Tiene 23 años y es, sin duda, el protagonista de la escena indie local. Hijo de padre y madre artistas, su música trasciende sentidos y cada show que realiza es un capítulo totalmente diferente al anterior. Luego de un sinfín de recitales durante el verano porteño, entró en el estudio para terminar de grabar su segundo disco. Evidentemente, esto recién empieza.

No pasa a menudo. Tal vez cada puñado de años. Pero cuando ocurre, es contundente. Se trata de elogios y recomendaciones que dan vueltas por los pasillos y calles de la ciudad, generando un fenómeno que va más allá de cualquier plan de marketing o difusión digitada desde arriba. Se trata del boca a boca, y en el mundo de la música el más reciente artista en gozar de esta situación se llama Louta. Durante el último año se habló de su actuación en el Lollapalooza, sus increíbles shows en Niceto, el arranque de la reciente temporada de verano en Ciudad Cultural Konex y, hace pocos días, el festival Buena Vibra.

Y no es para menos: sus recitales van más allá de una sucesión de canciones pop con elementos de electrónica, rap, cumbia y rock, porque en cada tema roza momentos de performance teatral y multimedia. No duda en apelar a una pista pregrabada, pero también puede tener instrumentos en escena. Utiliza decorados como si fuera una puesta teatral. Llena el escenario de personas que cantan y bailan. Se sube a una esfera transparente y se desliza sobre las cabezas de la gente. Es hipnótico, cautivante y, por sobre todas las cosas, original.

Louta en realidad se llama Jaime James. Tiene 23 años y un linaje artístico importante: su padre es Diqui James, ex La Organización Negra y creador de las compañías De la Guarda y Fuerza Bruta, y su madre es Ana Frenkel, bailarina, coreógrafa y fundadora de El Descueve. Sacó su primer álbum en 2016 y lo presentó en vivo durante todo el año pasado, provocando una sensación en el under que pronto rompió las barreras del artista de culto y se convirtió en toda una revelación. No deja en claro si Louta es su nombre artístico o una suerte de marca que engloba todo lo que hace. De todas formas, la gente que lo rodea le dice “Jaime”, a secas, evitando la clásica disociación persona/personaje.

–¿Sentías que se iba armando un boca a boca entre la gente y en las redes?

–Sí. Y eso lo recibimos re-tranca. Nosotros estamos enfocados en lo artístico y en generar algo fuerte. Está buenísimo. Las cosas buenas que dicen te dan aliento para hacer cosas mejores.

 

“Siempre supe que quería hacer algo re-potente, no sabía qué. La música es la forma que encontré de generar esa potencia. El tema era encauzarla”.

 

–¿Cuál fue para vos el primer recital grande? Muchos mencionan los Niceto…

–Al toque de sacar el disco tocamos en el Lollapalooza pasado, el de 2017, y ese fue un show muy potente. Después tuvimos un par de fechas en Niceto, como festivales y cositas, y algunos fueron muy grossos. También tocamos en Córdoba, que fue un momento grosso porque vimos que ahí había un arengue sarpado. El año pasado tocamos dos veces en Casa Babylon y una vez en el festival Nueva Generación en el Club Paraguay. Y ahora tocamos en el Cosquín Rock. Acá hicimos dos veces Niceto en un mes y eso fue sarpado. Así se fue construyendo todo esto.

–Contame un poco cómo fue tu época de DJ y cómo empezaste.

–Al final del secundario empecé a pasar música porque me copaba la música electrónica. Después me empecé a copar pasando música no tan electrónica porque me llamaban de diferentes lugares que querían que pasara otras cosas y me di cuenta de que me gustaba hacerlo. Incluso hice una fiesta que yo mismo organicé. Creo que ahí surge sentir mucho la pista y componer desde ese lugar, porque antes hacía más bien canciones. Surgió una música más sensorial.

 

“Pasaba música en diferentes lugares, desde casas de amigos hasta lugares de mil personas. Al sentir la pista desde otro lugar empecé a entender la forma de las canciones y los sonidos”.

 

–¿En qué lugares tocaste en esa época y dónde fueron esas fiestas?

–Pasaba música en diferentes lugares, desde casas de amigos hasta lugares de mil personas. Al sentir la pista desde otro lugar empecé a entender la forma de las canciones y los sonidos.

–¿En ese momento ya sabías que querías hacer eso y que era más que un hobby ocasional?

–Siempre supe que quería hacer algo re-potente, no sabía qué. Sigo siendo la misma persona y me gusta generar cosas potentes que pueden ser un tema u otra cosa. La música es la forma que encontré de generar esa potencia. Siempre supe eso; el tema era encauzarla.

–¿Cómo la pasabas en esos primeros shows donde ya no eras solamente DJ?

–Era bastante un ejercicio de ponerme en el lugar del espectador y entender qué necesitaba la persona que estaba ahí en el show. También sentir qué me iba pasando a mí con las canciones y meter cosas nuevas que se me iban ocurriendo.

 

–¿Te cambia si es en un lugar cerrado o abierto, de día o de noche?

–El show va bastante igual. No es que lo recontramodificamos. Lo que por ahí cambia es lo que pasa un poco alrededor. Quizás la música tiene otra forma de despegar. Lo que tiene de lindo tocar al aire libre es que se siente una sensación linda con la gente que está, y la gente se mira más entre sí; hay algo de comunión ahí. Y un poco lo que se pierde es la presión sonora y las luces.

–¿Cuando armaste el disco ya te imaginabas el traslado al vivo?

–No. Eso pasó en el momento en que hubo que resolver el vivo. Yo confío bastante en que esa fuerza tiene que resolver cosas. En ese momento surgen creatividades, al tener que resolver algo.

–¿Qué recitales de otra gente te marcaron?

–Me acuerdo de Calle 13, cuando al principio tocaban en Colegiales y había muy poquita gente, y el pibe se la re-bancaba ante mil personas.

–¿Eras de ir a recitales?

–Sí, mucho. Pero más allá de eso creo que influyen un montón de cosas que no tienen que ver solamente con los recitales: películas, libros, la vida.

–Contame cómo es la influencia y el apoyo familiar en todo lo que hacés. En una familia de contadores y abogados quizás sería más difícil tener apoyo.

–Con mis viejos somos aliados. Todo el tiempo hablamos de lo que estamos haciendo y me superayudan con un montón de cosas. Vi mucho backstage, estuve cerca de muchos procesos de mi viejo como director y aprendí mucho.

–¿Te gusta más el proceso de armado o el show en sí?

–¡Son diferentes cosas! Es como que te pregunte si te gusta más cocinar o comer. La idea es hacer el show lo más potente que pueda y transportarlo. El desafío técnico es que sea transportable. Un show lo hace cualquiera, pero lo difícil es poder llevarlo por todo el país. En un momento, por ejemplo, me di cuenta de que me gustaba más que la música saliera por pista. Siempre fui DJ y me gustó más esa presión sonora, porque iba a ver bandas y después empezaba el DJ y decía “Uy, mirá, el DJ suena mucho mejor que la banda”. Me gusta esa presión, me gusta rapear arriba, me gusta cantar arriba, me gusta hacer un show recontravisual, y así fui entendiendo lo que quería hacer.