Vik Arrieta y Pablo Galuppo son la pareja cool detrás de una de las editoriales más novedosas del país. Juntos en la vida y en el trabajo, llevan diez años revolucionando el mercado con sus cuadernos y diseños en un éxito que traspasa fronteras.

Se conocieron trabajando. Vik es ilustradora, hija de una familia muy ligada a la industria editorial y con un fuerte perfil en comunicación. Pablo es diseñador gráfico, especializado en el desarrollo de marcas. Su historia de amor es digna de una comedia romántica de Hollywood e incluye idas y vueltas que terminaron en un hermoso niño y uno de los proyectos editoriales más novedosos de la última década.

–¿Cómo nació Monoblock?

–VK: Pablo y yo trabajábamos desarrollando imágenes de marca y nos sentíamos muy limitados en nuestros deseos creativos. Después de un proyecto, recuerdo que sobró un pliego de papel y dijimos: “¿Si hacemos una libreta?”. Yo odiaba esos cuadernos anillados “universitarios”. Me preguntaba por qué, con tan buenos artistas que hay en el país, teníamos que sufrir esos rombos y paisajes.

–PG: Soy un fanático de la producción editorial y le puse mucho amor a ese cuaderno. Salió increíble. Se lo mostrábamos a la gente y nos decía “hagan algo con esto”. De ahí a Monoblock fue un camino de esfuerzo y aprendizaje.

–… y muchas ferias de diseño.

–PG: Las ferias fueron clave para nuestro desarrollo. Es el gueto, si teníamos aprobación ahí podíamos salir al mundo. Así que fuimos a una Trimarchi (Feria de diseño gráfico) con los primeros cuadernos a compartir un stand y ver qué pasaba.

–VK: Nacimos el mismo mes y el mismo año que Facebook, en febrero de 2004. Esto no es un dato menor porque Monoblock tiene mucho que ver con el uso de redes y la difusión en canales alternativos del arte, como las ferias. En aquel entonces Buenos Aires se estaba llenando de arte urbano y el flickr explotaba, ¿te acordás del flickr?

–PG: ¡Y la fotografía digital! Yo le hice a Vik su primera foto con una cámara digital y la intervine con una ilustración, algo que ahora un niño hace con cualquier celular. Creo que con la salida de la crisis de 2001 respirábamos arte y libertad, y de alguna manera logramos sintetizarlo en canales masivos que no estaban explotados.

–VK: Y con la colaboración de los artistas. Con la edición de los primeros cuadernos no teníamos para pagarles, así que les cambiábamos regalías con productos.

–¿Qué son los micro-contenidos?

–VK: Monoblock es un marco creativo para expandir el proceso de creación de otro. No se trata de espacios en blanco: hay frases, ilustraciones, diseño. Ese es nuestro contenido sintético y potenciador.

–PG: Nuestra batalla cotidiana en la creación es entre la forma y el contenido. Vik aporta los contenidos, yo aporto la forma. Y viceversa. Así vamos creciendo y diversificando, empezamos con cuadernos e hicimos libros, tazas, individuales, mochilas, remeras, lápices, agendas, naipes, de todo.

–¿Y qué pasó cuando se cruzaron con Liniers (el ilustrador Ricardo Siri)?

–PG: Digamos que fue la segunda etapa de la editorial. A través de Ricardo llegamos a más gente con unos productos increíbles que incluían lo mejor de él, su trazo y su mirada del mundo, que se complementa a la perfección con la nuestra.

–VK: También él logró llegar a otro público, o a su público tradicional pero de otra manera con nosotros. Salió del lugar clásico de la tira o el libro para llegar con otros formatos. Me acuerdo de una feria que hicimos en conjunto con la editorial que tenía Ricardo, los cuadernos se vendían como pan caliente, rematé la última caja en 5 minutos.

–¿Cuál es el futuro de Monoblock? 

–VK: Ahora estamos viajando a Perú, donde abrimos dos tiendas. Tenemos un socio de mucha confianza y los productos tienen excelente aceptación.

–PG: Y nos gustaría replicar ese modelo en todo Latinoamérica. Siempre trabajamos con artistas de varias partes del mundo y, entonces, por qué no llevar los productos de vuelta.