Muchas cosas han cambiado en materia afectiva, sexual y relacional en las últimas dos décadas de avances pero también de retrocesos, en medio de revoluciones culturales varias. Aquí, un repaso de algunos de los hitos que nos han hecho pensar diferente el amor y el sexo.


HIV y PrEP

Al amor libre y desentendido de los 60 le sobrevino la epidemia de sida que duró hasta los 90 y que dio por tierra con el espíritu de experimentación, produciendo un quiebre en las prácticas sexuales (dentro y fuera de la comunidad LGTB), en el estigma en torno a los gays, la circulación de la información y la investigación médica. Por suerte ahora se sabe mucho más de esta enfermedad que afecta a alrededor de 36,7 millones de personas en todo el planeta. Recientemente, en la Argentina se reveló que el contagio a través de relaciones heterosexuales superó al de relaciones de igual sexo, rebatiendo prejuicios arraigados. Primero vino el AZT; luego, en 1996, los “cócteles de drogas”, y hoy en día, aunque pocos sepamos de ello, existe el PrEP o profilaxis preexposición. Esta puede ayudar a prevenir el HIV en personas que no tienen el virus (hasta un 90%) pero que corren riesgo de contraerlo. En la Argentina no está disponible y no es una política pública, pero varias ONG, como Fundación Huésped, están realizando estudios para comparar su efectividad con otra droga inyectable de aplicación cada dos meses.

 

De OkCupid a Tinder y Grindr

Primero fueron OkCupid (comprado por Match), eHarmony y el muy publicitado Ashley Madison para los infieles. Luego, con la “commoditización” de los dispositivos móviles y el boom de las date apps, Tinder, Bumble, Happn, Grindr y tantos otros. Lo que es innegable es que la tecnología cambió para siempre la manera en que pensamos y actuamos sobre nuestras relaciones, sea solamente sexo casual o algo más. Así no sólo empezamos a conocer gente por la red, formar parejas y a veces hasta matrimonios, citas casuales, hookups o amigos con beneficios, también comenzaron a surgir modalidades y comportamientos habilitados por el anonimato, la accesibilidad y conveniencia que estos servicios brindan. Pasamos de las posibilidades que brindaba la interacción presencial a la ilimitada interacción virtual. Sexo, compañía o simplemente una charla a cualquier hora desde cualquier lugar. También tuvimos que incorporar en nuestro vocabulario verbos como el “sexting”, “ghosting”, “benching”, “swiping” y hasta “zombing”. Bienvenidos al nuevo y valiente mundo del sexo y el amor vía internet.

 

El hookup no es mala palabra

Ante las nuevas dinámicas relacionales surgidas con la irrupción tecnológica, se empieza a hablar en términos de “hookup” (en criollo, “aventura de una noche”) y de “amigos con beneficios”. La idea de tener distintos compañeros sexuales ocasionales versus relaciones estables empieza a ganar terreno entre los más jóvenes. Con la consagración de apps como Tinder o Happn parece confirmarse lo que se adivinaba: no sólo el “para siempre” se ha convertido en algo poco atractivo o casi mítico para las nuevas generaciones, sino que estos (re)crean sus propias formas de interactuar. Una encuesta reciente del sitio OkCupid por su aniversario reveló que en la última década más gente piensa que no hay un límite para los compañeros sexuales que uno puede tener (30% vs. 48%). A la vez, la idea de tener amigos con los cuales compartir sólo sexo sin compromisos (en criollo, “chongos”) también es ahora más popular que antes (50% vs. 61%). Todo esto tal vez más a tono con la actitud de separar sexo y amor y la nueva ética femenina que pone el placer propio a la cabeza sin demasiadas ataduras. ¡A seguir swipeando!

 

Abiertos a experimentar

Quizá como consecuencia natural y esperable de una mayor cantidad de parejas sexuales (esto aplica a ambos sexos), según estudios recientes sobre prácticas sexuales y comportamientos de los últimos veinte años, ahora más adultos tienen sexo oral y anal que antes. O al menos esto señala un informe del Diario de Salud Adolescente en EE.UU., que indica que los adolescentes son hoy mucho más propensos a experimentar que hace dos décadas. En resumen, si bien el sexo vaginal sigue siendo el más común entre adolescentes y jóvenes adultos, hay una creciente fascinación con otras prácticas percibidas como tabús. También creció el número de personas experimentando con las tres formas en simultáneo (vaginal, oral y anal) como práctica regular.

