Esta nueva costumbre nórdica encuentra en la naturaleza un modo de conexión para disfrutar y sentirse bien. Pasear por el campo, juntarse en una plaza, dormir a la intemperie. La felicidad, a metro de casa.


Una caminata por el bosque, un día en el campo, un paseo en bicicleta, un viaje a bordo de un velero o un picnic en el parque más cercano. Todos estos programas al aire libre suenan relajantes, pero el friluftsliv da un paso más. No se trata solo de pasar tiempo puertas afuera sino de realmente conectar con la naturaleza. Después de difundir el hygge, la tendencia danesa que celebra lo acogedor del hogar, los escandinavos proponen al mundo otra de sus costumbres arraigadas: friluftsliv es la filosofía que realza la inmersión en el entorno, un vínculo profundo con el paisaje que genera beneficios emocionales para el ser humano. Más allá de que ahora se popularice en otras tierras, la expresión no es nueva: el poeta noruego Henrik Ibsen, autor de Casa de muñecas, ya lo utilizaba a mediados del siglo XIX para contar la importancia de pasar tiempo en lugares remotos en busca del bienestar. Su terminología, literalmente, significa “vida al aire libre”. Aunque desde este lado del mundo podamos pensar que en Noruega, Suecia y Dinamarca el frío impide llevar una vida placentera afuera, esto no es así. El contacto con la naturaleza es muy importante en su vida diaria, más allá del clima. Unos minutos bajo el cielo siempre son bienvenidos.

Se trata, en el fondo, de encontrar tiempo de calidad para uno mismo. Disfrutar de una manera consciente, respirar aire puro y transformar eso en un impulso de energía y bienestar personal.

En torno a este concepto hay clubes que organizan actividades, las empresas alientan a cultivar estas costumbres (suelen tener horarios flexibles de trabajo) y, por ejemplo, hay referentes en redes sociales que muestran los mejores lugares o propuestas para disfrutar, como @vandringsbloggen. Más allá de los fines de semana, cuando los nórdicos pueden disfrutar de su ocio sin horarios ni rutinas, el friluftsliv está presente en el día a día, desde la elección de cómo llegar al trabajo (en dos ruedas), el lugar para encontrarse a almorzar –una plaza suena ideal– o para planear un after office, que puede ser, por ejemplo, un encuentro a la orilla de un lago o una sesión de ejercicios outdoors. Aunque se puedan enumerar planes al aire libre, esto va más allá: “Friluftsliv no es una actividad o un programa de actividades con un estricto objetivo, es un estilo de vida y una filosofía”, dice el estudio The Scandinavian Philosophy of Outdoor Life.

Se trata, en el fondo, de encontrar tiempo de calidad para uno mismo. Disfrutar ese tiempo de una manera consciente, respirar aire puro y transformarlo en un impulso de energía y bienestar personal.