De la mano de las hamburgueserías gourmet y las cervecerías artesanales, un fenómeno artístico se encarga de embellecer la comunicación con el mundo exterior. Trazos y ornamentos, la moda del buen gusto.


Llegó –y se instaló– para hacer a un lado esos letreros de lona que con una abúlica Arial o una diabólica –y ya nunca más simpática– Comic Sans anunciaban que se hacían “fotocopias a $2”. El lettering, a diferencia de la caligrafía, tal vez, se acerca más al terreno de la ilustración. Digamos: las palabras, las letras o la frase del día pasan a ser directamente la obra en sí misma. No necesitan un complemento. A través de remates, trazos imposibles, serifas y un sinfín de detalles técnicos, lo que se enuncia/anuncia pasó a tener mayor relevancia y, sobre todo, buen gusto. “Es el arte de dibujar letras a mano o de forma digital”, según Maru Cian, diseñadora gráfica. Aunque no haya una fecha precisa del inicio de esta disciplina, los especialistas la remontan a fines del siglo VIII, a los primeros manuscritos ilustrados, que eran hechos a mano y decorados (iluminados) con oro, plata o colores brillantes. Hoy, sus 30 segundos de fama tienen que ver con la big band que forman con las hamburgueserías y cervecerías que invaden las veredas porteñas. “IPA + doble cheddar, doble panceta”, grita ese pizarrón multicolor, con ornamentos y florituras. Pequeñas obras de arte en cada una de sus letras. Pequeños artistas anónimos que nos pintan un paisaje mejor mientras decidimos qué birra nos vamos a tomar.