A fines de noviembre de 1968 salió el noveno trabajo de los Fab Four de Liverpool. Hoy, la aparición de una edición aniversario es un excelente pretexto para redescubrirlo y preguntarse el porqué de su vigencia.


En 1968, cuando John, Paul, George y Ringo apenas tenían entre 25 y 28 años de edad, lanzaron el llamado “Álbum blanco”, con un total de 30 temas. Es su único doble y su obra más extensa, con casi el 15 por ciento de sus 206 canciones editadas, que en total se calcula que vendieron entre 300 y 600 millones de discos.

Para muchos, el White Album es su trabajo más logrado, una obra maestra con una explosión de ideas que no respetaban ningún formato, género ni estilo musical. Para otros es una caótica unión de temas que a veces tocan el cielo y en otros casos desconciertan o no llegan a despegar.

A sólo un año y medio de las sobregrabaciones inspiradas y locas de Sgt. Pepper…, los Beatles encararon un sonido más despojado, simple y directo, con una variedad de estilos que incluyó rock and roll, blues, folk, country, rock pesado, experimentación de vanguardia y aires de music-hall.

Hoy, ante un aniversario tan importante como el medio siglo desde su edición (el 22 de noviembre de 1968 en Inglaterra y el 25/11 en los Estados Unidos), la aparición de una tremenda reedición obliga a reevaluar el amor u odio que cada uno siente por este álbum tan crudo como desafiante y turbulento.

Para los historiadores, es una reacción inconsciente ante los vaivenes políticos y sociales del final de la década del 60, con la guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King y el derrumbe del idealismo hippie del Verano del Amor. “Musicalmente –escribieron en el The Sunday Times– hay belleza, horror, sorpresa, caos y orden, porque así es el mundo y así son los Beatles.”

La flamante reedición de este trabajo no sólo incluye la típica remasterización que realza los sonidos con las nuevas posibilidades de la tecnología actual, sino que incluye un verdadero aluvión de material de archivo que va desde los primeros demos hasta inéditos y tomas alternativas que fascinan a los fans más obsesivos. Para imaginar la dimensión, basta con decir que la versión de Spotify trae un total de 107 canciones.

“Cada canción es un mundo propio. No hay música de los Beatles en este disco. Es John y la banda, Paul y la banda, George y la banda. No son los Beatles.”

Según explicó el propio Paul McCartney, “el Álbum blanco es el resultado de mucha tensión”. “Nunca antes habíamos grabado con camas en el estudio, con gente visitándonos por horas y horas, con reuniones de negocios en el medio y mucha fricción entre nosotros.” John Lennon fue más tajante: “Cada canción es un mundo propio. No hay música de los Beatles en este disco. Es John y la banda, Paul y la banda, George y la banda. No son los Beatles”.

Sin embargo, esta nueva reedición derrumba esa noción contada durante cinco décadas, porque aparecen las grabaciones caseras hechas por el grupo en la mansión de Esher de Harrison, antes de ingresar en Abbey Road. Ahí se los siente unidos, inspirados y divirtiéndose, con bromas de entrecasa y hasta una versión psicodélica de “Helter Skelter” que dura casi 13 minutos. Giles Martin, hijo del famoso productor de la banda en los años 60, estuvo a cargo de la supervisión de esta obra.

Muchos mitos

En 1968, después del colorido y psicodélico Sgt. Pepper…, los fans se sorprendieron con la aparición de un vinilo doble con tapa blanca sin texto ni ilustración alguna, salvo el nombre de la banda en relieve. Desde el momento mismo de su lanzamiento, todos lo denominaron “the White Album” o, acá, “el Álbum blanco”.

Irónicamente, durante los meses previos tenía un título: “A Doll’s House” (“Una casa de muñecas”), pero lo descartaron porque justo en esos días salió un disco de la banda Family llamada Music in a Doll’s House. George Martin estaba en contra de la idea de lanzarlo como doble, pero la banda se rehusó a armar una selección con lo mejor de la cosecha. Ringo Starr opinó años después que hubiera sido mejor sacarlo como dos volúmenes separados y bromeó que podrían haberse llamado “The White Album” y “The Whiter Album” (“El álbum blanco” y “El álbum más blanco”). Harrison reflexionó que algunas canciones podrían haber sido destinadas al lado B de un simple, “pero había mucho ego en juego”. Paul fue más directo: “Estuvo bien hacerlo como lo hicimos. ¡Es el maldito Álbum blanco de los Beatles, carajo!”.

El arte de tapa fue hecho por el famoso artista pop Richard Hamilton, y la edición original venía numerada, como si fuera una serigrafía. La copia de Ringo era la 0000001 y se vendió hace tres años por 790 mil dólares en una subasta.

La grabación fue un proceso largo: la mayoría de las canciones se compusieron entre marzo y abril en el retiro espiritual en la India con el Maharishi. Hicieron unas 40 canciones, de las cuales 26 se grabaron en foma rudimentaria en la casa de George. Luego estuvieron en Abbey Road y Trident Studios de mayo a octubre, con la presencia de Yoko Ono, algo que rompió el pacto tácito de no llevar novias ni esposas al estudio. Paul también llevó a su amante Francie Schwartz (su novia estaba de viaje) y tanto George como Ringo llevaron a sus esposas a algunas sesiones. Ahí hubo tensión entre Lennon y McCartney desde el primer día, y el consumo de heroína por parte de John y Yoko tampoco ayudó. En el medio, George Martin se tomó una licencia, el ingeniero de grabación Geoff Emerick renunció, Ringo se fue enojado y George viajó a Los Ángeles para trabajar en un documental sobre su maestro de sitar, Ravi Shankar.

Cinco años antes habían grabado todo su primer disco en un día, pero aquí llegaron a hacer 102 tomas de un tema de Harrison que ni siquiera quedó en el álbum.

Una vez lanzado, fue número uno en Inglaterra y los Estados Unidos. No hubo un simple, aunque en los Estados Unidos salió tres meses antes una versión alternativa de “Revolution” junto a “Hey Jude”, que no integra el disco doble. En algunos países salió un simple con “Ob-la-di, ob-la-da” y “While My Guitar Gently Weeps”. El resto, como se suele decir, es historia.


El box set Super Deluxe Edition incluye siete discos, un libro de 164 páginas con fotografías, pósters y reproducciones de manuscritos del propio Macca. En el store oficial de la banda, se consigue a 530 USD.