Esta variante del paracaidismo se vale de un traje aéreo para cumplir el sueño de volar como los pájaros. Reservada sólo para expertos, se convirtió en fenómeno mundial gracias a las imágenes de los pilotos que planean sobre los paisajes más espectaculares.


Los videos se viralizaron en YouTube. Comienzan con unos tipos con una suerte de mameluco parados al borde de un precipicio. Abren los brazos, despliegan alas como pájaros y saltan al vacío para surcar el cielo.

La práctica del w ingsuit flying (vuelo en traje aéreo) deriva del paracaidismo y se divide, a su vez, en dos grandes disciplinas con perfiles de riesgo muy distintos: en la primera, la más tradicional, se salta desde aviones; la segunda, para niveles avanzados, se combina con salto BASE o proximity – saltos que se realizan desde los cuatro puntos fijos y elevados en la tierra: Building (edificios); Antenna (antenas); Span (puentes) y Earth (acantilados o montañas)–. En todos los casos, la experiencia culmina con la apertu ra de un paracaídas casi al final del vuelo.

Los “hombres pájaro” pueden alcanzar los 200 kilómetros por hora en pocos segundos, mientras el récord mundial de velocidad, en manos del norteamericano Joe Ridler, es de 375 kilómetros por hora. Alejandro Montagna, paracaidista experimentado que desde hace una década practica esta disciplina en su faceta tradicional en la Escuela de Paracaidismo de Lobos, explica que el wingsuit trad icional comenzó a practicarse en la Argentina a principio de los 90, y hace aproximadamente unos diez años se empezó a combinar con el salto BASE.

“Es la sensación de vuelo humano más pura que existe. No hay nada que se compare, ni el vuelo en parapente, en paramotor, en aladelta o en globo aerostático. El efecto de libertad que te brinda el wingsuit mientras planeás por el cielo y experimentás la velocidad y la impresión de avance es único”.

“Es la sensación de vuelo humano más pura que existe. No hay nada que se compare, ni el vuelo en parapente, en paramotor, en aladelta o en globo aerostático. El efecto de libertad que te brinda el wingsuit mientras planeás por el cielo y experimentás la velocidad y la impresión de avance es único”, cuenta Montagna.

Vale aclarar que, en términos estadísticos, el paracaidismo es un deporte bastante seguro, menos peligroso de lo que a menudo se cree, aunque las estadísticas se desmoronan con los practicantes de wingsuit que realizan salto BASE. Según las estadísticas publicadas por la United States Parachute Association (USPA), en los Estados Unidos se realizan unos tres millones doscientos mil saltos de paracaidismo tradicional por año, de cuales 500 mil se efectúan en tándem (es decir, enganchados de un instructor). El promedio de muerte de los últimos diez años es de 22,4 por año. Algo así como un accidente cada 125 mil saltos. Sin embargo, se estima que combinado con el salto BASE es unas diez veces más peligroso que el salto común.

En los últimos años la disciplina ha evolucionado enormemente, impulsada por los principales fabricantes de trajes, que compiten por el merc ado de pilotos para ver quién logra el diseño más rápido. Por estas tierras la tendencia viene creciendo con lentitud; Montagna calcula que quienes practican la disciplina de forma activa (aquellos que realizan de 50 a 100 saltos por año) son unos 15, un porcentaje bajo en un universo de más de 200 paracaidistas en la Argentina. Sucede que además del precio del traje, que ronda los 2.000 dólares, no es una actividad abierta al público, sino reservada para paracaidistas expertos. Los aeródromos locales donde se practica wingsuit exigen certificar un mínimo de 250 saltos en paracaídas tradicional antes de poder lanzarse a volar con los pájaros.