Un repaso de los últimos 20 años confirma que el crecimiento de la música local se mantuvo fuerte a pesar de los vaivenes de las modas, la muerte de las cadenas de disquerías, los cambios de formatos y el duro golpe de la tragedia de Cromañón a los shows en vivo. Puro agite en épocas de rock nacional.


Todo cambia. Veinte años atrás, la manera de escuchar y adquirir música era otra. La Argentina vivía el boom de la venta de compact discs y las radios FM eran el lugar indicado para lanzar un disco nuevo y llegar a miles de oyentes. Había disquerías en todos los barrios y por todo el país. Y los festivales lentamente empezaban a tener el apoyo de algún sponsor o eran shows gratuitos organizados por el Estado.

Hoy, la manera cotidiana de oír música es con auriculares conectados al teléfono celular, usando las apps de YouTube, Spotify y alguna radio. O con los parlantes de la computadora, con conexión Bluetooth en el auto o un parlante inalámbrico. Las redes sociales ayudan a descubrir artistas nuevos, mientras que las grandes radios parecen dedicarse más a los clásicos que a los grupos emergentes. Las disquerías actuales son unos pocos locales dedicados al culto retro y las reediciones en vinilos. Y los festivales de rock son tan multitudinarios como siempre, pero sin la vieja intolerancia entre el público de un estilo y otro.

Por lo visto, y como es lógico que ocurra, la cultura popular estableció un sinfín de hitos para la música en estas dos últimas décadas, al igual que en la política y en la economía. El rock local se mantuvo más activo que nunca, en constante evolución y maduración, con la aparición de nuevos artistas que hoy tienen un poder de convocatoria multitudinario, más la permanencia de figuras de las tres generaciones anteriores.

Hagamos un flashback. En 1998, por ejemplo, Los Fabulosos Cadillacs se convirtió en la primera banda argentina y latina en obtener un premio Grammy, por Fabulosos calavera, que había lanzado el año anterior con el eslogan “El disco que cambiará la historia del rock nacional”. Y sin la presencia de Soda Stereo, que había dado su supuesto último concierto en 1997, la banda más popular del país era Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que llenó dos veces el estadio de Racing en diciembre, ante un total de 90 mil fans. Un escalón más abajo, el ascenso de La Renga parecía imparable, gracias a su disco homónimo y hits como “El revelde”: dio 22 recitales por todo el país y llenó dos canchas de Atlanta con 50 mil fans.

Por su parte, leyendas vivas como Charly García y Luis Alberto Spinetta estaban a pleno: Charly sacó El aguante y volvió a llenar Obras después de mucho tiempo, mientras que Spinetta se dio el gusto de grabar un álbum en vivo con Los Socios del Desierto. Fito Páez intentaba trabajar con Joaquín Sabina e hicieron un disco, pero se pelearon al terminarlo. Calamaro llenó dos Luna Park tras el éxito de Alta suciedad, del 97, Viejas Locas hizo Obras y Willy Crook vivía su mejor momento con los Funky Torinos.

El 98 también fue el año en que se comenzaron a organizar cada vez más recitales en Parque Sarmiento, donde tocaron Divididos, Bersuit Vergarabat, Attaque 77 y los Caballeros de la Quema, justo antes del boom de “Avanti morocha”. Y la gestión de Darío Lopérfido como secretario de Cultura del Gobierno de la Ciudad organizó el megafestival Buenos Aires Vivo II, en Av. Figueroa Alcorta y La Pampa, con bandas como Illya Kuryaki, Las Pelotas y los Cadillacs. Además, de afuera vinieron los Rolling Stones, Oasis, Green Day, Jeff Beck, B.B. King, Primal Scream y Iron Maiden.

 

Rumbo al helicóptero

Mientras la recesión económica se acentuaba y la convertibilidad se dirigía a la crisis política de diciembre de 2001, el rock mostraba en público sus contradicciones, como toda familia numerosa. Por un lado, Charly García caía seducido por el carisma de Carlos Menem y daba un recital privado en la Quinta de Olivos. Por otra parte, tocaba gratis para los radicales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en el majestuoso show de Buenos Aires Vivo III, donde grabó Demasiado ego y generó una polémica al querer tirar muñecos desde el aire emulando los vuelos de la muerte de la dictadura.

Ese mismo año, más de 50 mil personas asistieron en Plaza de Mayo al Concierto por el Derecho a la Identidad, en apoyo a las Abuelas de Plaza de Mayo. El momento cumbre fue cuando Los Pericos hicieron “Sin cadenas” junto a Gustavo Cerati, Pedro Aznar, Gustavo Cordera, Vicentico y Ciro Pertusi. También en la misma plaza, un seleccionado de músicos cantó versiones de canciones patrias el 25 de Mayo y el 10 de diciembre, cuando Fernando de la Rúa asumió la presidencia. A pesar del gesto hacia el rock, el país seguía arrastrando brotes de intolerancia: el Comfer prohibió el videoclip “Vos sabés”, de Los Fabulosos Cadillacs, porque se mostraban panzas de embarazadas.

La unión del rock con el fútbol, reflejado desde los años 90 con la cultura del aguante y la fidelidad de hinchadas casi futboleras, llegó a un pico máximo con la presencia de Diego Maradona en la seguidilla de Obras de Los Piojos. El crecimiento del rock “barrial y rolinga” se vio con el auge de bandas como Jóvenes Pordioseros, Los Gardelitos, Guasones, La 25 y Callejeros, además de los consagrados La Renga, Divididos, Las Pelotas y Ratones Paranoicos, cada vez con más trapos y bengalas en sus shows.

