Mientras el mundo desconfía de los asistentes virtuales como nuevos aliados, una revolución se aproxima y se perfecciona para entrar en nuestras vidas y en nuestras casas: la de los smart voice devices.


“Nos estamos enamorando de Alexa o cualquier otro genio en un speaker inteligente. Y cuando digo ‘inteligente’ me refiero a máquinas que tienen inteligencia artificial y pueden tener conversaciones básicas con nosotros, además de estar conectadas a la web y poder hacer cosas que les pedimos”,explica la periodista Judith Shulevitz desde The Atlantic, al tiempo que admite confesarle a Alexa cosas que ni su marido sabe. No muy lejos de la utópica visión de Spike Jonze en el film Her (en donde Scarlett Johansson le daba voz sexy a la computadora), y mientras muchos desconfían de los asistentes virtuales como nuevas formas de control y extracción de información personal, la curva de innovación en tecnocultura indica que una revolución se aproxima: la de los voice devices.

La nueva carrera

Así, los gigantes juegan una carrera por colonizar nuestros hogares y preferencias con asistentes como Alexa, Google Assistant o Siri. Es por ello que no sorprendió que a finales del año pasado Amazon (uno de los visionarios en este campo) anunciara al menos seis nuevos dispositivos de uso diario sincronizados con Alexa para ser operados por voz, incluyendo un microondas. “Estamos aprovechando que es el momento de los dispositivos de manos libres”, explicaba Tom Taylor, uno de los CEO de Alexa al The New York Times en septiembre. Desde que apareció Alexa,hace ya cuatro años, la empresa ha desarrollado distintas versiones y modelos de esta clase de dispositivos, que hoy funciona con más de 20 mil electrodomésticos para el hogar representando variadas marcas y con más de 50 mil habilidades “aprendidas”.

Pero Amazon no está solo, y de hecho tiene cada vez más competencia ya que, según estudios recientes, el Home Minidesarrollado por Google ha sido el smart-speaker más vendido a nivel global. Aunque menos versátil en su servicio, Google cuenta con una pequeña ventaja: acceso a millones de usuarios que ya usan su asistente de voz a través del smartphone o su sistema operativo Android. Esto hace que Amazon esté presionando tanto para introducir sus dispositivos, en la búsqueda de ocupar todo el espacio posible: tu hogar (ya existe Alexa Guard para cuando salís de tu casa), tu auto, tu oficina, tu aire acondicionado, tu horno e, incluso, tu inodoro.

A finales del año pasado se instalaron más de 40 millones de estos dispositivos en todo el mundo (serán 100 millones para finales de este año), y según la firma Ovum se prevé que para 2021 habrá casi tantos asistentes de voz como personas en el planeta. Teniendo en cuenta que a los celulares les tomó 30 años superar numéricamente a los humanos, a Alexa y Cía. les está yendo bastante bien. Entre el desarrollo de los hogares inteligentes y el avance de internet, la polémica por los riesgos de privacidad y la potestad de los datos crece. ¿Acaso no es esta otra estrategia de las corporaciones para registrar nuestras compras y consumos? ¿O están detrás de algo más?

Compañeros virtuales

Dejando la paranoia (no del todo infundada) de lado, y tal vez porque este sea un debate sobre el que ya se ha escrito mucho, otro aspecto interesante del fenómeno de los voice devicesreside en la dimensión que estos dispositivos han tomado y la que pueden adquirir.

Mientras las ventas de celulares ya estaban comenzando a estancarse precisamente por ser un commodity, y los especialistas advertían sobre los riesgos de las pantallas con nuestra consecuente adicción y el llamado peak screen(clímax de pantallas), la introducción de la función de voz llega para salvarles las papas a las grandes compañías. De este modo, en vez de tener que resolver el problema de la dependencia (neuronal, psicológica, emocional) que generan las pantallas, ahora, con las funciones de voz para no leer o teclear, la conversación pega un giro inesperado: ¿producirán estos nuevos desarrollos acaso otro tipo de dependencias?

Para entender las fuerzas biológicas y evolutivas que hacen de la voz un elemento tan poderoso hay que reparar en lo que se conoce como psicología de la voz, anticipando un nuevo horizonte en donde (idealmente) hablemos con máquinas que no sólo resuelvan nuestros problemas, sino que nos escuchen y acompañen. De hecho, como explica la especialista en discurso y lenguaje Diana Van Lancker Sidtis, la voz crea intimidad y establece una profunda conexión entre el sonido y la emoción. A diferencia de otros animales que se comunican y empatizan a través de los sonidos, el ser humano tiene un sofisticado aparato vocal y un método de comunicación a través del lenguaje. Pero las voces son más que el lenguaje que transmiten, por eso se habla de nuestra impronta vocal o prosodia(el tono, el ritmo, el pitch, la resonancia, la pronunciación y la dicción, entre otras cosas). Es esta especie de firma vocal lo que hace que nuestros cerebros saquen conclusiones de la persona que habla (género, tamaño, estatus social, estado anímico, etcétera). Y aunque no lo creas, también sacamos conclusiones cuando escuchamos a Siri o Alexa aunque sepamos que son sólo una colección de 0 y 1.

No podemos evitarlo. Después de todo, como dice Shulevitz, tuvimos sólo poco más de un siglo para adaptarnos a la idea de que la voz puede estar desconectada de su fuente, y sólo unos pocos años para asimilar la idea de que una entidad puede hablar y hacer sonidos humanos, sin serlo. Y es por ello que tanto Google como Amazon tienen equipos especializados para darles personalidad a estos dispositivos. La voz es algo tan expresivo y transparente que ya se está pensando en desarrollos de IA con fines médicos para escanear la voz de pacientes y buscar indicadores que denoten depresión o ansiedad. Si la tecnología del futuro lo permitiera, ¿confiarías en Siri para confesar tus penas maritales o en Alexa para compartir tus miedos más profundos? Vale la pena pensarlo, ya que en unos pocos años este escenario podría ser menos ficcional de lo que creemos.