En un mano a mano a fondo, el conductor de las tardes de Metro habló de todo: su nueva pasión por el cine, la comedia, la ley de aborto, el feminismo, sus miedos, su misión como padre. Una charla off the record sobre la vida misma.


Hace once años que Sebastián Wainraich se sienta en el estudio Fernando Peña para hacer Metro y medio junto a su gran compañera, Julieta Pink. Sin embargo, un jueves cualquiera anda con la excitación de un nene porque tienen preparada una apertura especial para el programa y lo entusiasma la idea. Si eso no es pasión, que vengan Francella, Campanella y el mismísimo Sacheri a negarlo. Lo mismo le ocurre con la escritura, que ahora lo tiene atrapado con el guión de una nueva película –algo así como una secuela, aunque no necesariamente en cuanto a lo cronológico, de Una noche de amor–. “No hace falta haber visto la primera para ver esta”, aclara.–¿Qué gustito le encontraste al cine?

–A la escritura, sobre todo. Yo soy un niño que tiene que estar bien contenido, rodeado, y encontré en Hernán [Guerschuny] y Carla [Peterson] un equipo que está buenísimo. Y eso no sé si tiene que ver con el gustito del cine. Me gusta el cine de toda la vida, por supuesto. Y me gusta escribir algo que después sea una película. Y actuarlo no sé si es un gustito. Creo que en la próxima va a ser distinto, estaba muy nuevo ahí. El gustito era poder hacer algo que había escrito, es eso. ¿Te parece poco?

–Es el desafío, entonces.

–Sí. Igual el primer día de rodaje me agarró una decepción total. Cuando escribí, cuando ensayamos, no me acordaba de la cámara, la luz, todo eso de que “este texto lo tenés que decir cuando llegás acá”. En el teatro tengo una libertad que en el cine no tengo. Pero después fluyó.

–Generás mucho en tus proyectos. ¿No te da vértigo?

–Sí, me da vértigo pero a la vez me da seguridad. Me da miedo pero la verdad es que dependo de mí y eso está buenísimo. Debe de ser más estresante tener que depender de otro que decida si te llama o no te llama. A veces pienso que podría generar proyectos más como productor o guionista y no estar tan involucrado en dar la cara. Supongo que llegará el tiempo de eso también, que no es ahora, o al menos no era con estos proyectos.

–¿Creés que el ego te lo permitiría?

–No lo sé. Tal vez tenga que ser un proyecto que yo no podría hacer, no sé cómo explicarlo. Hablo de escribir algo y que justo el papel no sea para mí, o que me imagine mejor a otra persona en ese rol.

–Entre Wainraich y los frustrados, tu obra anterior, y Frágil, actualmente en el Liceo Comedy, pasaron varios años. ¿Qué sucedió en ese tiempo para ir a una capa más profunda, como ocurre con esta última?

–Yo sabía que en esta obra no quería hacer todos personajes como en Los frustrados. Quería no bajarme nunca del escenario, hacer todo seguido, cambiarme ahí adelante sin desnudarme. Eso lo sabía. Y después, naturalmente, esta obra me llevó a hacer otras cosas con respecto a los climas y los momentos. Es un tipo, ponele, que es un actor que no soy yo, que se pregunta cómo tomarse la vida.

–¿Cambiás los textos semana tras semana con base en los debates actuales de la sociedad sobre qué es humor y qué no?

–No. Pero antes de hacer la obra sí me hice un planteo con el personaje de Estela, pensando cómo haría su monólogo hablando de su marido. Entonces escribí un monólogo de Estela quejándose de su marido, contando que su marido era un pelotudo, que su madre era re machista, entonces eso fue lo que armé, fue un cambio.

“Me expresé a favor de la ley de aborto legal, seguro y gratuito. Me inclinó el tema de que la mujer pueda decidir qué hacer en ese momento, por un lado. Y, por otro, que sea un respaldo a las mujeres indefensas que llegan a esa situación y se tienen que someter a un aborto clandestino”

–En estos días de debate sobre la ley de aborto vos te expresaste a favor. ¿Qué es lo que te inclinó hacia esa postura?

–Sí, me expresé a favor de la ley de aborto legal, seguro y gratuito y voy a seguir hasta que se sancione en el Senado (N. de la R.: Al momento de la entrevista, la ley ya tenía media sanción en Diputados). Me inclinó el tema de que la mujer pueda decidir qué hacer en ese momento, por un lado. Y, por otro, que sea un respaldo a las mujeres indefensas que llegan a esa situación y se tienen que someter a un aborto clandestino.

–¿Cómo te parás frente a la lucha feminista a la que Dalia [Gutmann, su esposa] adhiere activamente? Muchos hombres no saben qué rol tomar. ¿Te mantenés al margen, acompañás?

–Hay algunas palabras que están de moda ahora, que se dicen, y tal vez se están volviendo lugares comunes pero surgieron, creo yo, genuinamente. Una es que estamos aprendiendo. No puede ser que todo eso sea una excusa para los errores, pero es verdad. Y, por otra parte, que nos estamos deconstruyendo también. Me di cuenta de que tengo que acompañar con respeto, con silencio muchas veces, aprendiendo a escuchar y sin sobreactuar. Es bastante complejo todo esto porque al decir que uno no sobreactúa ya está sobreactuando un poquito. Y también es bastante complejo por todo lo que traemos de toda la vida: abuelos, padres, etcétera. Desde ahí trato de acompañar. Y después hay otro tipo de acompañamiento que es silencioso también, que es cuando estamos los varones solos, en grupos de amigos, familia, charlando los temas. Me parece que ahí está la sinceridad absoluta porque estamos entre nosotros y ahí tenemos que ser crudamente sinceros entre nosotros y saber qué hacemos mal y qué podemos hacer mejor.

–¿Creés que estás haciendo algo para dejarles un mundo mejor a tus hijos o es una frase hecha sobre lo que en realidad es una utopía?

–Soy honesto, voy a trabajar, trato de ser una buena persona, ese es mi aporte al mundo. Trato de ser bueno con los que me quieren y con los que quiero; y con los que no quiero, trato de ser respetuoso y tolerante. Todo eso. Así trato de hacer un mundo mejor. No creo que tenga mucho más poder que eso, pero eso ya me parece bastante.

–Solés hablar de la paternidad con mucha honestidad, sin el marketing de lo perfecto. ¿Cuáles dirías que son tu principal cualidad como padre y tu principal defecto?

–No es muy simpático hablar bien de uno mismo, tampoco mal, pero creo que mi principal cualidad como padre es amarlos así, locamente. No sé si es una cualidad o algo que me surge. Creo que soy un padre muy presente, que está atento a las cosas de los chicos, que les charla, que les escucha sus preguntas, y me parece que ahí hay una cualidad. Con respecto al defecto, o los defectos, podría mencionar que a veces no predico con el ejemplo en cuestiones cotidianas, como el orden de la casa, y que no soy muy bueno para poner los límites.

–¿Te permitís estar triste?

–Sí, triste y angustiado. La angustia no me gusta. Es inmanejable y no define bien qué carajo está pasando. No es tristeza, es algo que está sin resolver. La tristeza es más sana, me parece. Necesaria, inevitable. Sabés por qué estás triste, sabés que va a pasar sola, seguramente. Me parece más amigable, es más compañera la tristeza.