El gran conductor de Metro y medio muestra su lado más sensible e introspectivo y hace de Frágil el unipersonal más exitoso de la noche porteña; aunque la comedia, muchas veces, no se trate sólo de reír.


Algunas salas teatrales tienen la romántica costumbre de nombrar a una madrina o a un padrino en su apertura o reinauguración. Es, de alguna manera, un enaltecimiento para el espacio artístico y, a su vez, un mimo para el artista elegido. Así, Mirtha Legrand es la madrina del Maipo y Alfredo Alcón lo fue del teatro Apolo. El teatro Liceo es el más antiguo de la Ciudad de Buenos Aires, y cuando en febrero de este año Gustavo Yankelevich y Lino Patalano lo renombraron Liceo Comedy no dudaron en elegir a Sebastián Wainraich y a Dalia Gutmann como sus padrinos. La ecuación era simple: teatro + comedia = ellos.  Sobre esas tablas se para todos los viernes y sábados el conductor de Metro y medio para hacer Frágil, su unipersonal más sensible e introspectivo. “En esta obra me siento muy expuesto, y a veces, cuando lo pienso, llego al teatro y digo ‘Esto es una locura’. En el escenario soy feliz, estoy pleno, completo, siento algo que no te puedo explicar con palabras. Pero varias veces, antes de empezar la función, estoy ahí con la productora diciendo ‘No voy a poder’. Y a la vez ya sé, porque soy así, que apenas salga al escenario ya está. Es increíble, pero una vez que me visto ya estoy mejor. Me voy al escenario, lo camino un poco y una vez que empieza la función ya estoy bien. Antes estaba muy pendiente de la reacción del público, que en comedia es casi inevitable, y ahora sigo pendiente pero no al cien por ciento. Sobre todo porque es una obra que pasa por distintos climas, entonces hay momentos que no son para reírse y hay momento que son de humor pero de risas nerviosas. Me ha pasado, como espectador, de ir a ver comedias que me encantaron y no me reí tanto, o me reí un montón y tal vez no me gustó mucho; entonces no se puede juzgar por eso. Y aprendí también que hay gente a la que tal vez no le guste, que es algo que puede pasar.”–Cuando pensás en esa posibilidad, ¿qué te pasa? Un poco te hace ruido, ¿o no?
–Sí, por supuesto, todos los que laburamos en esto queremos ser queridos. También entendí otra cosa, y es que la persona que vino al teatro pudo haber tenido un buen día, un mal día, puede estar cansado, se pudo haber peleado con la pareja, se tiene que despertar a las siete al otro día. Ya luchás con todo eso y contra un montón de estímulos que tenés hoy, como el celular.

–Es como el que le tiene miedo a volar y mira a la azafata pensando que si tiene mala cara es porque algo está mal con el avión sin considerar su factor humano. ¿El espectador piensa en tu factor humano?

–No y no tiene por qué pensarlo. Yo tampoco debería pensar en eso. Para mí el teatro tiene que ser una ceremonia donde –todo muy cursi lo que te voy a decir– el actor y el público se tienen que entregar a esa ceremonia. Cuando el espectador va a ver una obra de teatro tiene que hacer un esfuerzo para creer lo que está viendo, porque en realidad está en Corrientes y Callao; el espectador tiene que poner lo suyo pero los actores también. OK, compramos el pacto, jugamos a que creemos. Ahora, vos ayudame a que te crea.

–¿Te encontrás leyendo cosas tuyas de hace dos, cinco años, cuestionándote?

–Sí. Más desde lo artístico que desde lo ideológico, pero bueno, es una evolución. No estoy arrepentido ni nada. Sólo los reviso, los veo y ahora hago otro tipo de chistes. Pero no busco ni bajar línea ni ponerme solemne ni decir cómo hay que vivir. Solamente salgo a contar mi visión del mundo, y a veces no es tanto mi visión sino una exageración. Y cada uno sabrá qué hacer con eso. Sí ha cambiado y me parece que el cambio está buenísimo. Ya no es un chiste que la mujer es una hinchapelotas, nada más.

–Para mucha gente aún sí…

–Seguro, es probable. Ahora, el que cuenta ese chiste no es el Bambino Veira, eso tiene que quedar claro. El que cuenta ese chiste, cuenta un chiste que está fuera de época, antiguo, es machista; no es un abusador ni es un violador. Está contando ese chiste. Tendrá un montón de problemas, no sé qué le pasará por la cabeza, tal vez piensa eso y cree que hace reír. Pero eso no lo convierte en un violador. Me parece que hay que poner a cada uno en la categoría que corresponde. Me parece bien que nos fijemos si es un chiste machista, un comentario fuera de época, pero no pongamos a todos en el mismo nivel.

–En estos días de debate sobre la ley de aborto vos te expresaste a favor. ¿Qué es lo que te inclinó hacia esa postura?

–Sí, me expresé a favor de la ley del aborto legal, seguro y gratuito y voy a seguir hasta que se sancione en el Senado (N. de la R.: Al momento de la entrevista, la ley ya tenía media sanción en Diputados). Me inclinó el tema de que la mujer pueda decidir qué hacer en ese momento, por un lado. Y, por otro, que sea un respaldo a las mujeres indefensas que llegan a esa situación y se tienen que someter a un aborto clandestino.