El lenguaje inclusivo ya es una realidad: en las escuelas, en las marchas, en la tele, en la radio y en la calle, la letra e ganó la pulseada contra la vocal que define el género en una palabra. Este año, FOX estrenó Pose, la primera serie con subtítulos no sexistas y con el mayor elenco LGBTQ del que haya registro. Bienvenides a una nueva era.


Pose está situada en el mundo de 1987 y luce como la yuxtaposición de varios segmentos de la vida y la sociedad en Nueva York: el surgimiento del universo del lujo, la escena social y literaria del downtown y el mundo de la cultura del baile.” Con esas líneas generalistas, el megasitio de cultura audiovisual IMDb resume la trama pero no el sentido completo de una serie con pretensión de romper barreras. Para los responsables del show, se trata de “la serie más inclusiva de la historia”, con subtítulos neutros y el mayor elenco LGBTQ del que haya registro.

Además de alinearse con la corrección política de vanguardia, los textos inclusivos en castellano y portugués son una formidable movida de marketing. La producción de la dupla Ryan Murphy-Brad Falchuk (Glee, American Horror Story, Nip/Tuck) busca reforzar el mensaje de diversidad y aceptación y “dar visibilidad a todas las identidades presentes en conjuntos mixtos de individuos”. Por eso, en la versión para América latina no se habla de “ellas” ni de “ellos” sino de “todes elles”. Hay líneas como “¡Concéntrense, chiques!” y “¿Cómo alguien tan talentoso como tú termina bailando con un montón de drogadictes?”.

El drama musical se estrenó en octubre en FOX Premium. Son ocho episodios de una hora que van desde la subcultura de los ballrooms (diferentes casas que se desafían y son juzgadas por variables como vestuario y actitud) hasta las nuevas manifestaciones sexuales y culturales, pasando por la irrupción materialista de la era Trump. En paralelo se despliega el corazón de la trama: la búsqueda de aceptación personal, familiar y social del colectivo LGBTQ y su lucha contra la discriminación. Hay una pareja glamorosa de Nueva Jersey, un ejecutivo de la Trump Tower, una familia ensamblada de jóvenes rechazades por su sexualidad, una prostituta trans portorriqueña y un aspirante a bailarín profesional.

Con temas álgidos, como la afirmación de la identidad y la reasignación de sexo, Pose tiene “el reparto LGBTQ más grande en una serie”, que después de un casting de seis meses se armó con MJ Rodriguez, Dominique Jackson, Indya Moore y Hailie Sahar, junto a los debutantes cisgénero (su identidad de género coincide con el sexo de su etapa de gestación) Ryan Jamaal Swain, Dyllón Burnside y Angel Bismark Curiel. Entre las estrellas consolidadas, precisó el comunicado de la cadena, están les reconocides Evan Peters (American Horror Story), Kate Mara (Fantastic Four) y James Van Der Beek (Dawson’s Creek).

El programa hace énfasis en “las luchas de la comunidad transexual, atacada, explotada, subestimada y olvidada constantemente”. El foco está en los ballrooms como espacios de contención inicial y expansión deseada. Con una paleta colorida, saturada y desafiante, se recrean aquellas competiciones sensibles y feroces donde se jugaba el orgullo en sus distintas variantes. “Son reuniones de personas que no son bienvenides a reunirse en ningún otro lugar”, explica una de las protagonistas a un recién llegado. Hay un poco de Flashdance, un poco de black power, un poco de American Psycho, un poco de melodrama y un poco de superación personal.

La emergencia de Pose es un síntoma de época. El lenguaje inclusivo niega la generalidad que hasta hoy supone el plural masculino y se inclina por un “todes” que incluye a hombres, mujeres y personas de género no binario. No es algo que cause mucha gracia en las huestes de la Real Academia, que el 18 de enero de este año aclaró en su cuenta de Twitter: “Al decir ‘todos’ no quedan excluidas de la referencia las mujeres. Si se tiene en cuenta esto, se ve que son innecesarias, y artificiosas, las propuestas de uso de signos como la ‘@’, la ‘x’ o la ‘e’ como fórmulas para un uso inclusivo del lenguaje”.

A pesar de las críticas, estos modos empiezan a integrase en distintos ámbitos de la vida cotidiana. En reuniones militantes, organismos sociales o colegios urbanos es común escuchar el “chiques” entre les adolescentes. A mitad de año se viralizó el video de la vicepresidenta del centro de estudiantes del Carlos Pellegrini hablando así, fluida y vivaz, ante las cámaras de TN: “algunes”, “diputades”, “les padres”, “les estudiantes”. Por ahora, dice Santiago Kalinowski (director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras), sólo se trata de un fenómeno retórico, un uso de la lengua para crear un efecto en quien la escucha.

De esos efectos sabe Fito Páez. “Hasta mañana, muchachos, hasta mañana muchachas, hasta mañana, muchaches”, se despidió el 11 de agosto, mientras cantaba “A rodar mi vida” en el boliche Museum, de San Telmo. Nada polémico, el rosarino se mostró “a favor de todo lo que está bueno y haga bien a mucha gente que vaya para adelante”. Antes había mostrado su apoyo a la legalización del aborto, cuando, iluminado por haces verdes, arengó: “Si no es hoy, es mañana”.

La escritora Ana Ojeda (Buenos Aires, 1979) quiere ayudar a esa construcción. En su novela Pues quitó las vocales de género o usó la “x” para referirse a grupos mixtos. “Algo conservadores, mis personajes mantuvieron, sin embargo, su adscripción genérica binaria (hombres-mujeres), de forma que la alteración escritural sólo se manifiesta en los plurales mixtos (‘Están cansadxs’)”, precisó en el blog de la editorial y librería Eterna Cadencia. “Cabe esperar, en un futuro cercano, ficciones más radicales, en las que los personajes no estipulen su género, se evadan de las etiquetas binarias y sean, simplemente, en perpetua mutación y cambio.”