De los “Narda Tips” que revolucionaron Twitter a su vuelta a la tele, y de Comedor, su restaurante, a la tribuna acalorada en favor de la ley del aborto. La cocinera más conocida e influyente de la Argentina no deja tema sin tocar. Y es bien picante.


A medida que los iba soltando, los tuits subían la temperatura de sus seguidores. Los fans estaban contentos; los detractores, ensañados: nada como una twitter star que se siente segura de sí misma y lanza (sus) verdades a repetición para que la alcancen –en dosis simétricas o no– el amor y el espanto. Los “Narda Tips”, por caso, fueron como “las 100 máximas gastronómicas de Narda Lepes”, la cocinera más conocida e influyente de la Argentina, y no dejaron indiferente a nadie. Ahora que bajó la espuma, lo recuerda y se divierte aún más que cuando estuvo metida en el asunto: “Son cosas que están buenas, son útiles y te sirven. Primero iban a ser diez y después me colgué. Pero si me seguís sabrás que siempre pongo tips de cocina”, dice mientras el sol de las seis de la tarde se mete por los enormes ventanales de Narda Comedor, el restaurante que abrió hace poco menos de un año en el Bajo Belgrano. Luego de esa escaramuza que fue tan efímera como puede –y debe– serlo cualquier disputa jugada en redes sociales, llegó la batalla verdadera: fogonear la aprobación por parte del Senado de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Y Narda la peleó con cuerpo y alma.

–Te metiste con todo. ¿Te decepcionó el resultado?
–No pudo ser esta vez, pero si creen que esto va a aflojar… Nadie se va a olvidar de los millones de mujeres que salieron a la calle. Y será así hasta que salga la ley. Yo en política no me meto, pero esto fue personal. Cuando yo era chica me tocó el sida, la segunda revolución femenina, imágenes que me quedaron. Ahora veo que estamos en el mismo puto lugar y yo ya tengo 46 años. Si mueren 350 mil mujeres por año y gente ignorante te dice: “Se ve que no tenés ni idea, si fuese ese el número no habría población”, pensás: “Qué cerebro de mosca tenés que tener para no darte cuenta de que los números son esos”. ¡Lo dice el ministro de Salud y lo dicen los legisladores que votan en contra! Y creeme que es el mejor escenario, porque no hay estadísticas de verdad. Nadie tiene argumentos que no empiecen con “yo creo”. Esto es el pasado y nosotros tenemos que avanzar.

“Apenas aparecieron Facebook o Twitter estuve ahí. Entiendo su funcionamiento. Las manejo por separado porque para mí tienen reglas de comunicación distintas.”

–En ambos casos, tan distintos entre sí, mostraste un buen manejo de las redes sociales.

–Es que soy early adopter de todo. Apenas aparecieron Facebook y Twitter, estuve ahí. Entiendo su funcionamiento. Las manejo por separado porque para mí tienen reglas de comunicación distintas. Facebook es más institucional, para cosas más largas. Instagram es para las fotos, sin nada de texto, o para stories. En Twitter terminé editando mi timeline como una revista de asuntos internacionales o nacionales. Y de política sólo sigo a gente que opina de forma divertida o inteligente. Sigo a muchos más en Instagram que en Twitter. El triple, te diría.

–Hablando de Instagram, en el tema gastronomía allí parecen convivir sin conflictos el mundo profesional con el amateur, ¿te parece bien?

–Sí, claro. Yo, por ejemplo, sigo a mucha gente de otro hemisferio, que está a contraestación. Y veo productos que me llaman la atención. He recorrido muchos mercados y te puedo asegurar que hay pocas frutas o vegetales que no haya probado. Bueno, Instagram me sirve para rastrearlos, y no paro hasta conseguir las semillas, plantarlos y tenerlos.

–En ese sentido, también fuiste pionera en la valoración del producto de estación.

–Te resisto un archivo (se ríe). Hemos trabajado mucho en eso con la Asociación de Cocineros y Empresarios Ligados a la Gastronomía (Acelga) y lo seguimos haciendo, apoyando las distintas iniciativas allí donde la gente no lo ve. Por ahí el público no sabe que ese producto que está ahora en el supermercado o en la feria municipal llegó ahí porque laburamos para eso.

Feria Masticar, mediodía del sábado. Narda camina y no puede dar diez pasos seguidos. Le piden fotos, la saludan, le charlan. Ella maneja la popularidad a velocidad crucero y todos obtienen lo que quieren: la selfie, la sonrisa, el consejo al paso. La gente la ama. La masividad que otorga la televisión es incomparable.

–Ahora volviste a la tele pero en otra función, tras bambalinas. ¿No extrañás estar delante de la cámara?

–Es que no puedo hacer un programa diario porque tengo otras obligaciones. Así que estoy en El gran premio de la cocina (El Trece) pero como productora gastronómica. El tema es que mí me gusta cocinar: en MasterChef muchas veces me hubiese metido a darles una mano a los participantes (risas).

–¿Qué te parece que cambió desde que empezaste en El Gourmet hasta ahora?

–En El Gourmet querían que habláramos lo más neutro posible. Y yo dije “De ninguna manera, hablo en plural”. Por eso el tono siempre fue informal y cercano. Pero en realidad lo que yo quería era cambiar la manera de comer del espectador. Íbamos a algunos lugares y en el canal nos querían matar: barrios pobres, etcétera. Hacíamos lo que queríamos. Fue un éxito, pero a veces es agotador convencer al otro de algo, incluso haciéndole creer que se le ocurrió a él. Y si encima sos mujer y estás en zapatillas y jeans…

–Regresaste al restaurante propio después de mucho tiempo. ¿Qué te decidió a hacerlo?

–Todo el mundo me decía: “Estás loca, ¿qué hacés?”. Primero quería poner el trabajo donde estaban mis dichos. Por otro lado, tenía que ser un lugar grande y no superexclusivo. Pero usamos productos que a veces cuestan mucho y proteínas que vienen de un animal que sabemos dónde vivió, qué comió, quién lo mató y cómo llegó aquí. Yo de acá te como todo, y lo que no como no lo ponemos. También cada plato tiene que tener 50 por ciento de vegetales de algún tipo o introducir algo nuevo dentro de tu universo. Nuestro kimchi, por ejemplo, es picante como debe ser, y hasta los coreanos vienen a comerlo. De todos modos yo sé que al ser conocida tengo un comodín para tomarme ciertas libertades.

“En los platos siempre se involucra lo emocional. Hace poco un amigo me decía que las pelis de Star Wars son como la pizza del lugar que te gustaba cuando eras chico. No será lo mejor, pero te da el placer que no te da ninguna otra cosa.”

–¿Cuánto hay de emocional en el armado de una carta como la de Comedor?

–En los platos siempre se involucra lo emocional. Hace poco, un amigo me decía que las pelis de Star Wars son como la pizza del lugar que te gustaba cuando eras chico. No será lo mejor, pero te da el placer que no te da ninguna otra cosa. Comiéndola te sentís más vos. Por eso cuando te cambian una fórmula decís: “¿Qué me hicieron?”.

–¿El asado vendría a ser el gran catalizador de la llamada “cocina argentina”?

–No es sólo el asado, es la carne. Y el ritual. Y el vínculo que genera. Pero hay algo con la carne argentina. No hay muchos lugares del mundo donde puedas faenar una vaca y en diez horas comértela. Y no me gusta que eso se pierda. Para mí, asado banderita, del centro, dorado por fuera y jugoso por dentro. Ahí está todo.