Una guía fugaz para entender reglas hogareñas, códigos callejeros y tradiciones sorprendentes del país más extenso del mundo. Fútbol, vodka, usos y costumbres.


Es un esfuerzo importante: los aéreos, las entradas, el hotel, las comidas, los traslados. Viajar a cualquier Mundial implica una inversión de tiempo, energía, dinero y, sobre todo, esperanza un poco irracional sobre 23 muchachos que cargarán traumas del pasado reciente. Si la Selección hace la Copa que queremos, el viaje habrá salido redondo. Si no, los afortunados que estén en la tierra de los zares deberán cambiar el plan de vuelo, recalcular y abrir la cabeza. Rusia es un país demasiado desafiante como para pensar sólo en la pelota. En estas líneas, consejos, advertencias, tradiciones y costumbres a tomar en cuenta para manejarse en la nación más extensa del planeta.

Para aquellos que gocen de un contacto local, un golpe de suerte o algo de caradurez, la experiencia de entrar en una casa particular puede resultar “la” anécdota del viaje. Los rusos consideran que, aunque sencillos, sus hogares son un templo. Conviene usar pantuflas porque “la dueña de la casa es una obsesionada por la limpieza”, avisa el portal Sputnik, del otro lado de la incorrección política. Una invitación a la cocina es una excelente señal. “Han sido, desde la época de la Unión Soviética, los espacios destinados a las charlas, confesiones y revelación de secretos. Son consideradas el lugar donde la amistad se construye y fortalece”, dice el historiador Alberto Lettieri. Si el invitado lleva flores, tiene que ser en un número impar. Los pares, sólo para funerales.

El comensal pasará varias horas a la mesa, con muchas tazas de té, ensaladas, pan con caviar y sopa: schi, con chucrut y carne; borsch, de remolacha, y solianka, de carne con limón y verduras saladas. Como en las mejores familias italianas, suele cocinarse más de lo que se va a comer y conviene terminar el plato. En la sobremesa sólo se toma después del brindis, que tiene reglas especiales. El primero en hablar es el tamadá (el anfitrión o simplemente alguien extrovertido), que va cediendo la palabra a los distintos participantes, que pronuncian discursos largos con chistes, poemas, parábolas e historias de vida. El último levantamiento de copa se llama “na pososhok” (“sobre el bastón”), y tiene una explicación histórica y con moraleja. Antes de la partida de un huésped, su bastón se colocaba sobre una copa. Si la tiraba o volcaba el vino, tenía que pasar la noche en casa.

Más allá del lenguaje universal del fútbol, la comunicación en inglés puede volverse una quimera. Los rusos no suelen hablar el idioma del capitalismo. En Moscú hay un manejo mínimo y casi todos los carteles del subte están en cirílico. En los hoteles y en ciudades como San Petersburgo (de influencias europeas) pueden encontrarse más personas bilingües. Aun así, conviene aprender frases básicas antes de viajar, tener a mano una tabla de equivalencias entre alfabetos y aplicaciones como Google Translate. Para evitar una crisis de incomunicación, el Departamento de Transportes de Moscú otorgó becas para que los taxistas tomen cursos de inglés y aprendan “una amplia lista de frases” en apenas ocho horas de clase. El idioma no es el único reducto identitario. “Pese a que tras la caída del Muro de Berlín la sociedad se ha occidentalizado muchísimo, existe entre los adultos una nostalgia llamativa por los tiempos de la URSS. Los cómics y dibujos animados de esa época conservan una enorme popularidad”, explica Lettieri.

Para que no haya malentendidos, hay que conocer algunos códigos internos. La plata nunca pasa de manos porque transmite “malas energías”; los billetes se dejan en un recipiente especial, de donde lo retira el cajero. Nadie se besa al momento de saludarse. Los varones se dan un apretón de manos y las mujeres sólo inclinan la cabeza. El hombre que quiera dirigirse a una mujer deberá llamarla “dévushka” (“joven”), salvo que use bastón. Si le sonríe, se considera una señal directa de coqueteo. Ellas suelen vestirse bien, incluso cuando van a pasear al perro: tacos altos, perfume y manicura son parte de un combo que se perfecciona en los salones krasoty, fábricas de belleza de una densidad llamativa para el ojo extranjero.

El vykup, o rescate de la novia, es otro ritual innegociable. Mientras sus parientes y amigos le crean diferentes obstáculos para impedir que entre en la casa, el novio tiene que ir resolviendo algunos enigmas. Si no sabe cuántos años tiene su futura suegra, tendrá que pagar con bombones y champagne. Es una relectura amable y caricaturizada de los tiempos en que la esposa debía buscarse en otro pueblo –donde lo esperaba un ambiente hostil y listo para la batalla– con el objetivo de evitar los riesgos de incesto. Ya en el banquete, cualquiera puede gritar ¡Gorko! (agrio). Entonces los enamorados deberán levantarse y besarse para tener una vida dulce. Cuando se vayan de luna de miel, cumplirán con un ritual que ya describía León Tolstói en Infancia, su novela de 1852. Se llama “prisiadem na dorozhku” (“sentémonos antes del viaje”) y es lo que indica su nombre: antes de que un familiar o amigo salga al aeropuerto, hay que compartir unos instantes en silencio como augurio de una jornada feliz.

Entre las prácticas antipáticas, el primer lugar es para la discriminación hacia gays y lesbianas. Aunque la homosexualidad había sido “despenalizada” en 1993, dos décadas después la Duma aprobó una ley que prohíbe expresarse en forma positiva sobre quienes tienen esa orientación frente a menores de edad. Los motivos declarados son la defensa de los valores tradicionales y la preservación de los pilares morales de toda la sociedad. Con el Mundial en el horizonte, el escándalo puede volverse global. La FIFA ya se unió a Fare, una organización contra el racismo y la discriminación, para publicar una guía que explicará, entre otras cuestiones, en qué ciudades es más peligroso tomarse de la mano en la vía pública. Quizá la Copa ayude a cambiar las cosas. Lo merecen quienes todavía se sienten oprimidos en la tierra que hace un siglo prometió libertad e igualdad para todos y todas.