Intenso, frenético, loco. “El Zurdo”, como lo conocen en Casilda, confió en su capacidad y se convirtió en el director técnico de la Selección argentina. Un sueño que empezó mientras trabajaba de cajero en un banco y que ahora, en Rusia, intentará coronar.


Jorge Sampaoli nació en Casilda, un pueblito de Santa Fe a 50 kilómetros de Rosario, donde trabajó 17 años en el Banco Provincia. Hijo de policía y peronista, fue un 10 zurdo aguerrido y metedor, hasta que una lesión de tibia y peroné, a los 19 años, no le permitió debutar en la primera de Newell’s, donde hizo las inferiores. Sin embargo, continuó despuntando el vicio de la pelota en la Liga Casildense: Aprendices, 9 de Julio de Arequito, Unión y Alumni.

Su visión de juego y su olfato táctico y estratégico lo convirtieron, rápidamente, en un técnico dentro de la cancha que entendía el partido y apuntalaba a sus compañeros con elementos para contrarrestar las virtudes rivales.

En 1991, Alumni perdió 3 a 0 contra Huracán de Chabás la primera final de la Liga. Mario Bonavera, el director técnico, tenía programado un viaje familiar a Bariloche que no podía cancelar ni postergar. Desesperados de cara a la revancha, los dirigentes optaron por ofrecerle el cargo a Sampaoli, que aceptó la propuesta, colgó los botines y automáticamente demostró que le sobraba pasta de entrenador. Pidió licencia en el banco y, a lo Bilardo, fue casa por casa para hablar con cada jugador. Modificó los horarios de entrenamiento y esa semana no existió otra cosa que la preparación de la revancha. Alumni forzó el tercer partido, lo ganó y salió campeón.

Su pasión por el fútbol es tan descomunal, que, ya retirado, emprendió una escalada con pocos precedentes y se transformó en director técnico de elite sin haber integrado planteles como jugador profesional. De las ligas amateur hasta la celebración desaforada del quinto hat-trick de Messi en la Selección (la noche de la sufrida clasificación a Rusia, en Quito frente a Ecuador), Sampaoli fue moldeando un perfil de entrenador obsesionado con “atacar todo el tiempo”.

Intenso, aplicado, loco, optimista, rebelde, luchador, ganador y estudioso, peregrinó seis años por ligas regionales hasta que en 2002 llegó a Perú para comenzar su carrera profesional en Juan Aurich. En ese país dirigió a Sport Boys, Coronel Bolognesi y Sporting Cristal. En 2007 bajó a Chile para entrenar al O’Higgins, y dos años después voló a Ecuador para hacerse cargo del Emelec, donde ganó su primer título, la Copa del Pacífico 2010. El 15 de diciembre de ese año firmó contrato con la Universidad de Chile y despegó: tricampeón local (Apertura y Clausura 2011 y Apertura 2012) y campeón de la Copa Sudamericana 2011, primer logro internacional del club.

A fines de 2012 asumió en la Selección chilena para continuar la revolución que su musa inspiradora, Marcelo Bielsa, había iniciado en el fútbol trasandino. Chile clasificó tercero al Mundial de Brasil. Derrotó 3 a 1 a Australia en el partido inaugural y 2 a 0 a España, el campeón vigente, que se fue nocaut en primera ronda. En la disputa por el primer puesto del grupo B, Holanda le ganó 2 a 0 y lo condenó a la llave del local. Después de un 1 a 1 eléctrico, Brasil lo eliminó por penales. Igualmente, luego del Mundial, se quedó para ser campeón, ante el pueblo chileno, de la Copa América 2015. El 4 de julio, en el Estadio Nacional, alcanzó el primer título oficial de la Roja nada más y nada menos que ante la Selección argentina del Tata Martino: 0 a 0 en los 120 y 4 a 1 en la definición por penales. Reanudada la eliminatoria, Sampaoli renunció a la Selección a comienzos de 2016 y le pagó a la Asociación Nacional del Fútbol Profesional de Chile 1,2 millón de dólares por no cumplir el contrato. En junio de ese año desembarcó en Sevilla, el club con más argentinos en Europa: Vietto, Joaquín Correa, Kranevitter, Franco Vázquez, Nicolás Pareja y Gabriel Mercado. Perdió la final de la Supercopa de Europa frente al Real Madrid y la final de la Supercopa de España frente al Barcelona, pero potenció a un equipo que se le plantó de igual a igual a los gigantes.

“Rockero desde la cuna, tiene tatuado en el brazo derecho el nombre de un disco de los redondos, Oktubre, y toma frases de canciones para dar ejemplos, contagiar a los suyos y estimular su imaginación.”

El 1 de junio de 2017 cumplió la meta de su vida: ser director técnico de la Selección argentina. Les contó a alumnos de una facultad de periodismo: “Cada vez que se canta el himno como yo lo cantaba en el colegio, me llena de emoción, es muy lindo”. Muy cuestionado por la prensa por utilizar la línea de tres defensores, también les explicó que la Argentina “no cuenta con laterales de elite que hoy estén preparados para jugar un Mundial”, aunque las urgencias de un plantel que en estos años vio pasar a Sabella, Martino y Bauza y padeció las improvisaciones y mamarrachos de la dirigencia indican que, finalmente, va a optar por defender con cuatro.

Rockero desde la cuna, tiene tatuado en el brazo derecho el nombre de un disco de los Redondos, Oktubre, y toma frases de canciones para dar ejemplos, contagiar a los suyos y estimular su imaginación. Seguidor de Charly, León Gieco, Bersuit, Callejeros y Divididos, hace algunas semanas levantó el teléfono y llamó a Reloj de plastilina, el programa de Juan Di Natale en Mega: “Hola, buen día, soy Jorge Sampaoli, los escucho todas las mañanas cada vez que voy a mi trabajo. Sé que hoy es el especial de La Renga y espero que me pongan un tema que me gusta mucho escuchar, ‘Triste canción de amor’. Aguante el rock”.

Con ese espíritu desenfadado, carismático y rockero, este terremoto de 1,67 se prepara para el 16 de junio, cuando la Argentina enfrente a Islandia en Rusia y las cámaras registren la locura en su máxima expresión y Sampaoli camine apurado hasta el límite del corralito, pegue la vuelta, aplauda como una foca, reclame y se fastidie, con la cara fruncida, los ojos ligeramente achinados, la pelada brillante y el chupín deportivo apretado a su andar frenético.

 

De Pizarrón

Editado por Planeta, el libro propone darle un marco al amplio abanico conceptual de las ideas y sentimientos de Sampaoli que giran en torno a la pelota. También se cuestiona el rol actual de los entrenadores y plantea la necesidad de retornar a las fuentes para que el fútbol vuelva a ser un juego.