Luego de sufrir un grave accidente, se propuso darle un cambio a su vida y apostar por su pasión: viajar. Hoy lleva adelante Chicas en New York, la comunidad que reúne a más de 350 mil seguidores en redes y se especializa en revelar los secretos mejor guardados de la ciudad que nunca duerme.


En su antebrazo izquierdo lleva tatuado un lema con el que se identifica: “Nada es imposible”. Andy Clar no les teme a las frases hechas cuando de verdad representan lo que siente y busca. Emprendedora empedernida, en paralelo a sus trabajos “oficiales” tenía algún proyecto que hacía por gusto o porque se vinculaba con sus intereses. Después de muchas ideas e intentos, llegó el primero al que se dedicó a tiempo completo: una agencia de publicidad junto a su actual marido. Pero tenía otro proyecto latente por ahí.

A los 23, Clar sufrió un accidente: un colectivo la atropelló y quedó inmóvil, internada, con el pronóstico de que no volvería a caminar. Frente al desconsuelo de su madre, ella dijo algo que hoy cobra otro sentido: “Yo voy a caminar por muchas ciudades del mundo”. Se recuperó, retomó su ritmo de vida habitual y, años después, Andy viajaba bastante por trabajo, muchas veces a Nueva York. Empezó a conocer el lado B de esa ciudad que le encantaba y, para sus amigos, se convirtió en la persona a la que acudir en busca de tips e imperdibles para conocer fuera del circuito turístico típico. De pronto, el círculo se abrió: empezaron a llamarla amigos de amigos, gente que no conocía pero que le pedía recomendaciones. El documento de Word que solía enviar por e-mail se convirtió en un blogspot, en la era pre redes sociales. Dos meses después, las estadísticas de la página la sorprendieron: había tenido 30 mil lectores. “Lo acomodé un poquito, lo puse lindo. No decía que era yo, hablaba como si fuéramos muchas. Lo tomé más en serio, abrí un perfil en Facebook, en donde seguía creciendo. Pensé: ‘Con que me dé para hacer un viaje a Nueva York por año, estoy’”, cuenta.

Así fue el inicio de Chicas en New York, el proyecto que empezó como guía y se convirtió en muchas cosas más: una comunidad que reúne a 366 mil seguidores en Facebook y 180 mil en Instagram, una propuesta de viajes personalizados, un libro best seller, un programa de TV –Chicas de viaje– que emite Telefe los domingos cerca de la medianoche, una tarjeta de crédito y más. “Si unos años atrás me hubieses dicho que iba a viajar por el mundo y que haría todo esto, no lo hubiera creído. Pero sentí, realmente, que era algo posible”, asegura.

–¿Cómo fue el paso de Chicas en New York como hobby a ser un proyecto profesional en sí mismo?

–Los primeros años, cuando empezamos a diseñar las experiencias de viaje, yo hacía Chicas en New York a la noche, en casa, después de que mi hijo se dormía. Durante el día trabajaba en la agencia. Recién hace un año y medio me despegué para dedicarle más tiempo a Chicas… Cuando empecé a pensar cómo transformar en una empresa algo que amaba hacer, sabía algo: tenía que haber un ingreso pero yo debía seguir siendo genuina, transmitiendo lo mismo.

–¿Creés que ahí estuvo la clave del éxito?

–Algo pasaba, porque blogs sobre Nueva York había miles. Gustaba el tono, el modo de contar y compartir, la idea de que podía ser alguien que conocieras. Todo lo que hago y cuento en las redes soy yo, no hay un personaje. Creo que para las lectoras es importante sentir que pueden estar en mi lugar. No soy una celebridad; a veces me siento bien, otras menos; no tengo una fórmula para viajar teniendo un hijo, hago lo que puedo, pasamos tiempo de calidad. No hay nada más lindo que transmitirle a él que hago esto con pasión. Voy para adelante. Todas las frases hechas que dicen “se puede”, “el no ya lo tengo”, “nada es imposible” (que la tengo tatuada), de verdad las siento. Hay que hacer lo posible para cumplir los sueños.

–No trabajabas en el universo del turismo pero de pronto empezaste a armar experiencias de viaje que fueron un éxito. ¿Cómo diste ese paso?

–Un día me mandó un mensaje un hombre que trabajaba en una agencia de viajes, decía que su mujer y su madre querían viajar a Nueva York conmigo y me propuso juntarnos para organizar algo. Yo tenía otra vida, otras cosas, no hacía viajes. Pero me reuní; había una vuelta diferente, no era turismo tradicional. Así llegó el primer viaje con 35 mujeres. Armamos una experiencia única, más emocional que turística. La idea era que volvieras diciendo que el viaje, de alguna manera, te había transformado. Las viajeras se animan a vivir por una semana la vida que sueñan. No es algo menor, porque en la cosa cotidiana de todos los días una va dejando cosas de lado.

–En cuanto al vínculo con tu comunidad, ¿cuánto creés que le das y cuánto te vuelve?

–La comunidad es lo más, amo a mis lectoras, de verdad. Todo el tiempo me llegan e-mails, comentarios, mensajes, que me cuentan que las motivé, que se animaron a hacer cosas a partir de algo que escribí… cosas fuertes. Yo puedo ir a un hotel cinco estrellas o que me inviten a comer a un restaurante Michelin, pero lo que más me gusta es charlar con las lectoras, compartir, saber lo que les gusta. Leo y contesto todos los comentarios, nadie maneja mis redes sociales.

–Ya habías tomado otro rol en las redes, hiciste un programa online, luego llegó la propuesta de Telefe. ¿Te sentías lista para pasar del colectivo Chicas… a estar frente a cámara?

–¡No! (risas). Fue de inconsciente total. Yo siempre viajaba del otro lado de la cámara, trabajaba en producción, creatividad. Al principio iban a estar sólo las invitadas, y un tiempo antes de hacerlo dije: “Y bueno, lo voy a hacer yo”. Pero siempre estoy a la par de la otra persona, no soy una host. Soy muy respetuosa de la gente que hace años labura en televisión, que tiene experiencia, yo no tengo esas skills. ¡Esto me parecía una locura total! Pero soy una mandada, me arriesgo.

Chicas en New York se convirtió en una marca de la que se desprenden varios negocios diferentes. ¿Tu perfil emprendedor estuvo siempre presente?

–Trabajé en relación de dependencia pero como un camino para otra cosa: además de eso hacía un emprendimiento. Me equivoqué, me fue muy mal. Pero había que aprender. Esto me llegó más madura, con la experiencia de la agencia ya transitada. Hay que contar los proyectos, ponerlos a circular. A veces hay que arriesgarse a hacer el ridículo, como cuando yo iba a reuniones y decía: “Vamos a lanzar una tarjeta de crédito de Chicas…”. ¡No había hablado con un banco ni con una tarjeta! Desde afuera podías pensar: “Andy debe de tener un montón de contactos”. La verdad es que cuando arranqué no tenía ninguno.