Mariana Pussacq y Gerónimo Favaloro. Juntos llevan adelante Casa Almacén, un espacio de diseño textil que fusiona tradiciones olvidadas con energías elevadas para crear un producto que vislumbra a la moda internacional.

Mariana Pussacq es arquitecta, ilustradora y artista plástica. Es también la alma mater de Casa Almacén, un espacio de desarrollo y proceso artesanal de géneros como terciopelos, linos, panamás, lienzos, gasas, hechos de puro algodón, dedicado a la decoración de interiores y, desde el año pasado, a la fabricación de indumentaria. Cada tela está lograda con los más de cien tonos de su autoría (118 en total), lo que la convierte en la principal creadora de colores en el mundo textil. Gerónimo Favaloro, su compañero de viaje y creaciones, resulta el complemento perfecto. La energía que transmite en cada palabra, cada pensamiento, es vital a la hora de plasmar una idea. “Es muy fuerte lo que pasa cuando nos sentamos a crear. La energía vibra a niveles muy altos y las ideas comienzan a aparecer. Disfrutamos mucho nuestros momentos”, dice Mariana mientras le agarra la mano a Gerónimo. Colores y energías, la sinergia perfecta para un proyecto que supo expandirse al mundo.

¿Cómo surge un nuevo color?

Mariana Pussacq: En realidad, los colores no se inventan, sino que se redescubren. La madre naturaleza, con todo su esplendor, los pone al alcance de todos, nos los nuestra y los regala. Pasa más por una cuestión de observación, de sentir, de mirar. Hace falta estar atentos y muy abiertos a lo que nos rodea. Los colores no sólo se ven, se huelen, se escuchan y hasta se sienten. Más allá de que en el proceso creativo de un color haya una parte muy importante de laboratorio, el instinto es lo que prevalece y hace la diferencia.

Gerónimo Favaloro: –Los colores vibran. No sé, no hay una explicación exacta. Aparecen desde muy adentro. No respetan tiempos, no hay que apurarlos, salen cuando tienen que salir.

–¿Cómo es la relación de los argentinos con los colores?

M.P.: Como en todo el mundo, depende mucho de su cultura, de su sociedad, de sus urgencias y, claro, de su ubicación geográfica. Buenos Aires es una ciudad neutra. Los negros, los blancos, los grises inundan la ciudad. No es muy colorida que digamos y la gente tiende a mimetizarse con lo que ve. Venimos del tango, de la nostalgia, del sufrimiento, y eso se refleja en las vestimentas, en los interiores de las casas, en la arquitectura. Sin embargo, vamos para el norte y otros colores empiezan a surgir. Allí, la naturaleza está mucho más presente, el grisáceo típico de las grandes ciudades se oculta por el anaranjado, casi rojizo, de las tierras y los cerros. La vegetación es otra, los verdes son diferentes, la música cambia de tono. El paisaje muestra otro Pantone.

G.F.: –Además, la Argentina fue y es un país que siempre miró a Europa, sobre todo a Francia, en lo que representa para la moda. Y lo que vemos por las calles parisinas no difiere tanto de la cotidianeidad porteña. También somos muy prejuiciosos y no nos animamos a usar ciertos colores por lo que dirán. En cambio, Brasil, o nuestro norte mismo, se libera de todo eso y la autenticidad prevalece sobre todo lo demás.

–Además de tu ascendencia francesa, hay otra parte tuya que viene de las comunidades originarias. ¿Cuánto tuvo que ver en tu formación profesional y en la percepción de lo que te rodea?

M.P.: –Muchísimo. Mi abuela pertenecía a los pueblos originarios. Vino de Santiago del Estero, era diaguita. Ella, básicamente, me crió y me enseñó un montón de cosas que, sin darme cuenta, me sirvieron para toda la vida. Me acuerdo de que cocinaba mucho y de que siempre me decía que las comidas entran primero por sus colores. Con ella aprendí a observar, a valorar la naturaleza. Los pueblos originarios tienen una conexión muy fuerte con la Pachamama. Ese lazo, esa influencia, me sirve hasta el día de hoy. Conocer lo que nos rodea para luego conocernos a nosotros mismos.

–Trabajan juntos, viven juntos, viajan juntos. ¿Cómo es la vida verdaderamente y solamente de a dos?

G.F.: –Si bien al principio costó un poco esto de separar trabajo y convivencia, creemos que todo es un aprendizaje. Nos complementamos muy bien en todos los aspectos de la vida y eso se refleja en el resultado de los productos. Obvio que hay momentos que son más difíciles de transitar pero nunca hay que soltarse la mano, siempre juntos. Que la bomba explote, que haga lo que tenga que hacer y se esfume hacia otros lados. No hay explosión que separe dos almas.

M.P.: –Hay también una diferencia de edad importante, pero lo que hace eso es, justamente, combinar las energías. Se produce algo muy fuerte cuando nos ponemos a crear. Vamos siempre en la misma sintonía, aunque si fuese por Gero, trabajaríamos hasta el minuto antes de irnos a dormir (risas).

­–¿Cuál es el próximo paso de Casa Almacén?

G. F.: Queremos innovar en nuestras telas y en nuestros productos con fibra de cáñamo, provenientes de la planta cannabis. Además de ser 100 por ciento orgánica, es una de las fibras más duraderas, resistentes y suaves del mundo. En los Estados Unidos hasta se construyen casas con hemp. La verdad es que estaría buenísimo

M.P.: –Y personalmente tengo ganas de organizar algunos workshops para contar justamente todo esto. Enfocarlo en el proceso creativo, en la observación de la naturaleza, en la importancia del medio. Básicamente, transmitir lo que mi abuela me enseñó y que viaje a las nuevas generaciones.


Para más información:

casaalmacen.com / 5277-6943

geronimofavaloro.com / 11-4193-8189