Regresos, apuestas, sucursales de éxitos ya probados, locales con el vino como protagonista. Los emprendimientos culinarios del año tuvieron de todo y para todos. En esta nota, sólo una muestra de lo mucho y muy variado que ofreció 2017 en la materia.


Son casi 20 locales, entre restaurantes y bares. De algunos ya nos ocupamos en esta sección (Uptown, Bar de Carnes) y otros llevan meses perfeccionándose. También los hay de muy reciente inauguración pero ya con una identidad definida, y quedan un par que prometieron abrir sus puertas antes de que el año termine (Tanta, enclave de Gastón Acurio; Niño Gordo, o la cocina del sudeste asiático según los responsables de La Carnicería y Xori). Lo cierto es que Buenos Aires sigue renovando su escena gastronómica con apuestas fuertes que el corazón sibarita porteño agradece. Aquí, cinco de las más destacadas del año.

Narda Comedor

La vuelta de Narda Lepes al restaurante propio no podría tener un sello más personal: materia prima argentina excepcional  –con acento en los vegetales– de estricta trazabilidad controlada y productores con nombre y apellido; una apuesta total a combinaciones que realzan los sabores puros de cada ingrediente; la búsqueda de un comensal cómplice que se entregue sin reparos a una gastronomía tan simple como sofisticada, y un ambiente cálido, limpio y con iluminación natural donde todo está a la vista. Lo dicho: muy Narda. Sucre 664, Bajo Belgrano

Mishiguene Fayer

Lo hizo de nuevo. El chef Tomás Kalika redefine la cocina judia. Mishiguene manda.

Como sucede con la casa madre (el siempre sorprendente Mishiguene de la calle Lafinur), aquí se redefine la cocina judía. Aunque este local, prolijo y canchero, es menos exclusivo y nocturno que el original, dada la informalidad de la propuesta, la febril imaginación del chef Tomás Kalika y el empuje del empresario Javier Ickowicz no aflojaron y le dieron a la carta el carácter del fuego del nombre, presente en cinco métodos de cocción: parrilla, ahumador, espiedo, tannur, mangal. A partir de ahí, todo es terreno de Kalika, un cocinero que sabe interpretar su herencia como pocos. Cerviño 4417, Palermo

Aldo’s Palermo

Llegó sobre el final de 2017. Con el gran Maximiliano Matsumoto en los fuegos, la propuesta es cocina porteña de autor, con entradas que van de la reinterpretación (cóctel de camarones) al feliz experimento (hummus de arvejas) y principales notables (hay un gran trabajo sobre las carnes, los pescados, las pastas y los arroces). Como es costumbre en los restaurantes de Aldo Graziani, los precios no son exorbitantes y la carta de vinos es espectacular, con etiquetas que apenas superan valores de vinoteca. Arévalo 2032, Palermo

Vico Wine Bar

Originalidad y buen gusto le sobran a este local que sorprendió con sus paredes tapizadas de dispensers Wineemotion, que permiten el autoservicio de vino por copa y mantienen las botellas en perfectas condiciones por 20 días. Hay tres tipos de medida (35, 70 y 150 ml) y más de 140 etiquetas –entre la alta gama y la rareza total– elegidas por el sommelier Pablo Colina. También hay una excelente barra de tragos y un chef, Julián del Pino, responsable de una cocina sobresaliente que hace mucho más que acompañar la oferta de vinos. Gurruchaga 1149, Villa Crespo

Ambiente cálido para disfrutar un buen vino, el maridaje perfecto de Vico Wine Bar.

Il Quotidiano Bar de Pastas

Imperdibles pastas de Il Quotidiano amasadas a mano.

Abrió a principios de año y ya tiene un hermano menor en Palermo. Eso habla de una propuesta simple y efectiva: buenísimas pastas amasadas a mano como centro de una carta que también muestra entradas inspiradas. Los aires italianos abarcan a los postres y la carta de mediodía, cuando los sándwiches y ensaladas piden pista. El espíritu de lo fatto in casa sobrevuela el lugar y los puntos de atracción son irresistibles: comida rica, buena relación precio-calidad, atención esmerada. ¿Qué más? Callao 1299, Recoleta