La nueva embajadora de la marca deportiva Under Armour ahora sí disfruta de su presente. Luego de tres años de pelear contra la angustia y sobreponerse a su retiro del hockey, la mejor jugadora de la historia para la bocha y redirecciona su vida sin ayuda de su stick. Nuevos proyectos, otras metas y el deseo, algún día, de ser madre.


Disfrutar. En una hora de entrevista va a repetir ese verbo 17 veces. Casi automáticamente, sin darse cuenta, lo pronuncia una y otra vez. Su sonrisa también lo advierte. Luciana Aymar ahora sí pasa un buen momento. Luego de tres años llenos de angustia e incertidumbre, Lucha se permite reír. El retiro de la mejor jugadora de la historia del hockey quedó atrás. Lo que no se borran son las cuatro medallas olímpicas, los dos mundiales conseguidos y los ocho títulos de MVP. Ahora, los recuerda feliz. Ella era el hockey. No conocía otra cosa y tampoco nadie la había preparado para cuando su cuerpo dijera basta. Sin embargo, otra vez, dribleó las adversidades. Como en el gol maradoniano contra China, pasó todos los obstáculos. Hoy disfruta. Instalada en Chile junto a su pareja, el ex tenista Fernando González, vive el día a día. Viajan, conocen, se entrenan, sueñan. Hasta se permite pensar en algo que por la exigencia de ser la mejor de todas por tantos años consecutivos tuvo que postergar: la posibilidad de ser madre.

–A tres años de tu último partido como profesional, ¿cómo llevás el proceso de
tu retiro?

–Recién ahora viendo la luz. La pasé muy mal, muy triste. Ahora sí estoy bien. Relegué muchos aspectos personales mientras jugaba, y cuando todo eso terminó me di cuenta de que me faltaba muchísimo por aprender de la vida o, mismo, de Luciana mujer. El hockey era mi segundo terapeuta. Le dediqué tanto que sentía que podía transmitir mis emociones por medio del palo y la bocha. Como me costaba mucho hablar, todo lo expresaba en la cancha. Fue mi mejor amigo durante todos estos años. Y cuando desapareció, entré en desesperación. Necesitaba algún manual que me explicara cómo seguir. Estaba muy perdida en ese aspecto. Y hoy, por suerte, me siento más tranquila. Estoy disfrutando las cosas, eso, disfrutar. Un viaje, una relación, una salida con amigas, una película en casa.

“Relegué muchos aspectos personales mientras jugaba, y cuando todo eso terminó me di cuenta de que me faltaba muchísimo por aprender de la vida o, mismo, de Luciana mujer.”

–¿Cuáles son esos aspectos personales que postergaste por la alta competencia?

–Pensamientos más allá de los laborales. Mi pareja, por ejemplo. No digo que no haya tenido buenas relaciones o no haya conocido personas increíbles, pero el hockey siempre era más importante. Cambiaron mis objetivos, ya no son profesionales sino meramente personales.

–¿Y ser madre?

–Sí, obviamente. Es uno de los proyectos que recién ahora puedo empezar a pensar. La verdad es que me encantaría ser mamá pero ahora trato de disfrutar de la vida en pareja que llevo con Fernando.

–Entonces, ¿para ser la mejor es necesario ese diferimiento?

–El deportista de alto rendimiento se retira muy joven. Yo lo hice a los 37 años, y eso que jugué mucho más de lo normal. Toda tu energía, tu enfoque, tu tiempo están dedicados a evolucionar como atleta. Realmente no hay posibilidades de matizar los dos mundos. Van en direcciones opuestas. Y cuando decidí dejarlo, lo sufrí mucho. Nadie te prepara para un momento así. Intenté hacer otras cosas para salir del hockey. Tuve muchas posibilidades y ofertas en
televisión que me encantaron pero nunca sentí realmente que fueran lo mío. Era más que nada tapar el problema y no hacerme cargo del proceso de angustia y tristeza que conlleva. También juega un papel muy importante el tema del ego. Me tocó ganar en muchas ocasiones y estar en lo más alto del hockey durante mucho tiempo. O sea, ayer eras todo y hoy no sos nada. Es muy complicado, muy difícil de aceptar. Necesitaba transitarlo para poder superarlo.

–¿Pudiste disfrutar tu última etapa como jugadora?

