Bajo esta premisa, una pareja de jóvenes emprendedores decidieron abrir la tienda online de regalos más visitada del país. Desde objetos de decoración hasta muebles de autor, regalar nunca fue tan divertido.


Lucas Lanosa y Leopoldo Birger coinciden en que el nombre de la marca es un factor determinante a la hora de encarar un nuevo proyecto. “Gorsh”, explican, es un juego de palabras, una pronunciación espontánea y divertida del término inglés “gorgeous”, que significa “hermoso”, “fabuloso”. “Aspiramos a crear un vínculo con nuestros clientes, de manera que Gorsh sea lo primero que les venga a la cabeza al momento de regalar”, dice Lanosa. Con más de cien mil visitas por mes y 165 mil usuarios registrados en su webstore, es la tienda de regalos más frecuentada del país. En su pick-up store de Palermo se pueden ver desde almohadones con la figura de Mick Jagger hasta muebles de diseño tan sofisticados como originales y exclusivos. Este año, además, presentaron su propia línea de productos, ampliaron sus horizontes con futuros locales en Latinoamérica y preparan un programa de franquicias para seguir creciendo. Y regalando, claro.

–Detrás de todo gran emprendimiento siempre hay una linda historia. ¿Cuál es la de ustedes?

–Lucas Lanosa: La idea surgió hace un poco más de cinco años. Teníamos ganas de empezar con algún emprendimiento y habíamos visto en diferentes viajes que el e-commerce pisaba cada vez más fuerte, sobre todo en tiendas que se dedicaban exclusivamente al diseño y que además realizaban una curaduría muy sofisticada de los productos. A diferencia, quizá, de Amazon o de MercadoLibre, que te ofrecen diez millones de productos, estos lugares eran mucho más selectivos. Entonces, con esa impronta, pensamos en adaptar esa idea de negocios a nuestro país.

–Leopoldo Birger: Al principio fue muy complejo porque todos estos productos que queríamos traer los hacían afuera y resultaba imposible importar. Entonces decidimos trabajar con diseñadores emergentes locales y fue un gran primer paso. Empezamos como una tienda online únicamente, con una oficina común y corriente, y después la idea inicial fue mutando. Nos convocaban de diferentes empresas para que nos encarguemos de los regalos empresariales o para participar en algunos eventos. Después surgió lo del local. La oficina ya era insostenible: venía mucha gente a retirar los productos que adquirían por la webstore y se volvían locos con lo que veían a su alrededor. Por eso hace dos años decidimos abrir este pick-up store en Palermo.

— ¿Cómo es la relación del consumidor argentino con la compra online?

–L. B.: El argentino, de por sí, y muchas veces con razón, es desconfiado. Los clientes generalmente quieren probar el producto, ver cómo es, la calidad. Y si es de mucho valor, ni hablar. El argentino casi siempre está a la defensiva y piensa que lo van a estafar. Por eso, también, decidimos abrir el local, para que vengan, lo prueben, lo miren y generen confianza con la marca. Ni hablar de los envíos, que parece una misión imposible en el país. Pero desde Gorsh nos aseguramos de que todo esto esté controlado y que por la calidad del producto y, mucho más importante, del servicio, ese prejuicio comience a desaparecer de a poco.

–¿Cómo es el proceso de curaduría de los productos?

–L. L.: Los dos pilares fundamentales y diferenciales de la tienda son, justamente, la curaduría y el branding. A partir de la curaduría nace lo que llamamos el “concepto Gorsh”: diseño, originalidad y calidad. Y el branding nos sirve para seguir desarrollando nuestra identidad y evolucionar con las alianzas estratégicas corporativas.

–¿No es agobiante compartir vida y trabajo?

–L. B.: No, para nada. Si bien trabajamos juntos y convivimos, cada uno tiene muy en claro su lugar dentro de la empresa. Lucas se dedica más a la selección de los productos, branding y marketing, y yo a la parte más administrativa, legal, finanzas y comercio exterior. Cada uno está muy metido con su tema, casi que ni nos cruzamos.

–L. L.: Al principio nos costó bastante separar el laburo y la relación en casa. Pero, bueno, era lógico, recién empezábamos. Fue un proceso de aprendizaje constante que con el tiempo lo pudimos superar. Cuando más chocás es cuando más decisiones en conjunto tenés que tomar, y eso con la división tan estricta de tareas no pasa muy frecuentemente. De lo contrario, sí, sería una locura.