Lleva tres décadas al frente de Desde Asia, bazar oriental de muebles y decoración en pleno Palermo. Infinitos viajes y horas de dedicación la convirtieron en una experta en artesanías milenarias que acerca a este rincón del mundo con una pasión que atraviesa los mares.


Cada vez que Cecilia James Millet aterriza en una ciudad de Oriente, pasa unos días allí y luego emprende el camino hacia los pequeños pueblos: es en el medio del campo, en las aldeas, en donde encuentra los trabajos más artesanales, atractivos, originales. “La búsqueda, el desafío por descubrir sigue siendo el mismo”, cuenta la creadora de Desde Asia, proyecto que cuenta 30 años desde el viaje que lo puso en marcha. Estamos sentadas en uno de los livings del local, en una banqueta tallada en la Isla de Java y una butaca de hierro y cuero de búfalo con almohadones de sedas coloridas, todo llegado desde India; alrededor hay un armario laqueado rojo y una mesa baja, ambos de madera de olmo de China. Desde el techo, las aspas de un ventilador traen una amable brisa: tienen forma de hoja y fueron hechas con ratán en Indonesia. Esta tienda de Palermo está repleta de muebles y objetos únicos, elegidos por Cecilia en sus viajes por Oriente para animar un ambiente con un detalle de historia.

–Cuando empezaste con el emprendimiento, Asia y su cultura eran mucho más desconocidos que ahora. ¿Cómo fue ese inicio?

–En aquel momento era muy raro viajar por Oriente. No había Internet, solo existía el fax. Hoy llega mucha gente al local encantada con lo que conoció en Oriente, ¡pero no se lo pueden traer en la valija! Mi objetivo se mantiene: elijo cosas con historia, bien hechas, que sean de calidad y tengan belleza. Cada vez quedan menos cosas antiguas, se agotan, pero hay nuevos trabajos que sorprenden.

–¿Qué es lo que más disfrutás de esa búsqueda?

–La búsqueda no pasa sólo por el producto, es conocimiento. Me sigue fascinando. Te abre la cabeza, te conecta con otras realidades, costumbres, construye vínculos. La mayoría de las veces me relaciono con proveedores que no hablan una palabra de español o inglés, y yo no hablo su idioma. Tenés que captarle la onda, recurrir a la mímica, los gestos. Si no hay empatía, no hay opción. Luego de elegir los productos, llega el momento de encargar pedidos, gestionar permisos y esperar a que lleguen al otro lado del mundo.

Algunos con cientos de años, otros con nuevas técnicas llevadas a cabo por un paciente y dedicado trabajo manual. Cecilia busca con una mezcla de interés propio y actitud de curadora para otros. “Me guío por lo que me gusta a mí, lo que tendría en mi casa o le regalaría a alguien querido. Con los años mirás con otros ojos, pero no compro algo porque es barato o va a venderse rápido. Eso marca un estilo”, asegura. En el caso de los muebles antiguos, ella confía en el oficio de quienes lo venden para que queden a punto luego de la restauración. En algunos casos, la materia prima llega desde allí y luego encuentran una nueva vida en el taller del local: tallas que se transforman en respaldos o percheros, jarrones que se convierten en lámparas. “No me quise encasillar en determinado mueble o región. Recreo acá el espíritu de bazar, que puedas entrar y viajar por diferentes técnicas, materiales, costumbres”, asegura.

–Son objetos con personalidad, historia, una presencia fuerte. ¿Cómo se pueden sumar a un espacio ambientado con otro estilo?

–Aún si tu ambiente combina blanco con madera, o es un muy moderno, podés incorporar algo diferente: una lámpara genera climas, un textil le da vida a un sillón neutro, un taburete de metal tiene su perfil moderno. Podés jugarte con un armario grande o empezar con un detalle pequeño. En el living de casa tengo una mesa antigua de telar preciosa, hecha en teca, que encontré hace años en una isla. A veces cambio almohadones, fanales, lámparas, pero de esa mesa no me voy a desprender jamás. Hemos pasado todo tipo de tendencias de decoración, pero algo así, con personalidad, va bien en una casa étnica, rural, de playa o en un departamento moderno.