Tiene tantas caras como se lo proponga. Actor total de televisión, teatro y cine, sus papeles dejaron huellas inolvidables en la cultura argentina. Ahora, y paralelamente al estreno de El Lobista por Eltrece y TNT, dedica toda su energía a su otra gran pasión: la música.


Ricardo Riganti, Lombardo, Jorge Bergoglio, Alberto Granado, Mozart o Juan Manuel de Rosas. Rodrigo de la Serna es todo eso y mucho más. Con un carisma y una impronta únicos, es uno de los actores más representativos del teatro, del cine y de la televisión argentina de los últimos años. Sus papeles dejaron huella en la manera de hablar, en los gestos, en la forma de vestir de los espectadores. Algún personaje hasta fue estampa en remera y estandarte de agrupaciones políticas. Pero lo que muchos no conocen es su pasión por la música: desde hace más de doce años de la Serna forma parte de un cuarteto de cuerdas que le rinde homenaje a las raíces más profundas de nuestra cultura. El Yotivenco es un grupo de música criolla compuesto por Blas Alberti y Fabio Bramuglia en guitarras, Juan Pablo Díaz Hermelo en guitarrón y Rodrigo en voz y cuarta guitarra. Juntos, recorren el país con tangos, milongas, chamarritas y otros ritmos criollos. Hasta se animan a algún que otro candombe. Luego de patear y pasar la gorra todos estos años por teatritos y cafetines de la ciudad, junio los desafía a su mayor reto: la calle Corrientes. El 15 de junio a las 21, El Yotivenco se despide de su “Estilo Criollo” en el Teatro Ópera para luego meterse de lleno en otros horizontes, seguramente, con creaciones propias. Sin dudas, un desafío gigante para aquel chico que se crió en el empedrado del Bajo Belgrano y que entre almacén y almacén silbaba armonioso un tango del Polaco Goyeneche.

— ¿Cómo se preparan para el Ópera?

—Con mucho entusiasmo. Este es un proceso en realidad que venimos trayendo desde hace más de doce años, depurando un repertorio primero más porteño y después mucho más federal. Tradicionalmente hacemos milongas, tangos y candombes, algo bien rioplatense, en tres guitarras y un guitarrón, y luego empezamos a sumar litoraleñas, rasguidos dobles, chamarritas, gatos cuyanos y sonidos más norteños, chacareras, zambas. Nos sentimos muy parte de esta Patria Grande, tan profunda, e intentamos en cierto modo conectar con esas tradiciones, una cultura que nos constituye una identidad nacional. Esas poéticas tan marcadas, tímbricas, son un resumen de estos doce años del espectáculo “Estilos Criollos”.

— ¿Cómo es un show de El Yotivenco?

—Arrancamos siempre  las cuatro guitarras y después pasamos a un candombe más eléctrico, con bajo, batería y percusión. Más tarde aparecen los tambores, con coro de murga. Me doy el lujo también de cantar unos tangos con orquesta típica y al final salimos todos juntos con las guitarras, la orquesta, los tambores y el coro de murga a la calle para coronar una verdadera fiesta. La fecha del Teatro Ópera es la despedida de “Estilo Criollos”, la idea ahora es seguir por otros caminos, con composiciones propias. Así que sabemos que es una despedida bien grande, es un teatro enorme y los preparativos aún más. Que los ensayos con la orquesta, con todos los músicos, que la promoción; es una producción absolutamente independiente, entonces nos estamos haciendo cargo también de la prensa, de las redes sociales. Es una verdadera patriada, una épica durísima.

“La industria cultural se impone de manera muy vehemente. Somos una cultura muy vasta, muy profunda, muy diversa y me parece que soslayar ese tesoro que se amasó durante tantos años es un pecado mortal. Ahí si que la Patria está en peligro.”

— ¿Crees que van un poco a contramano de lo que impone la industria cultural?

— La industria cultural se impone de manera muy vehemente. Somos una cultura muy vasta, muy profunda, muy diversa y me parece que soslayar ese tesoro que se amasó durante tantos años es un pecado mortal. Ahí si que la Patria está en peligro. Hoy la cultura va por otro lado. No sé a que se debe, aunque seguro que a caprichos del mercado fundamentalmente.

— Así y todo, son muchos los jóvenes que recogen esa cultura y se encargan de mantenerla viva.

— Totalmente. Nosotros empezamos con Juan Hermelo, guitarrón hoy de la banda, tamborilero, de Palermo Viejo, ese Palermo sentimental. Nos encontramos por el 2000, éramos pibes de 20 años que escuchábamos y tocábamos la música de Buenos Aires principalmente. También tuvo mucho que ver el tema de las milongas en los 90, donde los jóvenes volvieron a recolectar un poco de aquellas raíces y empezamos a romper con esa imagen de los grandes valores del tango, del peluquín color zanahoria, de esa estética un poco más decadente del tango en la década del 70. Esas generaciones le dieron otra estética, lo rebautizaron, lo actualizaron.

— Por eso ahora es muy frecuente encontrar en géneros mucho más modernos algunos guiños y homenajes al tango, al folclore o al candombe y la chacarera. Divididos, su principal servidor.

— Divididos conectó muy profundamente el rock con todas esas raíces. Igualmente, fijate que el rock y el folclore sí pudieron encontrarse en un mismo espacio. Pero al tango y a la milonga le cuesta mucho más. Es algo muy raro. La música popular brasileña, por ejemplo, pudo conectar todo. La zamba profunda está siempre de fondo, hasta en cualquier tema pop de Caetano Veloso. Es el ritmo, la identidad que te da el ritmo, una identidad territorial. Y con el 2×4 todavía eso no pasó.

