En China y en Japón están por todas partes. En Europa y en los Estados Unidos ya son una realidad. Los pagos QR llegaron para reemplazar al dinero en efectivo y de a poco están revolucionando el mercado local.


Los pagos a través de códigos QR (“quick response” o “respuesta rápida”) conectan al usuario con la vida virtual y prometen un futuro digitalizado al extremo. Ahora la pantalla del smartphone funciona como escáner y las compras se realizan con un sólo clic.

El sistema puede resultar algo extraño para aquellos que no se acostumbran a los tiempos del 4G. Pero la idea es simple: el cliente descarga una aplicación en su celular (desde Google Play o Apple Store), asocia sus tarjetas bancarias o carga efectivo en la cuenta y ya está listo para usar su billetera electrónica. Para abonar, sólo debe fotografiar el código emitido por el comercio y el pago será procesado por el móvil.

En Alemania, por ejemplo, la línea de ferrocarriles Deutsche Bahn utiliza los códigos QR para la venta de boletos de tren. En los Estados Unidos, la cadena de supermercados Walmart emplea este sistema en todos sus locales. Y en Japón es posible alquilar bicicletas y hasta abonar en puestos callejeros con el sólo hecho de tener un celular.

Pero la revolución digital tiene su foco central en China, donde casi el 70 por ciento de la población utiliza su smartphone para hacer compras. WeChat, la red social más popular del país, emplea los códigos QR en su sistema de pagos móviles y ya cuenta con mil millones de usuarios. La aplicación funciona como billetera virtual y hasta permite hacer pedidos online. Pero no es la única: Alipay, presente en Alibabá, es otra de las que lideran el mercado asiático.

A nivel local, la historia es más reciente. Sin embargo, en un país en el que hay más de un celular por persona (1,5, según las estadísticas), ya son varias las empresas que ofrecen este servicio. ¿Las ventajas? Para los clientes el sistema es gratuito y los comercios no abonan comisiones por el uso de tarjetas de débito.

Algunas de las aplicaciones más conocidas entre los usuarios son Todo Pago (de Grupo Prisma, dueño de Visa y Banelco), PIM (de Banco Nación), Vale PEI (de Red Link) y MercadoPago (de MercadoLibre). Las funciones de todas son similares e incluyen el pago de servicios, las transferencias de dinero, la recarga de celulares y tarjetas de transporte y las compras en comercios adheridos (ya son más de 20 mil).

Pero la tecnología, además, invadió al mercado gastronómico y cada vez son más los spots que operan a través de este sistema. Foster, el primer restaurante automático del país, permite a los clientes realizar el pedido a través de una pantalla y abonar el servicio de forma autónoma. ¿Otro dato? La idea de este local ubicado en el microcentro llegó de la mano de un emprendedor tecnológico, un diseñador y un ingeniero industrial, el mismo perfil de quienes innovaron con los códigos QR en la plataforma de MercadoLibre.

Las coordenadas de la noche porteña se siguen renovando y ahora también hay bares y cervecerías en los que, para divertirse, sólo es necesario contar con un celular. Es hora de decirles adiós a los billetes. En la era digital, el dinero en efectivo ya no será moneda corriente.

Money, get away

Las transacciones realizadas con el smartphone crecen mes a mes. Pero otra de las grandes apuestas del mercado financiero es la tecnología Smile to pay. Promovido por la empresa Alipay, este medio de pago ya se está utilizando en China y le permite al usuario realizar compras a través del reconocimiento facial. Para pagar sólo se debe estar registrado en el sistema y colocar su sonrisa frente a la cámara.

¿Y por qué no usar relojes o pulseras inteligentes para abonar en los comercios? Algunas empresas ya trabajan con wearables como llaveros, colgantes y hasta joyería con chips incluidos, que se asocian a las cuentas bancarias del cliente y funcionan al acercarse a un posnet.

El boom tecnológico sigue avanzando y promete un futuro cada vez más parecido al de las películas de ciencia ficción.