Existen desde tiempos anteriores a la Biblia, y podemos asegurar que fueron testigos y cómplices de los primeros intercambios comerciales de la historia de la humanidad. Allí se venden desde frutas, verduras, reliquias y ropa hasta animales y promesas de mejores porvenires. Sabores, colores e historias increíbles, un recorrido por los cinco mercados más fascinantes del mundo.

 

1) Damnoen Saduak, Bangkok

Cien kilómetros separan este mercado flotante de la capital tailandesa. Las barcas, que circulan milimétricamente por los khlongs (canales), venden desde frutas y verduras hasta artesanías, recuerdos y bendiciones de los monjes budistas. Se puede recorrer a pie, pero la mejor manera de hacerlo es desde el agua, arriba de los sampanes (pequeño bote de madera), vistiendo el tradicional mohom (camisa azul) y cubriéndose del sol con el ngob, el típico sombrero de paja tailandés.

 

2) Bazar de las Especias, Estambul

El gran país de los mercados y la gran capital de los bazares. A pocos minutos del Gran Bazar (uno de los más grandes del mundo), los colores de este recinto en forma de L componen un paisaje digno de una obra de arte. Conocido también como Bazar Egipcio (proviene de cuando Estambul marcaba el final de la Ruta de la Seda y era el centro de distribución de toda Europa), resulta ideal para comprar dulces, frutos secos, quesos y otros productos típicos de Estambul. En el parque está el mercado de aves y flores.

 

3) Borough Market, Londres

Ciudad pionera si las hay, los londinenses, además del rock, tienen uno de los mercados en vigencia más antiguos del mundo, el primero de la capital inglesa, que se remonta al siglo X. Desde su web aseguran que sólo venden productos para tomar y beber y que a lo largo de los 100 puestos que lo forman se resume la historia culinaria de Inglaterra. Es así, pero hay más también: bajo las vías del tren, entre los puestos de comida “made in London”, aparecen coleccionistas infiltrados que esconden joyas inconseguibles de la mejor música de esos pagos detrás de una falsa escenografía de birras de supermercados.

 

4) La Boquería, Barcelona

¡Ay, La Boquería! ¡Ay, Barcelona! Caminar la rambla de punta a punta esquivando los miles y miles de turistas que pasean por el corazón de Cataluña tiene su recompensa: un mercado de 1840 con el mejor repertorio de su patrimonio más buscado: la comida. Frutas, verduras, gambas al ajillo, croquetas, pulpo, bocatas y más bocatas. Parada obligatoria para los amantes del buen morfi. Y un dato: mirando a la entrada, sobre la mano derecha, un puestito de poca monta vende conos de jamón serrano a sólo un euro. Así te recibe y así te despide también.

 

5) Mercado de San Telmo, Buenos Aires

Entrar allí es aventurarse en otra época. La Buenos Aires de nuestros abuelos, que con los changuitos y las bolsas de tela iban a hacer la compra del día o pateaban cuadras para encontrar un mejor corte de carne. Hoy, la esquina de Defensa y Carlos Calvo mantiene esa esencia. Como todo, igualmente, se globalizó y se adaptó: hay un Coffee Town, por ejemplo, para probar cafés de distintas partes del mundo. Pero no hay wi-fi, y esa es una buena noticia: acá se habla con el verdulero, con el carnicero o con el comerciante. Las aplicaciones de comida rápida no funcionan en este enclave porteño.