Vera Spinetta: “Me acostumbre rápido a estar arriba del escenario con mi papá”

La más pequeña del clan de Luis Alberto deja en claro que el Flaco, además de transmitir uno de los legados musicales más importantes, se trascendió a sí mismo en sus hijos. Cada uno con talento propio, pero todos con la misma impronta. Ella es etérea y se muestra volátil, pero está bien plantada. Parece niña, pero es mujer. Parece frágil, pero rompe el molde. Una verdadera Spinetta, una creación de sí misma que continúa reinventándose de manera constante.

Libertad, juego y amor son sus estandartes. A partir de allí construye su vida. Su imagen de muñeca de porcelana se rompe cuando se la escucha hablar con determinación. Disfruten este reportaje en donde hablamos de todo.

 

–Es difícil separarla de su familia. Todos talentosos, todos músicos. ¿Cómo llegó a encontrarse con la actuación?


–Empecé haciendo danza y acrobacia desde chica. En algún momento comencé a jugar con disfraces y maquillajes, siempre dentro del juego y con la intención de llevarlo al personaje. Era algo superlúdico hasta que  me lo tomé en serio.

 

–¿En ese momento decidió que quería ser actriz?

 

–No sé si quiero ser actriz, pero me gusta porque no te aburrís, porque estás en constante cambio y encontrando algo nuevo tuyo en cada cosa que hacés.

 

–Y entró a trabajar por la puerta grande, en la película Las viudas de los jueves de Marcelo Piñeyro.

 

–(Se ríe) Sí, eso fue como un juego también. Desde el momento en que hice el primer casting me sentí muy cómoda. Eso me pasa con la actuación, es algo que me traspasa y se transforma en otra cosa. No soy yo, pero tiene algo mío y me parece divertidísimo.

 

–¿Cree que su apellido colaboró para entrar?

 

–Puede que el apellido ayude a abrir algunas puertas. Jamás renegaría de mi apellido porque eso soy yo, y mi familia es muy importante para mí en todo sentido. El apellido por ahí te ayuda y por ahí no. Tiene su parte de peso que hay que llevar. Es una responsabilidad muy grande, y hay un punto donde se juntan estas cuestiones. Por un lado tenés el compromiso de llevar bien este apellido, que es algo que uno hace con mucho amor, y por otro lado tenés la necesidad de mostrarte a vos. Tu vida, tus cosas, qué tenés para decir vos como persona, no como miembro de una familia.

 

–¿Cómo se lleva con la música?

 

–Increíble.

 

 

“No podría elegir entre la música y la actuación. Una cosa complementa a la otra. Si no fuera actriz creo que no podría subirme a un escenario”.

 

–¿Siempre fue así?

 

–No. Es decir, siempre desde el amor que le tengo, desde lo que significa y transmite. Pero en una época renegaba de mí como música.

 

–¿Cómo llega a hacer música?

 

–Creo que se dio. Me divertía mucho más tomar clases de danza y teatro que clases de música. Después mi viejo me invitó a cantar con él y me asusté muchísimo al principio, aunque me acostumbré rápido a estar arriba del escenario con papá. Luego Dante me pidió que le hiciera los coros y empecé a cantar con él. Más adelante empecé a componer en unas vacaciones en el Polonio. Era verano, estábamos ahí, agarré una guitarra después de mucho tiempo y empecé a jugar. Me doy cuenta de que cuando me tomo las cosas con solemnidad me salen mal, y cuando me divierto, me gusta lo que hago. A partir de ese momento no paré de componer, pero siempre desde la no presión.

 

–¿Volvió a cantar en público?

 

–Sí, con Hernán (el músico Hernán Jacinto) formamos un dúo, que probablemente sigamos teniendo, con una guitarra y un piano. Hicimos temas de él, míos y de mi viejo. Así fue cómo me metí.

 

–Si tuviera que elegir entre la música y la actuación, ¿qué haría?

 

–No podría elegir. Creo que, además, una cosa complementa a la otra. Si no fuera actriz creo que no podría subirme a un escenario sin que me importe si hay gente, o cuánta gente hay.

 

–¿Cómo fue la primera vez que se subió a un escenario?

 

–Estaba muerta de miedo, pero después me fui relajando. Ahora me pasa que tengo que salir a correr justo antes del show, para soltar adrenalina.

 

–¿Con su padre se sentía contenida?

 

–Sí, claro. Y con Dante también. Para mí el escenario siempre fue algo natural porque lo viví desde chica familiarmente. Por eso hay una especie de dicotomía dentro de mí. Me cuesta mucho más un escenario chico porque es íntimo y en algún punto me siento desnuda, en cambio cuando es una gran masa me resulta más fácil.

 

–Su familia es muy unida. ¿Cómo son con usted, que es la hermana más chica?

