capaces de hablar horas por telófono. Mi hijo corre por la casa para no pasarme el aparato y seguir inventando historias con Leticia. ¡Ahora dice que la va a dirigir para el cine!

 

 

–Benito es todo un personaje, muy fuerte, tanto como su madre.

 

 

–Más, creo. Resulta maravilloso y a veces agotador, porque si quiere algo da muchas vueltas hasta que al fin lo logra. Llega un momento en que me parece estar con alguien mucho más grande. Estoy viviendo conflictos de adolescencia con un hijo que todavía no ha cumplido ocho años.

 

 

–Es la tan esperada Generación Cristal.

 

 

–Tiene una personalidad enorme, una pila interminable y es muy canchero. La figura del padre es otra cosa. Iván le impone mucho respeto, pero a mí es capaz de decirme cualquier cosa. A veces no sé qué responderle.

 

 

–¿Por ejemplo?

 

 

–Cosas como: “Mamá, vos no me podés decir todo lo que tengo que hacer. ¡Vos no sos la dueña de Argentina!”. Me impresiona, porque además es muy contundente. Una tarde fuimos a visitar a Mex Urtizberea, que me comentó: “Este niño te va a dar muchas satisfacciones, pero por ahora te lo tenés que fumar. Al final, ya vas a ver. Es del tipo de chicos que después se arreglan solos en la vida”.

 

 

–Estupendo consejo. En el fondo es muy familiera, aunque no lo aparente.

 

 

–Ayer hablábamos de eso con un amigo. ¿Sabés qué pasa? En realidad tengo algo muy de indio, como mi padre. Hay mucha gente a la que le caigo pésimo, porque perciben algo arrogante, pero no es así. Seguro se debe a esa parte india que tiene cierta mirada de neutralidad absoluta y que muchas veces da lugar a que sea interpretada como un gesto antipático, soberbio, distante.

 

 

–¿A qué le resuena la palabra soledad?

 

 

–Ahora la disfruto como loca. Me siento en eje absoluto. Debe pasar porque uno se encuentra feliz consigo mismo, creo. No por nada externo. ¿Viste cuando te levantás pensando: “Qué suerte, hoy va a ser un buen día”? Enseguida comentan: “Debe ser porque estás enamorada”. Y sí, estoy enamorada de la vida.

 

 

–¡Qué bueno!

 

 

–También hay algo muy noble en lograr quedarse solo aunque sea por un corto tiempo, sobre todo cuando uno viene de un gran amor. Cruzar la calle triunfante. ¡Es lo mejor que hasta ahora me pudiera pasar!

 

 

–¿Cómo es su relación con Iván Noble?

 

 

–Genial, de verdad. Lo mejor que hice en mi vida fue haber tenido un hijo con él. Tuve mucha suerte. A veces siento ganas de discutir con alguien y se me ocurre llamarlo para empezar a torturarlo. Después, termino riéndome sola, pensando en cómo me aguanta si lo vuelvo loco. Pero es tan noble, no sólo de nombre, de verdad.

 

 

–¿Y sus padres?

 

 

–A mamá, ya te dije, la admiro desde siempre. Con papá, además de nuestras semejanzas, también hay algo afilado de crítica constructiva. Durante su último maravilloso show en homenaje a Elvis, me miró desde el escenario del Luna Park para preguntarme: “¿Te estoy haciendo quedar bien?”. Y enseguida aclaró: “Le pregunto a mi hija porque después me critica”. Eso me resultó muy conmovedor, porque siempre le aconsejo que no hable tanto entre una canción y otra.

 

 

 

 “Me cae bien nuestra Presidenta, me resulta una figura muy interesante”.

 

 

 

–¿Qué piensa de nuestro gobierno actual?

 

 

–Me cae bien nuestra Presidenta, me resulta una figura muy interesante. Recibe insultos sobre todo por su condición de mujer, y eso me resulta espantoso. En su gestión ha concretado diversos temas que me hacen sentir muy cerca de ella. El matrimonio igualitario, por ejemplo. Los últimos gobiernos no pudieron lograrlo, pero el de ella sí. Sólo falta el aborto no punible. Hay una hipocresía tremenda sobrevolando este tema. Las mujeres, aunque sea ilegal, no dejan de abortar. Me parece injusto que las chicas de clase media o alta logren hacerlo en mejores condiciones sanitarias. Nadie aborta porque quiere. Además, es una de las situaciones más espantosas por las que puede pasar cualquier mujer. También en Estados Unidos sucede lo mismo. Hay barreras en ciertos estados, pero ya en algunos es totalmente legal. De todos modos, he visto escraches en las clínicas especializadas provenientes de la extrema derecha amparados por la iglesia que no los pude tolerar. Yo quisiera que todas las mujeres tengan ésa y todas las posibilidades de elegir. La verdadera libertad debe llegarnos. Ya es tiempo, eso espero.

 

 

 

 

 

 

Diario de una graduada

 

 

Julieta fue una de las protagonistas del éxito más grande que tuvo la televisión en los últimos tiempos. Graduados marcó un año bisagra en su vida, y así analiza el fenómeno: “Lo que más me marcó fue que como programa tenía buen corazón. Eso lo sentí desde el comienzo, y de hecho hoy que ya terminó me encontré con una cantidad de argentinos en mi viaje que viven en Uruguay y me decían: “No sabés lo que representaba para nosotros volver a revivir todo eso. Somos de la generación con Italpark”. Ver a Charly, Fito, Fabi, la música de los ochenta, los flashbacks. En síntesis, pienso que Graduados rescataba lo mejor de nuestra argentinidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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