Más que moda o tendencia, desconectarse ya es una necesidad. Los problemas que trae el uso excesivo del celular afectan las relaciones, la concentración, la productividad y, también, la vida social y el sexo. La dieta virtual para una desintoxicación digital.


El síndrome del burnout (cerebro quemado) llegó hace años para quedarse. Pero con él, también la necesidad de salir de allí. Si a eso le sumamos el síndrome de la vibración fantasma (escuchar que el celular suena cuando no es así) o la nomofobia (el miedo irracional a salir sin el celular, una ansiedad que afecta a más de la mitad de la población), estamos en problemas.

Paralelamente a estos males de la sociedad actual, surge un salvavidas: la desintoxicación tecnológica, la vida offline. Casi imposible pensarla en estos tiempos pero, entre ciertas cosas, implicaría: mirar recitales sin filmarlos, comer sin fotografiar cada plato, tomar un café sin postearlo en Instagram, salir a bailar sin contarlo y cruzar la calle sin mirar el celular o, simplemente, conversar con quienes tenemos enfrente.

En el mundo hay organizaciones destinadas a la desintoxicación digital. En los Estados Unidos está Digital Detox, cuyo eslogan es “Desconectar para reconectar”. En Gran Bretaña existe otra similar, llamada Digital Detoxing, que pregona que lo digital no necesita ser tóxico y genera ciertos ejercicios al respecto, como actividades de tres días de descanso digital.

Los números sintetizan este mal: según la consultora Deloitte, miramos el teléfono celular 47 veces al día y un 50% lo hace al menos una vez en el medio de la noche y a los 15 minutos de habernos despertado. Según este informe, estar conectados es más importante que el sexo, el chocolate y el alcohol.

Los expertos indican que con un día de desconexión total ya es suficiente para comenzar a relajar la mente y calmar la estimulación digital constante. En el Centro Cultural Recoleta, durante los viernes de noviembre, se realiza la performance “Nomofobia”, que consiste en una experiencia de 90 minutos donde los espectadores interactúan de otra manera, dejando en la entrada sus teléfonos celulares. Irónicamente, también hay herramientas digitales que van en esa línea: Checky es un rastreador de hábitos de uso del celular y funciona enumerando la cantidad de veces que desbloqueamos el dispositivo en un día. Otras similares son Mobile Addiction Meter o QualityTime, que propone (según la cantidad de desbloqueos diarios) límites y sugerencias para el descanso.

Un estudio de la consultora GfK realizado en 17 países, indica que los argentinos están en el tercer puesto de los usuarios menos desconectados del mundo. Por eso, ya existen aquí centros de tratamiento de adicciones a la tecnología, como reconectarse.com.ar, que ofrece especialidades para los siguientes problemas: infidelidad online, redes sociales, ciberacoso, sexting y adicciones al móvil en general.