Tiene un Oscar en su haber por coescribir Birdman y ahora vuelve a animarse a la dirección a gran escala de la mano de Animal. Hollywood, el #MeToo, el capitalismo, su familia y la nostalgia por Buenos Aires, la ciudad a la que siempre vuelve.


“A Víctor, Chia, Luciana, Amador y Torino. Y a toda la Argentina.” La enumeración salió de su boca en apenas segundos, los poquísimos que tenía frente al estrado de la entrega número 87 de los premios Oscar en la que se llevó con su equipo de siempre (Alejandro González Iñárritu, Alexander Dinelaris y el compatriota Nicolás Giacobone) la preciada estatuilla a Mejor Guión Original por Birdman. Ya pasaron más de tres años de aquel agradecimiento a sus padres, su mujer y sus hijos y mucho es lo que hay para contar de ese tiempo, aunque Armando Bo prefiere elegir una sola y bestial palabra para resumirlo: “Animal”. Tal es el título de su segundo largometraje como director que estrenará a finales de mayo en nuestro país y que tiene a un sorprendente (sí, siempre hay espacio para la sorpresa con él) Guillermo Francella como protagonista. También impactará Carla Peterson, lo mismo que una historia que, afirma Armando, salió de lo más profundo de sus entrañas. “Como cineasta me siento muy muy joven aún. Lo bueno es que el cine no es como el deporte, es una carrera bien larga, con lo cual tengo muchísimo por delante, por aprender y descubrir. Hoy creo que estoy más maduro, más profundo, y todo eso está en la película”, sentencia.

  –¿Y cómo la definirías?

–Por suerte, Animal es bastante difícil de definir. Le escapa a los géneros, va mutando, te lleva de un lado para otro. Tiene algo de thriller, de drama, toques de comedia… Hay muchas películas y series que respetan los géneros a rajatabla, pero a mí siempre me gusta ir más allá, mezclar los tantos. Si fuese un plato sería un asado con comida fusión peruano-japonesa, algo así. Fuera de broma, el otro día me preguntaba con qué película la relacionaría o referenciaría, y la verdad es que no pude encontrar ninguna. Eso me tiene muy contento. Es diferente, hoy hacer algo que escape de lo común es impagable. Y a mí me interesa eso. Me gusta jugármela, jamás iría a lo seguro.

–¿Podría rastrearse un cierto guiño a Breaking Bad en la trama? Lo pienso por esto del tipo normal (el personaje de Francella) que de repente se transforma en alguien muy distinto.

–Mmm, creo que es diferente, no habla de un hombre con su ego herido, que nunca ha tenido la reivindicación que merece, sino que es un poco más complejo. En cierto modo, es una película que habla del capitalismo, o de este capitalismo en el que lo material se volvió la norma y vara absoluta de la felicidad. No habla de empresas, claro, pero sí de un tipo que tiene todo lo que la sociedad siempre nos dice que hay que tener: un trabajo perfecto, una familia ideal, la vida ordenada, todo resuelto. Y de repente un problema físico le cambia toda su concepción del mundo.

–Alguien podría pensar eso de vos, que tenés el trabajo y la familia perfecta (y un Oscar, además).

–Sí, es posible, pero desde fuera todo siempre parece más lindo, ¿no? Yo también tengo mis crisis, mis momentos de locura, si querés. De lo que sí estoy convencido es de que lo material no es sinónimo de plenitud. En absoluto. Llevarme bien con mi vida, con mis hijos, mi mujer, mis padres. Todo eso es mucho más fundamental. Lo profesional aporta un montón, pero hace rato entendí que no es la fuente principal de felicidad.

–¿Te dijeron en este tiempo “cómo te vas a ir de Hollywood para filmar en Mar del Plata”?

–La verdad es que no me fui, tengo agente allá, mánager, abogado. Sí me parece interesante no estar un tiempo y dedicarme a full a esta película, que, repito, me representa en muchísimos sentidos. Creo que haberla hecho tiene un peso mayor que estar allá boludeando o yendo de reunión en reunión. A lo que voy es que no me interesa estar por estar, por formar parte de la industria. Ser un empelado de un estudio gigante en el que te tenés que batir a duelo por cada decisión artística no es muy mi estilo. No sirvo para tener jefes, la verdad.

