El Gobierno estadounidense acaba de adquirir software de reconocimiento facial para potenciar la deportación de inmigrantes ilegales. Su proveedor, Amazon, en la mira de sus empleados.

En los Estados Unidos, los inmigrantes ilegales son separados de sus hijos, deportados, enjaulados, enjuiciados y buscados por todos lados. La ola de protestas ciudadanas no cesa y ahora es Amazon la que está en la mira por ser la que le está vendiendo, al mismísimo Donald Trump, software de reconocimiento facial e infraestructura para bases de datos para que las agencias gubernamentales puedan seguir deportando ciudadanos ilegales.

Nada de esto es indiferente a los empleados de Amazon, que acaban de publicar una carta de protesta en una red interna de la compañía al enterarse de que su empresa es la proveedora de software y hardware en esta avanzada contra quienes quieren emigrar a un país ¿mejor?La noticia surge de la publicación The Verge: los empleados enviaron una carta de protesta a Jeff Bezos, CEO y fundador de la empresa, negándose a contribuir con herramientas que violan los derechos humanos y citando el maltrato de refugiados e inmigrantes por parte del Gobierno estadounidense. El contenido de la misiva es trascendente y compara la venta de tecnología a Trump con lo que sucedió cuando IBM comercializó tecnología al gobierno alemán nazi durante la Segunda Guerra Mundial para confeccionar listas de judíos y automatizar su persecución durante el Holocausto: “IBM no se responsabilizó entonces, y cuando comprendieron su papel ya era demasiado tarde. No dejaremos que esto vuelva a suceder”, explican los trabajadores de Amazon, y demandan el cierre de dos líneas de negocio de la compañía: el Amazon Web Services Rekognition y la venta de sus servicios de computación y almacenamiento en la nube a Palantir, la empresa que ofrece al Servicio de Migración y Control de Aduanas de los Estados Unidos el software con información crítica sobre los ciudadanos legales o ilegales. Esta información de espionaje fue revelada en mayo por la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) como el comienzo de la vigilancia masiva automatizada en los Estados Unidos.

Algo similar sucedió con los empleados de Google, que tras protestas e incluso renuncias, lograron que la empresa retire el contrato con el Pentágono y no le brinde más herramientas de inteligencia artificial para analizar imágenes de vigilancia de drones. Por su parte, empleados de Microsoft exigieron que la compañía dejara de proporcionar prestaciones en la nube al Servicio de Migración y Control de Aduanas, aunque en este caso, el CEO de Microsoft, Satya Nadella, desmintió estar realizando tareas “malignas”.