Sus ideas modificaron para siempre la vida cotidiana en internet, pero su ambición lo llevó literalmente a otro universo. Carismático, provocador y elegante, el futuro de un planeta se define en su cabeza.


En YouTube, un video de la cuenta oficial de SpaceX, la empresa estadounidense de transporte aeroespacial más grande del mundo, transmite las 24 horas las peripecias de Starman: un robot de traje blanco, canchero, con un casco al mejor estilo Daft Punk, que, con el codo sobre la puerta y la mano derecha en el volante, maneja un Tesla rojo metalizado por las rutas y autopistas más inhóspitas y solitarias del espacio. Cada tanto, la imagen de la Tierra, luminosa e imponente, aparece allí en el fondo como único escenario. La pregunta es: ¿qué hace un auto ahí? La respuesta es obvia: Elon Musk.

Nacido en Sudáfrica, este inventor incansable vivió de chico en Canadá y luego se trasladó a los Estados Unidos, donde estudió física y administración de empresas. Un par de años después, en esa búsqueda inquieta y nunca menos revolucionaria, fundó su primera compañía exitosa: PayPal, un emprendimiento que cambió para siempre la manera de hacer transacciones por Internet y que vendería en 2002 a eBay por 1.500 millones de dólares. Ya sin el apuro por triunfar y con una cuenta corriente cada vez más abultada, Musk redireccionó todos sus proyectos, dinero y tiempo a su verdadera obsesión: el futuro de la humanidad. Fundó Tesla, entonces, para masificar la creación de autos eléctricos; ideó SpaceX para llegar –y llevar las creaciones de su automotriz– al espacio; creó SolarCity para que la energía solar se convierta en la principal fuente energética de los hogares. “El Tony Stark de la vida real”, lo llaman sus colegas y los medios de comunicación. Su parecido con el inventor de Iron Man no sólo radica en su capacidad creativa, sino también en la vida que lleva.  Su personalidad extrovertida, su actitud provocativa, su carisma y hasta sus trajes pegados al cuerpo lo acercan a su alter ego de la ficción. Y ni hablar de los rumores que lo relacionan con las estrellas más codiciadas del espectáculo a nivel mundial. Es el Iron Man sudafricano y, al igual que este súper héroe de acero, la misión es la misma: intentar salvar al mundo. O por lo menos, prepararlo antes de que sea muy tarde. “Mi obsesión con la conquista de nuevos horizontes tiene una razón muy concreta. Los humanos deben priorizar la colonización de Marte para que la especie pueda ser conservada en caso de una tercera guerra mundial”, asegura nuestro guardián intergaláctico.