— Tu faceta musical es la menos conocida de tu repertorio. ¿De dónde nace?

— Empecé a estudiar guitarra a los 18 años con Gustavo Mozzi. De una fui con el tango. Siempre me atrajo la guitarra criolla, y, además, hubo, claro, una influencia familiar muy importante. Mi vieja es Licenciada en Arte, tenía una colección hermosa de discos que heredó de su padre, un melómano empedernido que no tuve la suerte de conocer. Me acuerdo de algunos de sus parciales donde ella, con cuatro o cinco compases, tenía que reconocer a qué periodo de la música pertenecía. Siempre había música en casa, clásica sobre todo. Y, después, el barrio. Me crié en el Bajo Belgrano, una zona muy milonguera, con calles de empedrados, almacenes en las esquinas. Todavía resistía esa nostalgia porteña aunque los noventa volaron todo. Los stud de caballos, vendedores ambulantes, las radios am. Incluso, de fondo, algunos acordeones. Pequeños atenuantes que fogoneaban mi parte arrabalera. Y, encima, después, el Polaco Goyeneche. La primera vez que lo escuché a los 17 años se me partió la cabeza. Fue algo epifánico. Ese decir, ese vibrar, esa orquesta –la de Raúl Garello-, y su fraseo tan profundo, me hablaban muy directamente. Fue algo que sucedió, mirá que yo venía al re palo con Luca, con Sumo, con Los Redondos, pero pasó otra cosa ahí. No dejo de disfrutar el rock, el jazz, la música brasileña. Pero el tango me despertó una identidad muy fuerte.

“Me crié en el Bajo Belgrano, una zona muy milonguera, con calles de empedrados, almacenes en las esquinas. Todavía resistía esa nostalgia porteña aunque los noventa volaron todo.”

¿Cuánto influye tu capacidad actoral en el rol de cantante y frontman del grupo?

— El actor le presta mucho al cantor. A nivel televisivo, yo aprovecho las cámaras y hago morisquetas que acompañan las milongas más humorísticas, más picarescas. Son guiños profesionales que seguramente tengan más que ver con la actuación que con el canto. Pero cuando uno canta tangos con orquesta, con poéticas mas hondas, uno ya se pone al servicio de la interpretación con cuerpo y alma, sobre todo a nivel vocal, donde más trabajo tengo.

¿Y viceversa? ¿El músico al actor?

Uso mucho el oído, observo con la oreja. A veces cierro los ojos y entiendo más de una persona cuando está hablando o respirando que si la estoy mirando. Me aporta mucho a la hora de componer un personaje, a la hora de confeccionar su discurso, sus inflexiones en el lenguaje, su manera de armar melodías en frases. Lo rítmico, también. Cómo se mueve una persona, cómo camina. El músico le devuelve casi lo mismo al actor.

¿Pero te sentís más cantor que actor?

—  No, yo soy fundamentalmente un actor y mi gran pasión es el teatro. Pero, bueno, El Yotivenco también es teatro. Hay un guión, funciono como maestro de ceremonias que está interactuando con el público, comunicando todo de la manera más poética y sintética posible. Es una bomba.

 Ya se estrenó la serie El Lobista (N. del R.: todos los miércoles por Eltrece a las 22:45, y luego se podrá ver también por TNT y Flow). Matías Franco, tu personaje, es un ex servicio de inteligencia que aprovecha su experiencia y sus contactos en aquella actividad para ganarse la vida sin trabajar. ¿Cómo fue el proceso de armado del personaje?

Muy intenso, de mucho trabajo. Tres meses de filmación, bajo la dirección de Daniel Barone, a quien conozco desde hace muchísimos años y con quien me siento muy a gusto trabajando. Es un gran director de actores más allá de lo técnico y además maneja un equipo maravilloso; El elenco, también. El guión es impecable, es una intriga política con suspenso, acción, hay de todo. Mi personaje, Matías Franco, un lobista profesional, gestor de intereses –para decirlo de un modo elegante-, un garca básicamente, que tiene llegada al Poder Legislativo, al Judicial, en el mundo empresarial y, bueno, saca suculentas tajadas de acuerdo a los negocios que va armando. Es, en cierto modo, un facilitador de negocios; un tipo que junta las partes y saca su provecho. Pero, bueno, en la trama vamos a ver cómo se va enturbiando cada vez más, vemos cómo la democracia está cuestionadísima, ¿no? Como un tipo con agallas y ambición pueda llegar a lograr por ejemplo que se modifiquen leyes que terminan afectando a millones de personas para su propio beneficio. Es una ficción, el acento está puesto en lo vincular, no en esta coyuntura política. Pero, sí, es el telón de fondo que genera las tensiones dramatúrgicas necesarias para que salga un programa muy interesante de ver.

Como en El Puntero, te volves a poner en la piel de alguien relacionado a la política.

Si, claro. Son programas que por ahí le prestan esa cuestión de fondo a la ficción, pero lo que está verdaderamente en juego es lo vincular. No son programas de denuncia, apuntan a ser algo entretenido nada más.


Próximas presentaciones de Rodrigo de la Serna y El Yotivenco:

15/6, Buenos Aires: Teatro Ópera

22/6, Mar del Plata: Teatriz   

29/6, Córdoba: Teatro Real

 

Las fotos son de Romina Gutierrez (@romigutierrez84)