La nueva revolución digital esconde una impresora capaz de preparar platos de comida. ¿Cómo lo hace? Usando ingredientes frescos y transformándolos en obras de arte llenas de sabor y con una estética única. Ideal para los comensales exigentes y creativos.


¿Pensaste alguna vez que ibas a imprimir tu cena? ¿Que no iba a hacer falta meter las manos en la masa y que con sólo apretar unos botones y observar una pantalla ibas a poder preparar la torta de chocolate más rica de todas? Primero fueron el termocirculador, la cocina al vacío y los hornos inteligentes. Ahora, abriéndose paso entre ollas, fuegos y sartenes, el futuro 3.0 llegó al universo de la alta gastronomía y se espera que pronto alcance popularidad en la vida doméstica: una impresora de comida 3D fue lanzada al mercado español y revoluciona las cartas de los restaurantes más prestigiosos.

Este método de producción, que suele usarse para fabricar prótesis médicas, piezas de arte y objetos de diseño industrial, ahora también sirve para hacer galletitas perfectas con forma de cubos, rombos y crustáceos marinos, deliciosas pastas sin gluten –con cada ingrediente verificado con la precisión de una computadora– y originales pizzas para compartir entre amigos foodies. No sólo se trata de un juego de bon vivants o un electrodoméstico de lujo: además de diseñar platos con volúmenes, texturas y formas extravagantes, la impresora 3D es una herramienta de gran utilidad para personas con intolerancias –como la celiaquía– o alergias a determinados productos, ya que su método permite un control extremo de los ingredientes.

Aunque parezca ciencia ficción, la forma de trabajo no es muy diferente a la de una típica manga de pastelería: la impresora va sumando capa sobre capa. Para eso se deben usar purés o pastas blandas hechos con quesos cremosos, chocolates o alimentos previamente procesados en una licuadora. Los expertos coinciden en que es la mejor forma de hacer repostería, ya que esta técnica aporta la exactitud que las recetas de las tortas y los postres requieren. Si bien su precio es alto –ronda los mil euros–, se estima que para 2020 su uso ya estará incorporado en la cotidianeidad de millones de personas: según la consultora Gartner, para ese año se venderán más de 6,7 millones de impresoras en todo el mundo.

No apto para conservadores

Hace casi dos años, el restaurante londinense Food Ink sorprendió con una propuesta única: no sólo comenzó a preparar sus platos con la impresora tridimensional, sino también los utensilios y hasta los muebles del local. El exclusivo restaurante ofrece un menú de nueve platos elaborados en el momento y, para complementar la experiencia futurista, los comensales pueden usar auriculares de realidad virtual mientras comen y escuchar música compuesta por inteligencia artificial.

Todo parece muy tentador, pero si lo que buscás es disfrutar de un buen bife de chorizo o sos de los que necesitan comer algo consistente que no se deshaga en la boca, mejor seguir con los asados y dejar la impresora 3D para los postres gourmet. La carne y los alimentos sólidos son difíciles de imprimir por los controles sanitarios que requieren y porque aún es complejo lograr texturas que no sean cremosas. Pero será cuestión de tiempo: se vislumbra que en un futuro cercano la gastronomía estará dominada por robots cocineros, helados en cápsulas y sabores de vanguardia diseñados por algoritmos culinarios. ¿Se trata del fin de la cocina de autor y de los clásicos platos de la abuela? ¿O de una nueva forma de potenciar el placer y la experiencia del buen comer?