Fue y volvió a ser la voz de Jane’s Addiction. Inventó el Lollapalooza para despedir a su banda porque quería liderar algo más grande que un grupo de rock. Hoy es empresario, productor musical y rockero implacable. Un inagotable creador de mitos y leyendas.


Una década antes de concebir el mayor festival de música moderna, Perry Bernstein, como era conocido en aquellos días, llegaba a Los Ángeles sin tener una idea clara de qué hacer con su vida. Era el hijo de un joyero del barrio obrero de Queens y huérfano de madre desde los tres años; sus gustos eran variados, sabía surfear y hacer joyas, pero su futuro era una incógnita. Fue su hermana mayor quien comenzó a influir en él transmitiéndole el gusto por la música afroamericana; luego su hermano lo iniciaría en el rock clásico, dándole su primera gran lección musical. A inicios de los 80, cuando el punk seguía reinando entre el público, se conformó frontman de Psi Com, su primera experiencia artística.

En 1985, Farrell conoció a Eric Avery y a su lado fundó las bases de lo que sería su banda de rock alternativo, Jane’s Addiction. En esa misma época, también, adoptaría definitivamente el nombre de Perry Farrell. Sin embargo, la primavera pareció durar sólo un lustro: la relación entre Farrell y su banda llegó a un punto de quiebre debido, en gran parte, a diferencias ideológicas relacionadas al uso de drogas y a la creciente adicción de Perry a la heroína. Para 1991 se había decidido ponerle fin a Jane’s, pero para eso se necesitaba de un contexto propicio. La respuesta a esto fue la organización del Lollapalooza, un festival itinerante que oficiaba de despedida y que incluiría otras bandas del under, como Living Colour, Siouxsie and the Banshees, Rollins Band, Nine Inch Nails, Butthole Surfers y Ice-T. La apuesta, que comenzó como un tour alternativo, acabó siendo el festival más importante de la actualidad, una suerte de Woodstock de la generación grunge.

“Ese mismo año, en 1991, me di cuenta de que iba a ser algo que excedería la despedida de Jane’s Addiction. Internet empezaba a gestarse como algo importante, Napster ofrecía música gratis a todo el mundo y las discográficas ya no pagaban las giras de las bandas. Lollapalooza nació como un mecanismo de supervivencia”, cuenta Farrell. Y era cierto, Lollapalooza se inventó el mismo año que la Word Wide Web, casi anticipándose a la revolución que traería implícita la globalización tecnológica.

Para 1991 se había decidido ponerle fin a Jane’s, pero para eso se necesitaba de un contexto propicio. La respuesta a esto fue la organización del Lollapalooza, un festival itinerante que oficiaba de despedida y que incluía otras bandas del under como Living Colour, Nine Inch Nails, entre otras.

Al término de aquella primera edición, Farrell estaba listo para borrarlo todo y recomenzar, pero la industria vio en ella el germen de algo gigante y lo aprovechó: “Amo la música, crecí viendo cómo mis ídolos musicales tenían sus propios aviones. Led Zeppelin tenía el suyo. Pero en ese momento me di cuenta de que así no iba a conseguirlo, porque la industria se estaba acabando y no había plata en ningún lado. Sabía que si colaboraba con mis pares y estábamos dispuestos a abrir las formas y que el pedestal se hiciera cada vez más grande, iba a salir bien. Si yo hubiera sido egoísta, Lollapalooza no habría durado”, dijo Farrell al respecto.

¿Pero a qué se debió tal éxito? Marc Geiger, cocreador del Lolla, explicó que en sus inicios el festival tenía su ojo puesto en el “indie, alternative y edgy rock” porque ahí se reflejaba una subcultura, en la que miles de fans se sentían alienados por la presión de los medios que constantemente intentaban decirles qué escuchar. En respuesta a esa tendencia, Lollapalooza enarboló su imperio, y aunque su esencia ha ido mutando levemente al sumar a las bandas mainstream, esto le permitió traspasar las fronteras del país del norte. En 2011 se organizó el primer Lollapalooza en Chile; por primera vez los límites se expandían y se allanaba el camino para otros destinos. Un año después le tocó el turno a Brasil; así, en San Pablo aterrizaron algunas de las bandas más importantes del mundo. A la gira sudamericana se sumó la Argentina en 2014 y fue amor a primera vista: hoy va por su quinta edición y tendrá por primera vez tres días consecutivos de shows. En 2015, Perry Farrell llevó su festival al viejo mundo: el Estadio Olímpico de Berlín fue el destino elegido para quebrar la frontera marítima y hoy cuenta con uno de los line up más increíbles de todos. Colombia quiso sumarse a la gran familia Lolla en 2016, pero la baja de Rihanna, la figura principal del evento, evitó a último momento que Bogotá fuera parte. Recién un año después, con la llegada del Lollapalooza a París, el festival alcanzó los seis eventos en un mismo año.

Farrell, la cara y el cerebro indiscutible del Lolla, una figura ligada no sólo a la esencia del rock, sino también a su producción y difusión, continúa hoy ampliando los horizontes de este megaevento mundial que parece no tener fin. En nuestro país supera año tras año la increíble cifra de 170 mil asistentes, y a esto suma la presencia del Kidzapalooza, el festival dentro del festival, orientado al público infantil.

Todavía queda mucha tela por cortar y parece que Farrell está dispuesto a continuar siendo el sastre de la música por varios años más.