Los barrios bajos de Río Cuarto lo vieron agitar las piernas finitas al ritmo del cuarteto. Nunca actuó ni muchos menos cantó. Sin embargo, su parecido con el ídolo cordobés y su gran talento escondido lo llevaron a protagonizar la película de su máximo referente, El Potro. Lo mejor del amor.


Rodrigo Romero posa contra el vidrio que da a Corrientes, y una chica con un pañuelo verde en la mochila se frena de golpe y se tapa la boca con asombro. En el bar San Bernardo de Villa Crespo, el Potro está vivo y baila entre periodistas y flashes. Padre de tres hijos, busca de la vida que no terminó la secundaria, peleas callejeras y corredores baleados, a los 29 años da entrevistas. Abandona la invisibilidad y mira fijo desde los carteles. En los sets de grabación canta, ensaya y llena el Luna Park. A veces también compone versitos, lo que siente, lo que le pasa entre su vida anterior y la que se aproxima, cuando salte a la popularidad definitiva, su nombre se vuelva un mantra y los fanáticos se persignen. De Río Cuarto a la fama llegó gracias a la inyección anímica de sus cuartetos, el derroche de tensión sexual y las piñas de boxeador. Rodrigo Romero es Rodrigo Bueno en El Potro. Lo mejor del amor, la película de Lorena Muñoz (realizadora también de Gilda. No me arrepiento de este amor), que tiene fecha de estreno el 2 de octubre en todos los cines del país.

–Hasta esta película no eras ni actor ni cantante, ¿y ahora?

–Siempre niego que soy actor. Algunos amigos me dicen: “Pero, chabón, decí que sos actor”, y les digo que lo voy a decir después de que se estrene la peli.

–Necesitabas curtirte primero para convencerte.

–Seguramente. Aparte quiero ver qué fue lo que hicimos, cómo salió. Después de octubre te digo si soy actor o no.

–¿Y qué aprendiste?

–Descubrí un universo nuevo, desde actuar hasta expresarme distinto, un montón de cosas.

–¿Cuánto tiempo te llevó encontrarte como Rodrigo y reconocerte en el personaje?

–Me pasa que estoy muy ligado a él. Es el único ídolo que tuve desde chico, tuve la posibilidad de conocerlo y lo consumo diariamente; no fue difícil encontrarme con el chabón. En el guión también había mucho de este Rodrigo y me resultaba más simple la cuestión.

–No tenías que hacer ningún esfuerzo para sentirte como él.

–Tal cual.

–¿Y a la hora de cantar?

–No me imagino cantando otra cosa que no sea cuarteto; canto todo el día cuarteto. Al ser mi ídolo conozco sus gestos, sus morisquetas, su forma de caminar. Todo lo que hacía arriba del escenario es parte de mí, me resulta muy simple hacerlo.

–¿Había un recelo en Córdoba con el porteño que escuchaba Rodrigo y se creía cuartetero?

–En esa época era muy pibe, mucha noción no tenía. Rodrigo renegó bastante de eso, hubiese querido triunfar en Córdoba. Le tocó acá. El boom de 2000 explotó a nivel nacional y también explotó en Córdoba. Nos dimos cuenta de que era nuestro. Por ahí no se lo valoró en su momento. El cordobés es muy “monero” (por la Mona Jiménez), muy fiel, pero desde el boom de Rodrigo hasta el día de hoy los cordobeses nos dimos cuenta de lo que teníamos en Córdoba: un fenómeno nunca antes visto.

–¿Qué tuvo para que se produzca ese fenómeno?

–Todo. Era un artista muy completo. Además de ser autor, cantaba, componía, era músico, tocaba cualquier cantidad de instrumentos, era todo un showman, tenía presencia escénica, era un chabón lindo, agradable, les gustaba a las minas y a los tipos también. Tenía todo lo que tenía que tener un ídolo popular.

–En la película lográs esa tensión sexual que tenía Rodrigo, ¿te salió naturalmente?

–Era lo que buscaban en el casting. Si era parecido y cordobés, mejor, pero necesitaban a alguien que pudiera transmitir esa sexualidad hasta por los poros. Creo que lo descubrieron las chicas que me fueron entrenando y que me conocieron a través del casting. Se dieron cuenta de que yo tenía mucho de eso también, como algo natural mío. Desde muy chico que juego a ser él en la intimidad. De hecho soy un fanático pero no del que publica cosas. Al adoptarlo como ídolo adopté todo, fue mi modelo a seguir, por eso mi personalidad puede ser algo parecida a la de él.