 

Sexualidad en transformación

Heteroflexibles, no binarios, pansexuales, asexuales, bicuriosos… son otras maneras de nombrar la sexualidad que han surgido (o al menos se han popularizado) en los últimos años, colonizando el lenguaje y el imaginario colectivo. Al punto de que algunas date apps ya han empezado a incluir algunas de estas categorías u otras, como bisexuales, en sus sitios. En el centro de esta revolución millennial, la necesidad de tratar de pensar la sexualidad con mayor flexibilidad. Así, son cada vez más los jóvenes que expresan reticencia a identificarse de un modo específico, viendo rótulos como “gay” o “hétero” como algo demodé.

 

Sexo & cultura pop (o Nac & Sex)

Coincidentemente con el aniversario de esta revista también se cumplieron veinte años del estreno de la serie que, pese a haber sido muy criticada, puso el sexo al frente en TV. Y lo hizo nada más y nada menos que con un grupo de mujeres hablando de sexo, aventuras, preferencias y otras yerbas. Un largo camino se ha recorrido desde las glamorosas mujeres profesionales de 30 de Sex and the City hasta las millennials de veintipico de Girls (su sucesora), y todas las demás en el medio, incluyendo la contestataria y explícita Broad City. Pero lo cierto es que la TV no volvió a ser la misma, los límites editoriales se corrieron y mostrar a una mujer teniendo sexo como un hombre o teniendo un orgasmo al disfrutar de un cunnilungus ya no fue escandaloso. Aunque se les achacó no tener diversidad en temas de raza, clase u otros, estas cuatro chicas y sus zapatos costosos pavimentaron el camino para lo que vendría luego.

 

Familia nuclear is dead

De la mano de fenómenos globales de las últimas décadas, como la baja de la natalidad y la entrada de la mujer en el mercado laboral, y de grandes hitos, como la legalización del matrimonio gay (aquí en la Argentina aprobado recién en 2010) o los avances médicos (inseminación artificial, subrogación), la apariencia de la familia nuclear tradicional mutó hasta dejar de ser lo que era. Aparecen las familias con un solo hijo, de madres solteras, del mismo sexo, y también otras formas alternativas de matrimonios (abiertos, poliamorosos, LAT, uniones civiles) y de crianzas, comprendidas, por ejemplo, por redes de familiares, amigos e incluso vecinos y sus distintas combinaciones (alloparenting). En definitiva, nuevos modos de imaginar y construir el amor, la convivencia y las estructuras familiares. ¿No se necesitaba una villa para criar a un niño?

 

El porno en la era web

Mirando en retrospectiva parece difícil dar respuesta a qué vino primero, si la pornografía o internet, aunque desde luego que esta existe desde antes de que tuviéramos módem en nuestros hogares. Resulta difícil dilucidarlo porque en los últimos años el mercado del porno en la web dominó casi todos los demás ámbitos, y muchos jóvenes se criaron viendo porno en la computadora. En este sentido, Pornhub, que también anda de aniversario por estos días, se convirtió en uno de los servicios de pornografía online más populares, con upload de videos caseros y video chat sex entre sus principales servicios, la palabra “MILF” como la más buscada y la categoría “Amateur” entre lo más visto. Un dato: de 2008 a hoy, un 75 por ciento más de gente ve Pornhub desde su celular. Al mismo tiempo, el camming (ganar plata por videos eróticos) se volvió una forma más segura y empoderada para las trabajadoras sexuales. ¿La nueva frontera? Sexo virtual. Prepará los anteojos.

 

El sexo del futuro

“No tenemos guiones culturalmente aprobados para estilos de vida sexualmente abiertos, tenemos que escribir los nuestros”, dice Emily Witt en su libro Future Sex. A New Kind of Free Love, que habla más sobre los caminos que hay que desandar para entender por qué amamos y deseamos como lo hacemos, que sobre dispositivos futuristas o exóticas prácticas amatorias. Un ejercicio reflexivo que las nuevas generaciones, afortunadamente, están haciendo. Mientras tanto, ni lentos ni perezosos, los científicos siguen experimentando con IA y prótesis para crear lo que podría ser una de las tecnologías más disruptivas: un robot sexual. No es necesario ver West World: Harmony, el primer sex robot inteligente, ya está aquí.