Así como el Big Bang fue la piedra fundacional de nuestro mundo, se puede decir que este gigante 2.0 lo reinventó, lo achicó y lo dejó al alcance de todos los mortales. En septiembre, el motor de búsqueda de los cuatro colores cumplió 20 años, y su huella es tan importante que no se podría concebir la vida sin su existencia ni la de sus algoritmos.


Es 1998 y sacamos fotos con rollos de 24 o 36, escuchamos música con un CD y buscamos palabras desconocidas en un diccionario. La llegada masiva de internet modificó el pasado, nuestra relación con la música, el conocimiento, la manera en que consumimos contenidos y el acceso a la información. Desde el momento en que buscamos a alguien en Facebook o Instagram y conocemos su cara antes de tenerlo frente a nuestros ojos podemos considerar que también cambió nuestra forma de relacionarnos. Un breve repaso por cómo y cuánto cambió la tecnología entre 1998 y 2018 nos invitará a recordar, sorprendernos y, por qué no, a sentirnos un poco más viejos.

 

Internet

La madre de todos los cambios. Mientras aquella primitiva navegación por internet era monopolizada por Microsoft y su Internet Explorer, Netscape Corporation (el otro gran navegador) sentaba las bases de lo que más adelante sería la Fundación Mozilla, creadora del Firefox, la herramienta que cambiaría por completo la navegación por páginas web. Pero lo cierto es que para todo eso faltaba un poco, porque todavía reinaba el Windows 98 y la web aún no era eso que conocemos hoy. Una de las formas más acabadas del concepto de internet llegaría con Google, la empresa fundada en Menlo Park (California) por dos universitarios de Stanford, Larry Page y Serguéi Brin. Google redefinió la búsqueda de información, acortó los tiempos de resolución de problemas y hasta instauró terminología propia: buscar algo en Google es “googlear”. Y hay más: el buscador modificó la relación médico-paciente, convirtió a la moderna enciclopedia Encarta en obsoleta y acostumbró a las personas a tener soluciones para varias de sus necesidades digitales diarias: Gmail, Maps, Calendar y Docs nos ayudaron a prescindir del Outlook, de la guía Filcar, de la agenda de papel y del Word.

 

Música

Vale la pena ponerse a pensar en cómo conocíamos música nueva en 1998. La radio y sus listas de rotación pautadas definían qué se escuchaba y qué no y ayudaban a decidir qué íbamos a ir a buscar a la disquería. El CD era el formato estándar (aunque todavía sobrevivían casetes de unos pocos años atrás) y el vinilo experimentaba la decadencia previa a su actual vigencia. Por algo así como 18 pesos podíamos hacernos de un puñado de canciones en formato de disco digital y aventurarnos a prestarlo (o no, según a quién). El mp3 era una tecnología desarrollada por el Instituto Fraunhofer de Alemania, pero nadie le encontraba verdaderas aplicaciones prácticas. En 2000 todo cambió (la vida de los músicos, las discográficas, los usuarios), y la canción que marcó ese cambio fue “I Disappear”, de Metallica. Incluida en la banda sonora de Misión: Imposible 2, fue el primer tema en ser compartido en Napster. Esto derivó en una larga batalla legal de la banda contra los sistemas para compartir archivos de música, como Audio Galaxy, KazaA, Ares y eMule. Al igual que sucedería después con Netflix, el punto medio entre los nuevos hábitos de consumo y el negocio de la música encontró su mejor forma (variedad, calidad y precio) en Spotify, el sistema de streaming aparecido en 2006.

