Las voces planetarias fueron escuchadas y Freddie Mercury va a tener su película en octubre. Bajo la producción de los mismísimos Brian May y Roger Taylor, el filme reflejará la excéntrica vida del cantante y su legado en una de las bandas de rock más influyentes del mundo.


Mientras la espera se ameniza con el tráiler que 20th Century Fox oficializó hace unos meses, es imposible no recordar el segmento operístico de aquella canción lanzada en 1975 que hoy le da título a esta biopic que se estrenará en octubre en el Reino Unido y llegará a la Argentina en diciembre. Incluida en su álbum At Night at the Opera, con un solo de guitarra de sello propio (considerado uno de los mejores de la música contemporánea), la voz grabada en tres tonalidades diferentes y toda la música que la estructura, “Bohemian Rhapsody” fue una revolución sonora para la época. La memoria del rock mundial tiene en su disco duro una pieza que pululó el paradigma de varias décadas.

“Oh, mamma mia, mamma mia/ Mamma mia, let me go/ Beelzebub, has a devil put aside for me/ For me/ For me.” Tal vez es lo que se haya impreso en el inconsciente colectivo de los escuchas. No solo por su coloratura para los oídos sino también porque es la antesala de una escena de película que podría mencionarse como el abecé de la filmografía rockera de aquellas generaciones que optaron por dejarse crecer el pelo y reírse de todo: “Bohemian Rhapsody” se convirtió en parte de la banda sonora de Wayne’s World (1992) –también conocida como El mundo según Wayne– y alcanzó el segundo puesto de la lista de singles 17 años después de su lanzamiento.

La biopic de Freddie Mercury, como todo “tanque” de Hollywood, no tuvo un camino fácil. Las idas y venidas de esta esperada producción se iniciaron con el alejamiento de Sacha Baron Cohen (elegido para encarnar al renombrado cantante) por diferencias creativas con May, y después se trasladaron a su director, Bryan Singer (X-Men, Superman Returns), en pleno rodaje, cuando se decidió su desvinculación porque se habría ausentado varios días por problemas familiares. “A menos de tres semanas de terminar el rodaje, le pedí a Fox algo de tiempo libre para volver a los Estados Unidos y ocuparme de los acuciantes problemas de salud de uno de mis padres. Esto resultó una experiencia agotadora, que al final acabó haciendo mella en mi propia salud. Por desgracia, el estudio se negó a hacerme un hueco y me despidió. No fue mi decisión y es algo que ha escapado a mi control”, declaró el cineasta estadounidense en un comunicado, en el cual responsabiliza a Fox por su despido.

Con las cartas sobre la mesa, el show debía continuar, y las riendas de la dirección quedaron en manos de Dexter Fletcher (recordado por haber interpretado a Soap en la película Lock, Stock and Two Smoking Barrels). Por el lado de la interpretación de Mercury, deporte extremo si lo hay, el papel principal finalmente quedó a cargo del protagonista de Mr. Robot, Rami Malek. El actor estadounidense se sometió a un duro entrenamiento que no sólo tuvo que ver con la parte física: también se vio en el trabajo de aprender a hablar con unos dientes postizos gigantes y a desarrollar un entrenamiento vocal para poder alcanzar el desempeño esperado. “Fue un desafío sólo correlacionar quién era esta persona. Alguien que creció en Zanzíbar y fue enviado a la escuela en Bombay, y al regresar a Zanzíbar huyó de una revolución con su familia y se fue a Londres. Ese tipo de infancia es emblemático de alguien que está muriendo de hambre por su identidad”, sintetizó Malek a distintos medios, dando a entender algunos pasajes vitales de esta experiencia en su carrera actoral.

La grilla de actores que acompañan a Malek en el filme se completa con Gwilym Lee, como Brian May; Ben Hardy, como Roger Taylor, y Joseph Mazzello, como John Deacon. Siguiendo los rastros que deja el tráiler, la película va en busca de contar el ascenso de Queen en los 70, hace eje en la celebrada presentación en el Live Aid de 1985 (recreado en Buckinghamshire, ubicado al noroeste de Londres) y se completa con la muerte de Mercury, seis años después, aunque no esté expresamente contada. El adelanto también se sitúa en el detrás de escena de la grabación de algunos éxitos y, entre otras cosas, explora detalles que suman para la cartera del fanático. Por ejemplo, se ve la frustración de Taylor mientras grababa sus “Galileo” en la parte operística de “Bohemian…”. “Roger, sólo hay lugar para un Queen histérico”, dice Mercury en tono jocoso. Y posteriormente se ve a un May que explica el deseo de “darle a la audiencia una canción que puedan interpretar”, mientras hace las palmas del ritmo de “We Will Rock You”.

Si bien todo lo que implica una representación de la banda británica es de un riesgo muy alto –sobre todo si se habla de Mercury–, la estética que recubre esta cinta cumple con los detalles más difíciles de contar. La representación del cantante no es forzada y parece alistarse para obtener muchos premios. Habrá que esperar al estreno, pero como ya declaró May: “Freddie estaría muy contento con este trabajo”. La obra que terminó concretando Fletcher deja entrever la personalidad “inclasificable” de una de las voces más díscolas del rock. Todo lo políticamente incorrecto estuvo signado en ese nombre y apellido que se recuerda como Freddie Mercury. Desde la elección del nombre del grupo hasta vestirse de mujer a mediados de los 80 para el video del tema “I Want to Break Free”, que fue interpretado como una declaración abierta a favor del travestismo y la bisexualidad, sus decisiones terminaron por marcar una estética disruptiva.