Los medios y las redes sociales se hicieron eco de su personaje trans en 100 días para enamorarse, un papel que marcó en su carrera un antes y un después y que creó –ya fuera de la ficción– un compromiso tan fuerte como su futuro.


Maite se transformó en Juan, el personaje trans que representa en 100 días para enamorarse, la tira creada por Underground que arde en el prime time de la televisión argentina, y expone diferentes temáticas y problemáticas relacionadas con la diversidad de género. Pero además de poner cuerpo, mente y alma para contar de la forma más verosímil y sensata este proceso de transición, desde que descubrió su pasión por actuar no paró de transformarse para construir personajes fuertes, como el de la chica con autismo que encarnó en El elegido, a los once años; la joven secuestrada de El marginal, o su reciente debut teatral en Jazmín de invierno. Es lunes al mediodía, y tiene una energía imparable, contagiosa. Acaba de terminar de dar una nota en Morfi, todos a la mesa, y mientras almuerza un sándwich en el camarín, acompañada de su mamá, sonríe y charla apasionadamente sobre el intenso y enriquecedor momento que vive con total frescura.

–¿Cómo fue el planteo que te hicieron para el personaje de Juan?

–Primero me dijeron que era un personaje de un chico trans desde el principio; pero finalmente no fue así, fuimos contando y mostrando la transformación del personaje.

–¿Y eso te resultaba más interesante a vos?

–Sí, porque vivís el proceso de cómo es autopercibirse de esa forma. Hablamos mucho con gente de la Asociación de Familias Diversas de Argentina (AFDA). Cuando pregunté en qué momento empezaban a sentirlo, mostrarlo o a hablarlo, en general me decían que les pasaba en la adolescencia. Y me parecía re interesante mostrar ese cambio. Además, en un punto, quisieron ir introduciendo el tema de a poco en la ficción, estaba el planteo de cómo lo iba a tomar la sociedad. Yo sentí enseguida mucha responsabilidad al contar algo que realmente no me está pasando a mí, de hacerlo con seriedad; quise hablar con chicos trans para que me contaran un poco cómo lo viven. Se dio con Lautaro Giménez y también con Lautaro Villanueva, que contó su historia y se hizo muy viral en las redes sociales.

–¿Qué aprendiste de ese encuentro?

–Me ayudó mucho para cuando hice la escena en la que le iba a contar a mi mamá. Porque hablando con ellos me di cuenta de que tenían mucha culpa cuando les contaron a sus papás. Sobre todo, Lautaro Giménez: cuando les contó tenía miedo de que ellos se sintieran culpables por lo que le estaba pasando, como si fuese un error. Eso me llamó la atención y lo usé en la escena, el decirle a mi mamá: “No es tu culpa, es algo que a mí me pasa”.

–¿Qué escena fue la que más te marcó o te costó hacer?

–Por ahí me costaron bastante (no tanto por lo que sentí, sino por la técnica que se utilizó) las escenas en las que me tenía que mirar al espejo, porque no las hago mirando al espejo, sino que estoy mirando a la cámara. Hubiese sido más fácil si me miro y realmente pienso “tengo cara de mujer, tengo cuerpo de mujer”. Me pasó lo mismo cuando me tuve que cortar el pelo.

“Yo creo que la forma en que uno se autopercibe es algo individual y es independiente de los demás, entonces ¿qué es lo que te tendría que molestar a vos de que otra persona haga lo que quiera con su sexualidad y su género?”

–¿Qué le dirías a alguien a quien por ahí todavía le cueste ver, aceptar o entender a un chico trans?

–Yo creo que la forma en que uno se autopercibe es algo individual y es independiente de los demás, entonces ¿qué es lo que te tendría que molestar a vos de que otra persona haga lo que quiera con su sexualidad y su género? Acá, justamente, se muestra todo ese tránsito, y creo que se aprendió mucho justamente por eso, porque se mostró, por ejemplo, lo que sufrió en su momento cuando todos lo llamaban como una mujer. No tendría por qué afectar a los demás si yo me llamo Carlos o no, no se puede juzgar, es un descubrimiento individual.

“Un chico me escribió porque estaba atravesando un momento similar y se lo quería contar a su mamá. Ahora se va a animar a escribirle una carta y quiso mostrármela a ver qué me parecía; viven los dos juntos pero no puede decírselo a la cara.”

–El apoyo más fuerte llegó desde las redes, ¿hubo alguna historia en particular que te haya conmovido?

–Sí, un chico me escribió porque quería contarle a su mamá. Estaba viendo la novela y estaba pasando por lo mismo. Ahora se va a animar a escribirle una carta y quiso mostrármela a ver qué me parecía; viven los dos juntos pero no puede decírselo a la cara.

–Y en tu círculo íntimo, ¿qué se generó a partir del personaje?

–Mi mamá está aprendiendo un montón con el personaje; mi abuelo no tanto, pero sí está entendiendo, aunque no le gusta nada que ande “besando mujeres”. Mi papá se pone orgulloso, le gusta.

–¿Cómo construiste la relación con la chica con la que estás en la ficción?

–No sabíamos que íbamos a tener una historia, y de repente, cuando vimos el guión en el que se describía que nos teníamos que besar, fue como: “¡Ah bueno!”. Es que no sabíamos que iba a ir tan a fondo, no sabíamos si Telefe querría. Pensábamos que todo era más conservador, y no, se la están jugando.