 

Noticias y medios

En 1998, los Chicago Bulls de Michael Jordan salían campeones de la NBA por sexta vez. Como varios de los partidos terminaban de madrugada, el resultado no podía ser publicado al otro día (los diarios ya estaban en imprenta a esa hora), sino al día siguiente. El resultado de un martes se informaba un jueves. Hace 20 años los diarios y revistas eran siempre en papel, simplemente porque no existía otro formato. El crecimiento y la evolución de internet generaron un cambio en los medios de comunicación que involucró formatos, personas, tiempos y costumbres. Pasamos de la web 1.0 (estática, actualizada una vez al día y que replicaba los contenidos del papel) a la 2.0, mucho más social y dinámica, hecha por los usuarios a su propia medida. Su última evolución (hasta el momento) es la actual, en la que las noticias llegan primero a las redes sociales y después a los medios, que están obligados a brindar análisis y mayor profundidad, algo que la inmediatez no siempre permite. Es tiempo también de las fake news, es decir, de la presentación de noticias falsas como si fueran reales, materia prima digital de la desinformación y la posverdad.

 

Películas y series

La historia es más o menos conocida: Netflix empezó como un servicio de alquiler de películas. En 1998 las únicas opciones eran ir al cine o alquilar un VHS al videoclub del barrio (que con suerte era un Blockbuster y tenía varias copias de los estrenos). ¡Y a rebobinar la cinta antes de devolverla! El DVD existía desde 1995, pero no llegaría al país hasta el milenio siguiente. A nivel hogareño no se podía esperar más que la calidad analógica de una cinta reproducida en una videocasetera. Las series, que eran muchas menos y una especie de hermanas menores del cine, se miraban en el televisor. Por cable o por TV de aire, pero siempre en el televisor. La banda ancha, las mejores computadoras y, sobre todo, los sistemas para compartir copias ilegales de películas (¿se acuerdan cuando todos hablaban de Cuevana?) democratizaron el acceso y obligaron a la industria a readaptarse. Encontrar el formato ideal para los consumidores de hoy, que imponen su propio horario para sentarse a mirar y deciden cómo y cuánto ver, encuentra su versión última en los formatos de streaming, terreno en el que Netflix es amo y señor.

 

Relaciones

Hace 20 años las personas se conocían cara a cara o, quizá, por correspondencia. El ICQ existía desde 1996 y ya tenía sus adeptos, pero el dial-up y las tarifas telefónicas hacían que el hecho de llamarse y encontrarse sea mucho más simple y barato. El MSN Messenger (siéntanse viejos) llegó recién en 2004. El ICQ y el mIRC eran opciones, pero para un público de nicho mucho más reducido. En la actualidad todo parece más simple y complicado a la vez: Tinder, Badoo y apps similares simulan facilitar la parte de observar a alguien y ver si nos gusta, pero muchas veces todo queda en stalkear (verbo nuevo) o en hablar, y poco y nada en conocerse y concretar.

 

Celulares y gadgets

¿Cómo era salir de casa, que nadie nos pudiera ubicar y que eso fuera perfectamente normal? Desde la aparición del primer teléfono móvil comercial (el DynaTAC 8000X, creado en 1983 por Motorola), el celular no dejó de evolucionar hasta convertirse en el gadget por excelencia. La Argentina de 1998 era un terreno fértil para los teléfonos móviles, pero recién en gestación: el sistema era analógico y apenas se veía algún StarTAC (lanzado en 1996), un Ericsson 788 o un Nokia 6061. Y sólo se utilizaban para una cosa: hablar. Hoy, en cambio, ya cuesta salir de casa sin el teléfono y no tener al alcance de los dedos cualquiera de sus funciones, desde la cámara de fotos hasta el GPS, pasando por proyectores acoplables y todo un universo de apps que resuelven (y a veces complican) nuestra vida diaria.

 

Moda

En 1998, al borde del nuevo milenio, nadie imaginaba que la tecnología podía tener aplicaciones en la ropa que usábamos o en el calzado que nos poníamos. El jean era jean, una remera podía ser de algodón liso o de piqué y el buen abrigo era (sí o sí) grueso y pesado. Veinte años después, sin embargo, es frecuente hablar de tejidos transpirables, amortiguaciones que protegen las articulaciones, telas con filtro solar o térmicas y hasta prendas fabricadas con desechos plásticos reciclados. Lo último, que ya no es futuro sino presente, son las zapatillas con suelas impresas en 3D, lo que permite una personalización absoluta del calzado.