“Como cineasta me siento muy joven aún. Lo bueno es que el cine no es como el deporte, es una carrera bien larga, con lo cual tengo muchísimo por delante, por aprender y descubrir.”

–¿Cómo viviste, conociendo la industria desde dentro, el #MeToo que sacudió a Hollywood?

–Creo que, en este tema, Hollywood es apenas un reflejo de lo que está pasando a nivel mundial, este cambio cultural en torno a la mujer que es realmente revolucionario y genial. No es sólo algo del cine, es del mundo entero. Como hombre uno tiene que aprender a acompañar este cambio.

–¿Reconocés sesgos machistas en vos?

–Sí, seguro que hay. Eran temas que no estaban en la mesa, en la educación de hace 20 o 30 años. Hay gente que incluso me pregunta por las películas de mi abuelo y por el sexismo ahí, y la verdad es que esa también era otra época. Seguramente tenga algunos parámetros machistas en la cabeza, la clave está en saber identificarlos y cambiarlos.

“#MeToo es apenas un reflejo de lo que está pasando a nivel mundial, este cambio cultural en torno a la mujer que es realmente revolucionario y genial. No es sólo algo del cine, es del mundo entero. Como hombre uno tiene que aprender a acompañarlo.”

–En Los Ángeles vivís en Venice, un barrio que se transformó en una meca hipster.

–Sí, viste cómo son estos casos, ¿no? Primero llegan los artistas, le dan onda al lugar, y después aparecen los que tienen plata y el barrio se transforma, se llena de cafés, restaurantes, empresas… La verdad es que estilísticamente es uno de los lugares más lindos del mundo, es muy loco lo que genera la conjunción de la playa y esa bohemia que te decía recién. Y estando además a minutos de Hollywood y de toda la industria del entretenimiento. Es muy loco.

–¿Te tiran tus raíces porteñas estando allá?

–Las raíces siempre tiran, pero ahora que tenemos hijos un poco más grandes (N. de la R.: Amador, de 8, y Torino, de 4) tiran más que nunca.

–¿Se adaptaron ellos a esa vida itinerante?

–Creo que sí. Siento que el músculo de la adaptación es de los mejores que podés tener bien entrenado. Yo mismo soy un hijo sobreadaptado y creo que eso me trajo muchos más beneficios que penas. La zona de confort suele ser muy peligrosa. Saber adaptarse en la vida es lo mejor que les puedo dejar.

–¿Te sentís en casa cuando venís?

–Sí, enseguida conecto. Por suerte conservamos nuestra casa de Vicente López, por lo que nunca tengo que ir a un hotel. Me encanta la Argentina y también me encanta haber salido de acá. Soy así, nómade por naturaleza, aunque tengo bien claro que esta es mi ciudad, el lugar al que siempre voy a querer volver.

–En esta era de tantos contenidos, ¿sos de ver series y películas?

–La verdad es que soy más de hacer que de ver. Cosa que tiene sus pros y sus contras. No estaría nada mal ver más series, creo que eso siempre nutre, pero lo que me sale es hacer, probar sobre la marcha. Obviamente, siempre que me engancho con algo me termino preguntando “¿cómo no lo hago más seguido?”. Últimamente me pasó con la película The Lobster (N. de la R.: La anterior del director Yorgos Lanthimos, el mismo de El sacrificio del ciervo sagrado) y con la serie Black Mirror. Pero sí, hoy en día hay tanta pero tanta cantidad de cosas que hasta la curaduría se volvió un arte.

–¿Y qué te despeja por completo?

–Jugar con mis hijos a los Lego en el piso. Suena trillado pero es la pura verdad.

Animal

Protagonizado por Guillermo Francella y Carla Peterson, este thriller dirigido por Armando Bo se filmó en Buenos Aires y Mar del Plata. Animal es una declaración sobre el estadio de la sociedad actual, donde el egoísmo, el dinero, las relaciones humanas y las diferencias sociales marcan el pulso. Joyita nacional, se estrena el 24 de mayo en todos los cines del país.