–¿Cómo fue el casting?

–En las redes, yo tengo páginas de Rodrigo, pero no comparto. Miro, pongo “Me gusta”, una frase de una canción de él o ese tipo de cosas. Estaba una noche en casa y veo un cartelito: “Estamos buscando un actor para hacer de Rodrigo. Si sos parecido, mandanos tu foto”. Lo hice hinchando los huevos, jodiendo, sin esperar nada. Mandé un par de fotos para ver qué opinaban y porque me veo un toque parecido. A la noche me contestan y como mi teléfono andaba para el orto le digo a la piba que estaba encargada del casting que habláramos por WhatsApp. No sabían de dónde era, nada, sólo habían visto una foto en su compu. Me piden un video hablando y, para su sorpresa, también era cordobés. Empezamos así y ella me iba pidiendo cosas.

“Esto ni siquiera es un sueño, no sé bien lo que es. Yo laburé de cualquier cosa, lo último que estaba haciendo era trabajar en la construcción. Hice de todo.”

–Floreció algo actoral en vos.

–Tal cual, me largué a jugar. Me dicen “cualquier cosa te vamos a avisar” y me frenaron un tiempo. Me llamaron de nuevo para otro casting en Río Cuarto, que fue la prueba de fuego. Canté y bailé con cámaras filmándome, hablé de mí. Cuando me quise acordar estaba metido en un baño haciendo una escena que no está en la peli: Rodrigo enfrente del espejo a punto de salir al Luna Park. De repente, se pone loco porque no aparece una toalla. Termino llorando tirado en el piso. Estuve dos o tres días eufórico, me sentía raro, había descubierto algo y había captado una orden de la coach que metió esa emoción adentro de mí. Al tiempo me vuelven a llamar para que fuera a Buenos Aires a otra etapa del casting. Me vengo para acá y quedábamos dos. Me dijeron: “Está bueno que hayas llegado hasta esta instancia entre 500”. Me prepararon dos o tres días, me dieron un guión provisorio y un sábado fuimos a un teatro con dos actores reales. Me agregan una escena que no tenía ensayada para que la improvisara. Cuando terminé esa escena, las coaches estaban llorando. Si me fui de Córdoba como te conté, imaginate cómo me fui de acá: puesto. Llegué a Córdoba y sabía que iba a quedar. Lo dejé todo jugando. Como fanático, hace años que espero la peli de Ro. Esto no es ni siquiera un sueño. Yo trabajo de lo que sea, lo último que estaba haciendo era trabajar en la construcción. Hice de todo. En diciembre me avisaron que había quedado.

–Uno de los puntos fuertes de El Potro es el casting. ¿Qué te pareció?

–Muy bien pensado y muy bien logrado. Flor [Peña] para Betty… no había otra. Con Fernán [Mirás], que interpreta a José Luis Gozalo, su manager, generamos un vínculo paternal fuera de escena que estuvo bueno. Marixa no podía ser otra que Jime [Barón], que es una bomba. Hoy por hoy es la bomba del momento y del país. Pegué onda con todos y descubrí una actriz que la rompe y me acompaña en toda la peli. Daniel Aráoz es un personaje muy interesante porque del padre hay muy poco registro. La gente va a ver un Pichín de ficción muy interesante.

“Quiero laburar de esto. Este personaje está muy ligado a mí, así que para hacer otro tipo de personajes necesitaría preparación y estudiar. Me gustaría cantar y hacer mi música, no quiero ser el doble de Rodrigo.”

–¿Nace una etapa de cambio en tu vida a nivel artístico?

–Esto me cambió la vida desde el momento en el que me dijeron: “Quedaste, chabón”. Obviamente, me quiero quedar acá, quiero descubrir los dos universos paralelos, el de actuar y el de cantar. Quiero laburar de esto. Este personaje está muy ligado a mí, así que para hacer otro tipo de personajes necesitaría preparación y estudiar. Me gustaría cantar y hacer mi música, no quiero ser el doble de Rodrigo.