 

–Siempre fueron todos muy protectores, pero desde un buen lugar. Confiaron en mí desde el principio. Porque hay mucho compañerismo en la familia, porque siempre tratamos de comprendernos y de respetarnos. Somos muy tanos, pero nos peleamos un minuto y basta. Somos todos muy de aceptar a los demás como son. Mis viejos siempre fueron libres, en el mejor sentido, y creo que nosotros nos criamos en esa escuela.

 

–Si fuese madre, ¿criaría a sus hijos con este mismo criterio?

 

–Obvio, no podría de otra forma porque yo soy así. También creo que no podría tener una pareja que no fuera así.

 

–¿Cuáles son sus sueños?

 

–No atarme demasiado a nada, ser libre. Tener hijos y formar una familia, y poder vivir de lo que hago y de lo que haré. Y si cambio de rumbo, poder hacerlo con amor y con pasión.

 

–¿Es pasional?

 

–Muy.

 

–¿Más pasional que mental?


–Sí, me cuesta llevar las cosas al plano mental y a veces se me van de las manos.

 

–¿Cuáles son sus pasiones?

 

–La música, el amor y la actuación.

 

–¿Sus miedos?

 

–Le tengo miedo a perder a los seres que más amo, pero también aprendí que es parte natural de la vida. Es terrible si lo racionalizás, porque si no no. Ellos siguen estando, te vinculás de otra manera, pero seguís vinculándote. Uno tiene que acostumbrarse a eso.

 

–¿Es optimista?

 

–Sí. Es decir, siempre trato de verle el lado positivo a todo porque esto es un aprendizaje.

 

–¿La vida es un aprendizaje?

 

–Sí, ¿si no para qué estamos acá?

 

–¿Qué cosas no soporta?

 

–La frialdad, la injusticia y la mentira.

 

–¿Cómo se lleva con la fama?

 

–(Ríe) Creo que ya lo neutralicé. Me da igual. Si tiene que venir como parte de algo que me produce placer hacer, está bien. Si no no vale la pena. Es decir, el cariño de la gente es algo hermoso, “la fama” en sí me da igual.

 

–Cuénteme cómo fue la experiencia de En terapia, y ahora la nueva serie en Encuentro.

 

–¡Lo de En terapia fue genial! Lo pasé muy bien. Tuvo una parte muy especial porque conocí a Peretti el día que grabamos juntos y fue la primera vez que alguien hacía de papá mío en la ficción, después de la muerte de mi papá. Y fue muy lindo porque él es increíble. En lo poco y en lo mucho que lo conocí, Diego es amoroso, superbuena persona. Muy real. Además siempre me gustó como actor. Otra cosa que me gustó es que, cuando lo ví, me encantó lo que generamos. Yo estaba muy sensible porque había pasado un mes y medio de lo de papá y no se si colaboró o no, pero me gustó el resultado final.

 

–¿Qué me puede contar sobre la nueva tira?

 

–Es la primera ficción para jóvenes de Canal Encuentro. Se llama Historias secundarias, si es que no le cambian el título. La historia está contada de este modo: cada capítulo va a un personaje en particular, y todos rozan una temática social que tiene que ver con lo que vive un joven hoy en día, pero sin caer en el cliché. Tiene contenido y un buen mensaje. Va a estar al aire desde octubre.

 

–Volviendo al tema de ser la menor de la familia. ¿Sintió en algún momento que tenía que ser o hacer algo por los demás? ¿Se debe a alguien?

 

–Hoy no. Cuando era más chica sentía que tenía que responder por ser parte de esta familia, pero ya no. Hago lo que me gusta, y si a los demás les gusta, genial, y si no también. Porque lo hago de corazón, no me lo tomo de manera liviana. Lo hago con todo mi amor y busco estar contenta con lo que yo hago.

 

–Si pudiera pedir tres deseos ¿qué pediría?

 

–Que mi padre esté genial donde esté. Que lo esté pasando de puta madre, tocando con George, con John, con Jimi Hendrix. Que los humanos tomemos más conciencia acerca del mundo que tenemos, que no es reciclable, para que lo que viene sea igual o mejor. No importa cuánto tiempo queda y si es que queda, creo que es ridículo pensar en nosotros como una única unidad y no trascendernos.

 

–¿Cree en el fin del mundo?

 

–No como una fecha en un calendario, pero sí creo que si seguimos así se va a ir todo a la mierda.

 

–Le queda un deseo.

 

–¿Me queda un deseo? (Piensa) Que haya mucho amor. Que las cosas se hagan con amor.

 

 

“Deseo que mi padre esté genial donde esté. Que lo esté pasando de puta madre, tocando con John Lennon y con Jimi Hendrix”.

 

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