Hace unos pocos años sonaba lejana y desconocida. Hoy es uno de los destinos de moda para europeos, americanos y asiáticos. Björk, una Selección de fútbol a pura garra vikinga o Justin Bieber corriendo desnudo por uno de sus acantilados son algunos de los ejemplos que han puesto a este país en la mira del mundo.


Cada esquina de Islandia es fotogénica para abarrotar nuestro Instagram de #InspiredByIceland, el hashtag oficial de este pequeño gran país. Sin duda, descubrir su belleza única y pura es la mejor promoción que puede haber. El boca a boca genuino y las redes sociales harán el resto.

Por la carretera circular

Hielo, icebergs, glaciares, montañas, volcanes, fumarolas, cascadas, playas, ballenas y géiseres. Todo esto puede encontrarse sobre la misma Ruta 1 o “Ring Road”, que permite dar vuelta el país en un lapso de siete a diez días. La recomendación, entonces, es alquilar un auto y salir de roadtrip siguiendo el sentido contrario a las agujas del reloj. Sabiendo que el transporte público es escaso y no existe el tren, rentar un auto o un motor home son las opciones más acertadas para una aventura inolvidable que nos permitirá ir parando donde y cuando más nos guste. Los guesthouses del camino serán los lugares más hospitalarios y convenientes en precio para descansar. Con sus decoraciones nórdicas minimalistas, simples pero acogedoras, los visitantes se sentirán en casa cada noche.

El Círculo Dorado es un imperdible de Islandia. Especialmente recomendado para quienes no se animan a alquilar un auto para recorrer el país por su cuenta, este es uno de los tours más populares desde Reikiavik, la capital. La variedad de paisajes que ofrece Islandia queda evidenciada en este recorrido: el encuentro con nuestra primera gran cascada (el Gullfoss), el géiser Geysir y la cascada Seljalandsfoss. Caminar por el Parque Thingvellir es el gran orgullo nacional que no debemos pasar por alto. Allí podrán verse los primeros caballos vikingos, esta especie melenuda que solo se encuentra en Islandia y parece salida de un cuento de aventuras.

En el país donde los nombres son impronunciables y Dios decretó canilla libre de cataratas, nombrarlas es tan solo un ejercicio para poner en evidencia la magnificencia de la naturaleza con la que nos encontraremos a cada kilómetro. Skógafoss, Godafoss, Selfoss, Svartifoss, con sus columnas de basalto, o el furioso Dettifoss, con su entorno marciano, son algunas de estas foss (o cascadas, si a esta altura vale la aclaración) que pueden divisarse desde la ruta con su inconfundible bruma.

En el punto más austral de la isla aparecen las playas de arena negra de Vik. Sacarse las botas de trekking y pasear descalzos por la costa es un break refrescante mientras jugamos a divisar a los famosos frailecillos en la zona del acantilado en forma de arco de Dyrhólaey.

Siguiendo camino hacia el sureste nos encontramos con el glaciar Vatnajökull (el mayor de Islandia y el segundo de Europa) y los que están en el Parque Nacional Skaftafell, para terminar en el lago glaciar Jökulsárlón, cargado de inmensos icebergs que desembocan en una furiosa playa negra.

A medida que nos acerquemos al norte, comenzaremos a disfrutar los famosos fiordos, los acantilados y las costas infinitas. Para tomar un descanso, otro must será la zona del lago  volcánico Myvatn, con sus baños termales al aire libre con propiedades curativas, mientras se disfruta una cerveza local.

Terminar la gira en Reikiavik será todo un placer. Aquí podrán visitar la iglesia Hallgrímskirkja  –con su estilo que simula los famosos basaltos–, ir a la ópera-centro de conciertos en el Harpa, tan bella de día como de noche, y disfrutar de la buena gastronomía, la vida nocturna y la gente amable en un entorno que aún mantiene un ambiente de pueblo familiar. Dato imperdible: hay que aprovechar la cercanía del Blue Lagoon, el baño termal más famoso del país, para coronar un viaje que seguro quedará en el tope de tus recuerdos.

Aurora boreal o sol de medianoche

Bonus track

Los amantes del buceo podrán practicar este deporte en las aguas de deshielo glaciar más cristalinas y puras de la grieta de Silfra, entre las placas tectónicas de Eurasia y América. En la parte más angosta de la falla, ¡podremos tocar los dos continentes a la vez!