A dos años de su exitosa primera novela, Punta del Este, la escritora y flamante periodista volvió al ruedo con una segunda entrega todavía más picante: Verano, un juego de seducción que combina el erotismo con el mundo del jet set.


El rock fue siempre su hábitat natural, aunque el paso del tiempo la convirtió en la flamante editora de la revista Gente. En 2016, la primera novela de Karina Noriega, Punta del Este (Planeta), dio muestras de su vocación periodística, disociable, en este nuevo rol de escritora de libros: el involucramiento con el texto, la descripción del contexto, la observación; esa forma aguda que tiene de mirar para contar las cosas. En Verano, su nueva entrega de 2018, la presencia es todavía mayor. Casi como en clave autorreferencial, la autora continúa la línea narrativa de Punta… y nos sumerge con desparpajo e irreverencia otra vez en la falsedad del mundo del jet set y el vértigo imparable de todo lo que rodea al star system.

–¿Cómo describirías tu nueva novela?

–Ya he ensayado algunas formas de presentarla. Pero ensayo una nueva mejor, porque me aburriría decir siempre lo mismo: creo que es una historia que versa acerca del cambio de paradigmas de relaciones, la experimentación del placer, la libertad de las mujeres y el autodescubrimiento.

–¿Hay diferencia entre el proceso de escritura de este libro y el de Punta del Este?

–Este libro tuvo más tiempo de escritura y maduración y fue más vivido. Fue más bien una necesidad creativa, carnal y espiritual, una catarsis que me dejó en claro que la ficción salva.

¿Se te enojó alguna persona de la vida real que se haya sentido identificada?

–La verdad que nunca. Si se han sentido identificados, más bien les gustó. Muchos han querido confirmar que fueran ellos, de hecho. De todos modos, por mucho que se insista en equiparar la ficción con la realidad (de hecho, puse en el primero “cualquier similitud es pura coincidencia”), rápidamente todos establecieron vínculos con mis influencias literarias, que es lo que más me interesa.

“No suelo develar en quiénes me inspiro para mis personajes, pero desde Punta… que le dije a Luis que Estefan estaba inspirado en él, y en Verano vuelve a aparecer.”

–¿El personaje de Estefan es el editor de El Planeta Urbano?

–Sí. No suelo develar en quiénes me inspiro para mis personajes, pero desde Punta… que le dije a Luis que Estefan estaba inspirado en él (se lo confesé mientras presentábamos el libro en la librería Grand Splendid), y en Verano vuelve a aparecer. Su aparición en mi historia estuvo basada en todos esos enunciados con los que se ríe en las redes sociales continuamente, de sus canjes y viajes, anécdotas que me ha contado y con el agregado de mi ficción. No hay personaje que no pase por el tamiz de mi fantasía, incluso aunque pertenezca a mi vida real y se pueda llegar a adivinar su identidad.

–Casi toda narración es autobiográfica, ¿cuánto de ello hay en Verano?

–Confieso que esto fue un tema de terapia. Hasta dónde revelar, qué dejar librado a la imaginación. Yo creo que es una ficción que habla mucho de mí, pero no por la verosimilitud de los hechos que cuento –que, debo decir, al parecer es una obsesión de mucha de la gente que me lee, no algo desde lo que yo parto­– sino, más que nada, por lo genuino de los sentimientos que despertaron mi escritura y por mi cosmovisión sobre muchos temas, como la libertad y la búsqueda del placer, lejos de las etiquetas y los cajoncitos.

“Creo que terminé de adueñarme del todo de mi parte combativa, profundicé mi feminismo llevado a acción y terminé de enhebrar un reclamo social con el más profundo sentir personal.”

–Además de ser periodista de actualidad se te ve muy involucrada con causas sociales, como la ley de aborto seguro y gratuito. ¿Cómo vivís esa militancia?

–Sin duda, este 2018 fue un año muy movilizante para todas las mujeres y muy significativo para mí. Creo que terminé de adueñarme del todo de mi parte combativa, profundicé mi feminismo llevado a acción y terminé de enhebrar un reclamo social con el más profundo sentir personal. Mi libro se inscribe ahí aunque no se explicite teóricamente, en el goce y el deseo como estandarte, muy lejos del adoctrinamiento patriarcal del placer y los sentimientos.

–Para Carolina, la protagonista de Verano, el amor es fugaz y sin compromisos. ¿Te pasa lo mismo? ¿Creés que el paradigma del amor cambió para muchos?

–Yo más bien creo que pondera lo fugaz pero no por el no compromiso, sino porque termina de entender que en algo aparentemente exprés también puede haber belleza y puede convertirse en un hecho memorable. El libro puede ser leído como un statement contra el chip con el que nos educaron sentimentalmente, cómo había que sentir, la pareja como consumación excluyente de “plenitud” y cómo tener finales felices. Siempre nos señalaron las obligaciones y la conveniencia por sobre el placer. Creo que el paradigma del amor cambió hace rato, se cayó la necesidad de estar en compañía como salvación y, afortunadamente, nos hemos dado cuenta de que debemos invertir más en el amor propio. Esto no significa que no demos en una relación o seamos egoístas y narcisistas, sino que ya entendimos que no necesitamos satelitar a otro para obtener lo que queremos.