La periodista y escritora acaba de publicar su cuarto libro, inspirado en una de las décadas más oscuras del país –la del setenta–, para mostrar otra realidad en contraposición a la hostilidad que se vivía en las calles.


Amores bajo fuego es el nombre del último libro de Gisela Marziotta y promete mostrar historias de amor en un período en el que aparentaba predominar el odio. En la década de 1970, una de las más difíciles de nuestro país, fue donde la periodista se sumergió para contar otra realidad, una que traiga un poco de luz entre tanta oscuridad.

–En la introducción contás que lloraste mucho durante las entrevistas e incluso durante el proceso de escritura. ¿Qué es lo que más te movilizó de estas historias?

–Es imposible no sentir el dolor de las pérdidas o de una vida clandestina. Hay algo que como periodista nunca me permití abandonar y es la empatía por el otro. Uno escucha e informa miles de noticias dolorosas, pero la capacidad de sentir al otro me mueve y me conmueve. Y ver cómo los protagonistas de las historias y sus familias rememoraban esos momentos dolorosos, en casos tortuosos, fue muy fuerte. No sólo teníamos que cortar las entrevistas y seguir otro día porque muchos no podían continuar sus testimonios, sino que en el proceso de escritura me encontraba a mí misma llorando y preguntándome por qué me había embarcado en semejante desafío.

–Imagino que habrás tenido que convencer a más de un protagonista para que cuente su historia. ¿Creés que contártelas les sirvió de algo? ¿O leer las de los otros?

–Los protagonistas y sus familiares me hicieron llegar algunas devoluciones. Para ellos fue muy duro revivir momentos tan difíciles e intensos. Pero me quedo con un concepto que me hizo muy bien: en los textos de aquella época, las vivencias personales pasaron inadvertidas, pero hablar del amor, de los sentimientos que nos constituyen como seres humanos, permite conocer a las personas desde lo más íntimo.

“Creo en el amor como motor, y eso se refleja en todas las historias del libro. El amor impulsa a animarnos a más, a pelear por lo que queremos.”

–¿Alguno de los relatos te llevó a replantearte tu propia visión sobre el amor?

–No mi visión del amor en sí, porque creo en el amor como motor, y eso se refleja en todas las historias. El amor impulsa, no hay duda, a animarnos a más, a pelear por lo que queremos. Además, siempre sostengo que me excede la filosofía del amor, soy muy realista, de los hechos concretos. Lo que sí puedo asegurar es que me emocionó mucho conocer esos detalles de historias profundas, te diría del encuentro de almas, relatos apasionados y sentidos de hombres y mujeres que se animaron a jugársela por completo.

–Mientras en los medios de comunicación aún se debate sobre la celulitis de una famosa, vos te declarás a favor de las canas y las arrugas. ¿Sentís que nadás un poco contra la corriente?

–No siento que nade contra la corriente, siento que me permito cuestionar los paradigmas así como se nos presentan. Hoy, las mujeres en general somos parte de esas rupturas, de esos cuestionamientos. El colectivo Ni Una Menos, por ejemplo, vino a visibilizar una realidad que durante muchos años permaneció silenciada. Celebro los debates que se están dando en la Argentina. Como sociedad tenemos que aprender a escuchar la pluralidad de voces y construir la mejor alternativa con base en los disensos. Eso habla de madurez, de ganas de mejorar.