–Como nunca. Cada entrenamiento, cada torneo, cada minuto en cancha los viví a
pleno. Mi cabeza sabía que esto estaba por terminar pero mi cuerpo la engañaba. Me sentía íntegra, diez puntos. Por eso también fue tan difícil. Pero, bueno, ya era hora de dar un paso al costado, y qué mejor que hacerlo luego de haber obtenido el Champions Trophy de Mendoza.

–¿Cuándo te diste cuenta de que había una intención de cambio para salir de esta situación de angustia?

–Son pequeños pasos todos los días. Por ejemplo: hoy trato de enfocarme en comer un poco más; mañana me levanto más tarde de la cama; a la noche salgo con mis amigas. Son acciones muy chicas que sirven mucho para cuando tocás fondo. No podés pensar: “Me largo a conducir un programa de televisión o me pongo a actuar en una novela”. Sería imposible. Hay un vacío tan grande dentro de una que no se llena de esa manera. Por eso cada avance que fui haciendo, cada decisión que tomé fue tan importante. Una situación muy típica es la de, al principio, salir a comer en jogging. Después te das cuenta de que te pusiste un jean, otro día te maquillaste y al tercero te mirás en el espejo y decís “guau, qué cambio”.

–Cuando David Nalbandian decidió dejar el tenis, lo primero que dijo fue: “Ahora quiero conocer Europa”.

–¡Lógico! Todo el mundo piensa que el deportista conoce casi todo el mundo. No es así ni en lo más mínimo. Los viajes, los torneos afuera, eran todos del hotel a la cancha y de la cancha al hotel. No tenés tiempo de otra cosa. Ahora sí puedo realmente conocer. Disfruto mucho los viajes que hacemos últimamente con Fernando.

–¿Cómo es una relación entre dos deportistas de elite? ¿Son competitivos hasta para mirar una serie?

–Venimos de dos deportes muy diferentes e igualmente tocamos varios puntos en común. Fernando es una persona muy compañera, muy solidaria. Obviamente, tiene sus cositas de tenista. Hay que tener en cuenta que ellos son ellos y nada más que ellos. Yo antes de abrir la heladera le pregunto mil veces si él también quiere tomar algo. El tenista va y se lo saca para él, punto. Del mundo de donde yo vengo, todo se comparte, todo es un equipo. Pero Fer lo lleva bárbaro. Coincidimos también en que cada uno necesita de su espacio y su tiempo. Él tiene toda su vida en Chile y yo recién me estoy acomodando ahí. Pero, bueno, la verdad es que estamos muy bien. Me ayudó mucho en este proceso de retiro porque a él le tocó vivir lo mismo. Es más, lo sufrió un poco más, porque dejó el tenis siendo más joven que yo, a los 31. Fue un sostén muy importante y me empujó para salir adelante.

–¿Tuviste alguna propuesta firme para formar parte de algún proyecto que apueste al crecimiento del hockey en la Argentina?

–Sí, justamente estoy en eso. Hablando con dirigentes para ver si se pueden hacer algunas cosas con la Confederación [Argentina de Hockey]. Ojalá se abran y dejen que nos metamos. A veces la dirigencia es muy celosa de sus deportistas. Hay infinidades de cosas para hacer. Las Leonas son un material enorme en todo sentido: esfuerzo, sacrificio, ejemplo deportivo, humildad, grupo, belleza. Desde que tengo uso de razón, nunca estuvo muy bien explotado. Pensá que fuimos campeonas del mundo en dos oportunidades y obtuvimos cuatro medallas olímpicas. No sé qué más se necesita para tomar dimensión de lo que hicimos. Hay hockey en todos lados: en las escuelas, en las villas, en los clubes. Y cada vez hay mejor nivel. Bueno, los casos de Delfi [Merino], que salió MVP por lo que hizo el año pasado, y Majo [Granatto], elegida “Estrella emergente” (mejor jugadora del mundo sub-23) por segunda vez consecutiva. No tenemos excusas, esto tiene que explotar.

 


PRODUCCIÓN: Gimena Bugallo

MAKE UP: Greta Mura para Juicy Make Up con productos L’Oréal París.

PEINÓ: Yvanna Cella para @bertranhair

AGRADECIMIENTOS: Under Armour, Natalia Antolin, Número FI, Lu Boloque.