El chico del momento traspasó casi sin querer su figura de diseñador para convertirse en uno  de los personajes más histriónicos y divertidos de Instagram. ¿Cuál es su secreto?


Para las personas que salen por primera vez a la calle conmigo es como un shock. Para mí es algo natural que me miren, yo no doy bola, pero los que están al lado mío se quedan helados. A mí no me pasa nada con la mirada del otro, absolutamente nada. Estoy tan enfocado en mí que ni registro; no busco las miradas de la gente, no me generan nada”, cuenta sentado en un bar de Recoleta, luego de caminar tres cuadras desde el estudio hasta el café. Tres interminables cuadras para este cronista que nunca había caminado a su lado, con todo lo que eso implica.

–¿Siempre fuiste así?

–Fue un proceso. Yo siempre tuve la idea de que para hacer realmente lo que uno siente hay que bloquear un poco el alrededor. Siempre fui de cagarme en todo, nunca hubo una negociación en ese sentido. La autoestima fue un mecanismo de defensa, fue decir: o me tengo a mí o no tengo nada. Y bancármela, bancármela siempre venga lo que venga.

–¿Autoconfianza ante todo?

–Yo siempre me la creí, siempre me sentí un ser superior, te juro. Siempre me sentí elevado, entonces esa confianza medio desmedida, medio patológica, hizo que soporte toda la mierda que estaba viviendo en Ushuaia.

–¿Cómo era tu vida en Ushuaia, donde te criaste?

–Aburrida. Yo siempre fui curioso, extravagante, aunque me vestía muy normal porque no tenía opción. A los 17, cuando me vine a Buenos Aires, adquirí independencia económica y recién ahí empecé a vestirme como quería.

–¿Nunca sufriste bullying?

–No, a veces me pasa en la calle, generalmente con trabajadores de la construcción que se burlan por como estoy vestido o me gritan “¡puto!”, y yo me cago de risa, voy con mis auriculares y ni escucho, solo veo bocas hablando y ni idea lo que dicen. Yo siento que estoy en otro level como para preocuparme por esa boludez. Igual, a veces cuando estoy aburrido caminando por Once les contesto, les redoblo la apuesta y se quedan mudos.

“A MÍ ME ENCANTÓ HABER SIDO EL DISEÑADOR QUE LA ROMPIÓ EN LA UBA, PERO SIN RESPETAR UN CARAJO DE LO QUE ME IMPONÍAN.
ELLOS BUSCAN ALGO INTELECTUAL, Y A MÍ ME GUSTA PENSAR QUE YO REDEFINO EL CONCEPTO DE INTELECTUAL”.

–¿Eso lo lograste con trabajo, con terapia, o te nació así?

–No, fue muy innato, muy personal.

–Se te ve muy fuerte, como que te llevás el mundo por delante. ¿Qué te pone mal?

–A veces la cantidad de trabajo y el tener que cumplir con todas las obligaciones que se me presentan, sobre todo ahora que estoy como en un pico con mi carrera.

–¿Pero algo te angustia, te entristece?

–No, yo soy muy positivo, no tengo esa necesidad de bajonearme, como que siempre le busco una vuelta a las cosas.

–Venís de una familia de mormones. ¿Cómo toman ellos tu exposición? 

–Sí, soy mormón, re mormón. En mi familia son muy tranquilos, pero me dejaron ser quien era. Yo siempre hice lo que quise y me cagué en todo, no les di chance de nada, ¿qué me iban a decir?

–¿Qué estudiaste?

–Diseño de Indumentaria en la UBA. Un horror, lo detesto. Mucho plomo. A mí me encantó haber sido el diseñador que la rompió en la UBA, pero sin respetar un carajo de lo que me imponían. Ellos buscan algo intelectual, y a mí me gusta pensar que yo redefino el concepto de intelectual. Esta noción de que la moda es algo austero, cool, rebuscado, no tiene nada que ver conmigo. Fuck it, no way.

–¿Cómo hacés para que no te coma el personaje?

–Es una tarea que hago todos los días. Tengo tanta presencia como persona que debo tener cuidado con no pasarme de rosca. Es una lucha diaria. Lo importante es poner el foco en mí como diseñador: que hago ropa para pagar el alquiler.

–Porque muchos te ven más como un blogger, un influencer…

–Me mato, me suicido, me corto las venas. ¡Imaginate qué depresión vivir de Instagram!

–¿Te agarran ataques de ansiedad?

–Sí. A veces es tanta la atención que recibo que digo: “Basta, déjenme en paz”. Y empiezo a entender lo que sienten las celebrities cuando no quieren la foto.

–¿Y por qué te exponés tanto en tus redes?

–Es una especie de terapia, me encanta exponerme, lo hago con total naturalidad y nunca por obligación.

–¿Sentís que redefiniste el concepto de género a través de tus looks?

–Yo no tengo por qué sentirme mujer por ponerme un zapato con taco. Yo cuando empecé con el zapato de taco nunca lo hice por sentirme mujer, sino porque me arma el look que necesito para lo de arriba. Lo que uso arriba es tan espectacular que necesito mantenerlo abajo, no da usar zapatillas. Entonces la gente me ve como un pibe medio loco que no quiere ser mina, que solo es gay… Esa es la cuestión, redefinir que no tenés que usar una zapatilla para ser varón o viceversa. El pibe bien varón pero con accesorios de mujer es algo que antes no se veía, y hoy está más presente. He inspirado a mucha gente, hoy vas al Lolla y hay muchos Artemis de 17 o 18 años. Yo nunca tuve el problema de la autocensura: ¿me gustan unos zapatos o una cartera? Chau, me las compro y se van todos a la mierda. Ni registro el prejuicio exterior, ni me doy cuenta la verdad.

–¿Qué es para vos el éxito?

–Nunca me pongo a pensar en mi éxito; si es mucho, si es poco, si me falta… Yo siempre voy para adelante, sumando y sin metas estresantes. Mientras pueda seguir diseñando, viajar tranquilo y pagar el alquiler, ya está.

–¿Qué te da miedo?

–Justamente eso, quedarme sin plata para poder viajar o comprarme lo que quiero. ¡Qué horror! Suena re banal pero es así, ¡me mato!


Producción: Gimena Bugallo
Agradecimientos: Landmark (Arenales 1251)