La primera comunidad de intercambio de viviendas para artistas visuales. Sólo hace falta buen gusto y un look creativo. Una alternativa a Airbnb, pero mucho más chic.


Es un clásico: si viajamos, buscamos alojamiento por internet, precios, zonas, tantas comodidades como permita el presupuesto. Para las nuevas generaciones esta es la primera opción. En este sentido, la tendencia de formar comunidades que intercambien o alquilen el espacio que necesitamos cobra cada vez mayor versatilidad. Un claro ejemplo es Airbnb que, diez años después de su nacimiento se consagra como la mejor startup de alojamiento entre particulares de mundo. Hasta el momento, acumula cuatro millones de usuarios globales y más de 3.000 millones de dólares generados para anfitriones y proveedores. Ha llegado el tiempo de los diseñadores, esa es la propuesta de Behomm, la primera comunidad de intercambio de casas para artistas visuales.

Diseñadores, directores de arte o ceramistas, estilistas, diseñadores de moda o cineastas articulan intercambios en ciudades como Ámsterdam, Tokio o San Francisco.

Behomm permite que alguien se aloje gratuitamente en casa de otro miembro mientras este se aloja en la casa del mismo usuario a quien le presta su espacio. Diseñadores, directores de arte o ceramistas, estilistas, diseñadores de moda o cineastas articulan intercambios en ciudades como Ámsterdam, Tokio, o San Francisco. En los comentarios se percibe el valor agregado de interactuar con colegas. También destacan la belleza de los lugares donde pasan tiempo por trabajo o por placer. No se trata de lujo sino de armonía estética y funcional para la vida cotidiana en ciudades. También hay opciones más alejadas, prolijamente catalogadas.

Se accede a ser miembro solamente por invitación, por eso la web permite la búsqueda de amigos entre los miembros para poder pedirles invitación; también se puede consultar una directamente a los fundadores. Agustí Juste contó que fue su pareja quien comentó en voz alta la idea de intercambiar su casa en lugar de pagar por irse de vacaciones. Fue en 2012 y la experiencia en la buhardilla de un fotógrafo en Dinamarca lo entusiasmó. En 2016 juntos crearon Behomm. El único criterio para que ingreses es que tu casa tenga un look “creativo”. Los dos son diseñadores gráficos y a través de esta dinámica acuñaron el concepto de “designlovers” (amantes del diseño). El modelo de negocio que aplican se sostiene con la cuota que pagan los socios una vez al año, que ronda los 100 euros y permite intercambios ilimitados. También existe una prueba gratuita de 50 días para la que no es necesario dar los datos de la tarjeta de crédito. Ser miembro te permite alistar tu casa, buscar y ver las casas de los demás y contactar con ellos a través de un sistema de mensajes interno y seguro donde no se ve la dirección de correo electrónico personal de cada miembro. La página funciona como intermediario. Sus miembros pueden disfrutar de intercambios sin límites ni pagos extra.

Hasta el momento, los países que lidera el ranking de intercambio, además de España, son los Estados Unidos, Dinamarca y Holanda. “Se trata de compartir y crear vínculos personales, un ejemplo del enriquecedor movimiento de la economía compartida que está creciendo a nivel mundial. A través de Behomm queremos cambiar la forma de viajar de la comunidad de diseñadores y artistas visuales, y hacer del mundo un lugar más acogedor. ¡Creemos que compartir es el futuro!”, postulan desde su web. Behomm dona el 5 por ciento de sus ganancias a ArchitectureforHumanity, una organización que trabaja en soluciones arquitectónicas para la crisis humanitaria.

La premisa es la economía colaborativa, un dinámica que crece al abrazo de las nuevas tecnologías. Entre sus características está la idea de conocimiento abierto basada en la difusión de contenido sin barreras legales o administrativas; producción colaborativa, todo lo que se produce es entre miembros o en términos de comunidades. De igual modo, las finanzas colaborativas: microcréditos, préstamos, ahorros, donaciones y vías de financiación entre usuarios. El mejor ejemplo es el crowdfunding, modelo de financiación para aquellos que deseen aportar capital a ciertas iniciativas de forma desinteresada. Según las estadísticas, la economía colaborativa estimula el desarrollo sostenible, la gestión de recursos, mayor margen de oferta y el cuidado del medioambiente. La revista Times la ha catalogado como paradigma de tecnopopulismo: generar falsas promesas sobre la base de la transformación digital. Otros análisis la proponen como alternativa a la crisis global del capitalismo y sus expresiones resilientes. Mientras tanto, funciona.