El vértigo del presente, con sus medios de comunicación y pantallas táctiles, dejó en un segundo plano los trabajos artesanales. Sin embargo, innumerables propuestas intentan retomar esta vieja tradición para desconectarse de la rutina y volver a conectarnos con los sentidos.

“Que la inteligencia pase de las manos al cerebro.” Esa es la primera invitación que aparece en Mastercraft (Grijalbo), el libro de Luján Cambariere. Ella es la creadora de Ático de Diseño, un espacio-taller en Tigre en el que el trabajo manual se manifiesta en variadas técnicas. En los últimos años, la labor artesanal se revalorizó con la aparición de innumerables propuestas que retoman antiguos oficios (muchos olvidados con el paso del tiempo) y motivan a hacer. Bordado, cerámica, tejidos, estampas, joyería, encuadernación, origami, costura, marroquinería, cestería. Todo vale para aplicar la creatividad y, al mismo tiempo, desconectarse de la rutina y de las pantallas que nos rodean.

“Desde hace tanto tiempo priorizamos el saber intelectual, la información que llega del cerebro, que nos cuesta aceptar otro tipo de inteligencia. Esa inteligencia que nace del cuerpo y se activa cuando las manos se ponen en movimiento. Una energía especial que se proyecta de las mismas entrañas y sale por los dedos. Un saber más intuitivo, visceral, que surge en esa danza que bailan las manos cuando cosen, bordan, tejen, hilan o tallan”, explica Cambariere, que resalta el momento presente que requieren estas tareas: “Volver a conectar con el trabajo manual, los oficios y los saberes ancestrales, que exigen de nuestra presencia (el anhelado aquí y ahora), nos permite experimentar, atravesar el proceso, el camino más la meta. Esto nos genera un estado de alegría que definitivamente no se consigue con otras actividades”, dice. “Volver al trabajo con las manos nos conecta con todos los sentidos y con nuestro ser más esencial. Otras voces empiezan a aflorar y el trabajo no sólo produce resultados materiales, sino también una gran riqueza espiritual. Hoy se llama ‘meditación activa’ a esa actividad que genera un probado estado de bienestar y felicidad, pero en movimiento: experimentando, haciendo, sintiendo.”

Mastercraft presenta y da claves para arrancar a hacer shibori –una técnica japonesa de teñido–, cianotipia –impresión con luz solar–, flores de papel, maxitejidos con maxiagujas, reúso de lámparas y telas, diseño en madera, impresión a partir de hojas naturales y paper cut.

El vértigo del presente, con sus medios de comunicación y pantallas táctiles, dejó en segundo plano los trabajos artesanales. Sin embargo, innumerables propuestas intentan retomar esta vieja tradición para salir de la rutina y volver a conectarnos con los sentidos.

Así, el trabajo artesanal no está sólo vinculado con hacer lo propio pasa usar (confeccionar ropa, hacer un cuaderno en casa, ocuparse de la jardinería u hornear la vajilla de cerámica que se pondrá sobre la mesa), sino también con encontrar actividades en las que trabajen las manos mientras la mente descansa. El libro traza una línea de tiempo para este regreso a lo artesanal: primero aparece William Morris, el inglés que en el siglo XIX promovió el movimiento Arts and Crafts en oposición a la producción industrial. Luego aparece el Slow, una corriente cultural que promueve la calma en todas las actividades humanas (y que tomó fuerza en ámbitos como la moda y la gastronomía). Hygge, la filosofía danesa que propone disfrutar de las cosas simples, también aportó lo suyo, al igual que el movimiento Maker, con el “do it yourself” (DIY) como emblema. Así fue el camino hacia el Neo Craft, un modo de trabajar con las manos que recupera técnicas, oficios, saberes ancestrales y materiales con una mirada contemporánea, desde el mundo del proyecto.

Hay un taller craft para cada interés o personalidad. Las hermanas Celina y Clara Bartolomé crearon su propia marca de cuero natural, Nimes, para la que hacen desde el diseño hasta la confección. Ellas decidieron compartir esa labor y abren las puertas de su taller como una experiencia Airbnb: “Pensamos estos encuentros para que quien quiera pueda acercarse al mundo del diseño, al trabajo artesanal y al cuero”, cuentan sobre el encuentro que comparten con ocho personas cada vez.

Solana Finkelstein hace joyas únicas, piezas diseñadas y creadas a mano, y también comparte su experiencia en talleres intensivos para aprender el abecé de la técnica, sin necesidad de saberes previos; cada participante se lleva una pieza de joyería hecha con sus propias manos.

En Experimento Casa, Melina Belluzzo organiza workshops para agarrar las herramientas y trabajar principalmente con madera y aprender, por ejemplo, a hacer una mesa de luz, un organizador de cocina o un aparador.

El proyecto Compañía Botánica (que también fue retratado en un libro) lanzó hace cuatro años sus workshops, en donde enseñan, por ejemplo, a armar kokedamas, cuidar cactus y suculentas y cómo componer diferentes espacios de la casa en los que las plantas sean protagonistas. Sólo hay que poner manos a la obra.

A lo largo de las páginas del libro de Luján Cambariere se describen algunas técnicas para regresar a los oficios. Entre ellas, se destacan carpintería, shibori, maxitejidos, flores de papel, reúso de telas y cianotipia.