El Diez también fue protagonista de una canción de Juanse y Calamaro, “Para siempre Diego”, todo un hit de ventas, a pesar de la crisis de la cadena Musimundo, hecho que llevó a las discográficas a vender compacts en librerías y kioscos de revistas durante más de un año. Pos-2001, los sellos comenzaron a desprenderse de artistas locales y creció de manera meteórica la compañía PopArt, de donde salieron los hits masivos de Turf, Babasónicos y los reunidos Rata Blanca.

Un hecho inesperado en la bisagra del cambio de milenio fue la aparición de FM Mega, dedicada al rock argentino, insólitamente el resultado de un estudio de mercado de una consultora estadounidense. Rápidamente trepó a la cima y fue un medio fundamental para la difusión de viejos héroes y nuevos valores, desplazando al modelo “multitarget” de la vieja FM 100, que mezclaba artistas latinos con rock.

Una tendencia que creció desde 1998 fue la popularidad como solistas de ex líderes de bandas populares. Primero fue Cerati, luego Iván Noble, Indio Solari, Andrés Ciro, Vicentico, Ciro Pertusi, Bahiano y Gustavo Cordera.

 

La década 00

Cuando se habla de los años 80 queda en claro que fue la época del pop de Soda, Virus, Mateos y Enanitos Verdes, con un recambio generación hacia el final, con el ska de los Cadillacs, el reggae de Los Pericos, el punk de Attaque y Todos Tus Muertos y el post-punk/dark de Don Cornelio y Fricción.

Cuando se piensa en la década del 90 aparece el concepto del rock sónico y el rock chabón, con nombres como Babasónicos, Caballeros de la Quema, El Otro Yo, Viejas Locas y tantos más.

Los “años 00”, en cambio, fueron la diversidad hecha canción. Hubo un sinfín de estilos musicales, cada uno con su puñado de héroes y referentes. Comenzó a tomar forma la rica escena de los cantautores, con nombres como Lisandro Aristimuño, Pablo Dacal y Lucio Mantel. También creció una nueva camada de artistas de reggae, como Los Cafres, Nonpalidece, Riddim, Resistencia Suburbana y el solista Dread Mar-I. El pop tuvo como exponentes claves a Miranda, Tan Biónica y Adicta.

También se multiplicaron los recitales gratuitos y los festivales, con el auge del Cosquín Rock y la aparición de las grandes marcas: Quilmes Rock, Personal Fest, Pepsi Music, Movistar Fri Music y hasta Beldent. El mundo de la electrónica también tuvo lo suyo, con Creamfields, atiborrado de sponsors.

El hecho que marcó un quiebre en la década fue la tragedia de Cromañón, el jueves 30 de diciembre de 2004, donde murieron 194 personas en un incendio. Más allá del juicio a Omar Chabán, las autoridades municipales y la banda Callejeros, una consecuencia inmediata fue prohibir la realización de recitales en discotecas y la aparición de reglas estrictas para habilitar locales.

El 2000 fue la década de los homenajes y los autohomenajes del rock. Hubo distinciones y premios a las grandes figuras, algo que continúa aún hoy. Néstor Kirchner (más bien Alberto Fernández) armó recitales en el Salón Blanco de la Casa Rosada, y en la Legislatura abundaron las entregas de diplomas a rockeros como Ciudadanos Ilustres. Y la grabación de covers fue un furor, tanto en discos de Fabi Cantilo, Alina Gandini y Miguel Cantilo como en los homenajes discográficos a León Gieco, Virus, los Redondos y Calamaro. Hasta proliferaron los documentales y películas sobre escenas y artistas.

Semejante ambiente de revival se coronó con festejos por los 40 años de rock argentino y las reuniones de Los Gatos, Soda Stereo, Los Fabulosos Cadillacs, Raíces y hasta Sumo, con una sorpresiva actuación de Mollo, Arnedo, Daffunchio, Sokol, Troglio y Pettinato. En un tono similar, Spinetta reunió a todas sus bandas en Vélez y Charly hizo un regreso posinternación en el mismo estadio.

Las ausencias fueron muchas: Jorge Pinchevsky, María Gabriela Epumer, Pappo, Oscar Moro, Alejandro Sokol y Carlos García López, entre otros.

Ayer nomás

Ya pasaron ocho años desde 2010, pero todo lo que ocurrió en esta década parece más cercano. La dinámica es la misma de la década anterior: festivales multitudinarios (se sumó Lollapalooza), revivals, regresos, nuevas demostraciones de popularidad de grandes solistas (el récord del Indio), un avance del inevitable recambio generacional y una multitud de escenas y subescenas dedicadas a todo género musical imaginable del amplio espectro del rock: ska, blues, punk, pop, reggae, dark, hardcore, folk, electrónica y canción de cantautor.

Esta década del 10 abrió con los festejos del Bicentenario y el furor por las redes sociales que potenciaron los smartphones. Muchos artistas independientes apostaron al crowdfunding para hacer sus discos, mientras los más consagrados organizaron giras para celebrar aniversarios de sus álbumes más emblemáticos. Y de 2015 a 2017 hubo todo tipo de celebraciones por los 50 años del rock argentino.

Los nombres más populares de estos años fueron Indio Solari (con un crescendo que desembocó en su trágico recital en Olavarría), Tan Biónica y La Beriso. Así estamos.

Y los que no están y se los extraña son Rubén Basoalto, Spinetta, Adrián Otero y Cerati. Pero la vida sigue. Y el rock también.