Diferentes prácticas, como el canje de pasajes por puntos, la suma de millas y los programas de fidelización, otorgan la posibilidad de recorrer gran parte del mundo sin gastar demasiado. Un desafío ideal para obsesivos pero que, finalmente, tiene su recompensa.


Desde que el mundo es más pequeño y el hecho de viajar dejó de ser un privilegio reservado para unos pocos ABC1, la búsqueda de medios y oportunidades para reincidir en la experiencia cada vez más forma parte de la rutina. Todo aquel que viajó lo sabe: una vez de regreso, (casi) en lo único que se piensa es en volver a partir. No importa si es a Mendoza, Nueva York, Barcelona, Nueva Zelanda o Dubái: la práctica del viaje estimula los sentidos, fomenta el aprendizaje e invita a cambiar de hábitos. Y es por eso que situaciones como el canje de pasajes por puntos, la suma de millas y los programas de fidelización forman parte del paisaje de los viajeros. ¿Pero cómo se hace para viajar por poco o casi nada? ¿Qué se necesita para seguir cargando el changuito con experiencias sin que eso implique comprometer las finanzas personales?En su libro Travel Hacker (Planeta), el canadiense Craig Sowerby da su receta para viajar alrededor del mundo usando puntos y millas. Y aunque en algunos tramos su historia parezca una receta mágica –para la que además hay que tener cierto tipo de mentalidad, estar dispuesto a dejar todo atrás sin sentir la necesidad de estar anclado en eso que todos llamamos “casa”–, no deja de dar decenas de pistas sobre cómo hizo para recorrer el mundo durante un año sin invertir demasiado.

Una de las premisas de los travel hackers es aprovechar todo aquello que no cuesta dinero, y un buen punto de partida es adherirse a los programas de pasajero frecuente que ofrecen las distintas aerolíneas y hoteles. Mediante estos sistemas (Latam Pass, Aerolíneas Plus, AAdvantage, Airpoints, etcétera) se empiezan a sumar millas con cada vuelo, pero también con las compras diarias que cualquiera realice en comercios adheridos. Se puede cargar nafta y sumar millas o se puede pagar con la tarjeta de crédito en el supermercado y que ese consumo tenga su equivalencia en puntos para canjear pasajes. La adhesión no lleva más que unos minutos, llenando un formulario en las webs de cada aerolínea. Para los residentes en la Argentina, podríamos decir que es casi obligatorio tener un número de Aerolíneas Plus y Latam Pass.

Estar inscripto en los programas de puntos de determinadas aerolíneas no significa tener que estar atado siempre a ellas. Por supuesto que si se utiliza siempre la misma es conveniente acumular millas sólo con ella, pero para cuando eso no sucede existen las alianzas de aerolíneas, como OneWorld, Star Alliance o SkyTeam, que permiten que los vuelos en otras compañías también sumen puntos. Por ejemplo  si se está adherido a Latam Pass y se vuela por American Airlines, también se suman puntos, porque ambas pertenecen a la misma alianza. Qué tanto se puedan aprovechar esas millas –lo dice la lógica y lo dice Sowerby en su libro– dependerá de qué tanto se vuele y de qué tan grandes sean nuestros gastos.

Otra de las premisas del travel hacker es tener en cuenta que cada uno de sus consumos –en el país o en el exterior, grandes o chicos– suman millas. De a una o de a cientos, pero suman.  Por eso priorizan el plástico al efectivo y la tarjeta de crédito a la de débito; rara vez extraen efectivo en los cajeros del exterior, y casi nunca pisan una casa de cambio. La compra en el shopping se paga con tarjeta, pero también el kiosco, el subte y el almuerzo al paso en el parque. Y es por eso que conviene tener cierta conducta y ser ordenado; de lo contrario, el resumen al final del mes puede convertirse en un problema. En todos los casos, dice también Sowerby, es conveniente estar atento a las ofertas de puntos y millas que se pagan con dinero. Estas promociones, que proponen comprar millas con un 50 por ciento de descuento, no sólo sirven para acumularlas de manera directa por la compra en sí misma, sino también
de forma indirecta por el gasto de la tarjeta. Y una más: en programas como Latam Pass existe un extra de millas según la tarjeta que se tenga: la Platinum tiene un cinco por ciento adicional, y la Black, un 15 por ciento. Match point.

Pero no todo se trata de volar. Los hoteles, en especial los que pertenecen a alguna cadena internacional, tienen sus propios programas de fidelización, cuyo objetivo es que los pasajeros siempre los elijan a ellos y no a otros. Según Sowerby, es posible alojarse gratis en hoteles cinco estrellas si se hizo un correcto uso de los puntos. Quizás algunas noches en hoteles del montón –en viajes en los que lo principal es tener un lugar donde dormir y no el lujo ni el confort– bien valgan la pena para después tener un descanso sin cargo alguno. Un juego ideal para obsesivos, pero que tiene su recompensa.

 


 

Editado por Planeta, el canadiense Craig Sowerby cuenta en su primer libro cómo hizo para recorrer todo el mundo junto a su novia gastando lo mínimo e indispensable. Una aventura llena de canje de millas y puntos de viajero frecuente. ¡A tomar nota!