Se cumplen 30 años de la muerte de Luca Prodan, el italiano que cambió la historia del rock argentino. Y ella, como nadie, lo supo acompañar y retratar a través de la lente y su mirada única. Fotógrafa desde principios de los 80, trabajó con todas las figuras de la música local y del mundo de la moda. Hoy reparte su tiempo entre la docencia y la edición de un libro autobiográfico. Un libro lleno de anécdotas y vivencias. Un libro a puro rock and roll.


EN los últimos tiempos, Andy Cherniavsky fue puliendo su teoría del “foto-crochet”, donde cada trabajo es como un punto de crochet que va armando una nueva trama de conocimiento y aprendizaje. Y son esas puntadas las que terminan definiendo un estilo propio. A fuerza de intuición, talento y una enorme capacidad de trabajo, Andy dio forma a una obra que retrató al amplio universo de los artistas, los deportistas y las modelos, siempre con una mirada bien personal. Más que una testigo de privilegio, en realidad es tan protagonista como sus retratados. Ahora acaba de terminar de escribir un libro con recuerdos y anécdotas del rock argentino de los años 80, que, por supuesto, incluye referencias a Luca Prodan y Sumo. “Yo era fanática de Sumo –cuenta–, e hice fotos en todo tipo de shows. Los vi en Stud Free Pub y en La Esquina del Sol, además de en los teatros grandes y Obras. Creo que Luca es un fenómeno único en la historia del rock y es muy loco que los argentinos lo hayamos aceptado como un ídolo. Tengo un recuerdo de mucho disfrute de fotografiarlo en camarines y con la banda en vivo, con Mollo tocando la guitarra con los dientes, pero no tuve una relación más cercana, como con otros músicos”.

 

–¿Qué te acordás de las sesiones de fotos en estudio?

–La primera sesión que hice con Sumo fue para el programa y los afiches del Festival Rock & Pop en Vélez, y vino todo el grupo al estudio. La última sesión fue con Luca solo, el año que murió. Ese día sentí una tristeza muy grande que se transmite en las fotos. Para mí es un prócer, al punto que tiene una estampilla del Correo Argentino con una foto mía.

“Tengo un recuerdo de mucho disfrute de fotografiar a Luca en camarines y con la banda en vivo, con Mollo tocando la guitarra con los dientes, pero no tuve una relación más cercana , como con otros músicos.”

–Tus fotos de Sumo en vivo son muy icónicas.

–Siempre cuento que en esa época no paraba de hacer fotos, porque era la fotógrafa de la agencia de Grinbank y luego de la revista Rock & Pop. Debo de haber hecho fotos en unos 300 recitales, hasta tuve la suerte de compartir un viaje con ellos a Córdoba.

–¿Cómo surgió la idea de hacer un libro que no sea sólo fotográfico sino casi una autobiografía?

–Se le ocurrió a la gente de editorial Planeta. Me llamaron y acepté porque hacía tiempo que mi hija me volvía loca para que escribiera todas esas historias que viví. De hecho, ella hizo la corrección final del libro y eso me dejó tranquila porque tenía mucho miedo de hablar de drogas y giras y excesos. Pude contar muchas anécdotas e incluí muchas cartas y dibujos de Charly y de Andrés. Y la idea es que las fotos no tengan que ver sólo con lo que más se conoce de mí, sino que habrá cosas más desconocidas, más caseras, como las fiestas y todo lo que ocurría fuera de los estudios y de los escenarios. Vivir toda esa época fue increíble, pero muchas veces me digo que me mataría si mi hija hiciera la mitad de las cosas que yo hice.

–¿Te acordabas de los detalles o tuviste que reconstruir situaciones?

–Las fotografías son mi memoria. Revisé miles de imágenes que me fueron refrescando los recuerdos. Por otra parte, tengo una carpeta con todos los detalles del día de cada foto, y en una época escribía una especie de diario sobre todas las salidas que hacíamos. El libro abarca todos los años 80 y se llama Acceso directo. Sale en el primer semestre de 2018.

–En los 90 dejaste el rock y pasaste al mundo de la publicidad y la moda. ¿Cómo fue esa decisión?

–Llegó un momento a fines de los años 80 en que dije que no podía seguir más. Empecé en el rock creyendo que era parte de un movimiento ideológico, potente e increíble. Yo caía en cana todos los días y no me importaba. Pero luego empecé a descreer de la ideología, por la violencia, por ciertas actitudes de muchos músicos y también por los pedidos tan convencionales de las discográficas, que sólo querían fotos estándar de músicos en las tapas. Yo quería hacer arte, cosas nuevas, aprender de moda, maquillaje, vestuario y producción.

 

“Llegó un momento a fines de los anos 80 en que dije que no podía seguir más. Empece en el rock creyendo que era parte de un movimiento ideológico, potente e increíble. Pero luego empece a descreer , por la violencia y ciertas actitudes de muchos músicos.”

–Ahí te uniste con Gabriel Rocca y formaron la agencia Rocca-Cherniavsky.

–Sí. Con Gaby pasábamos horas sentados uno al lado del otro en las esperas de los shows. En un momento hice una carpeta de fotos más publicitarias para mostrar en las agencias y ver si podía salir del mundo del rock, y él empezó a meterse en el mundo de la moda. Trabajamos muchos años para una tarjeta de crédito, lo íbamos mechando con producciones de moda, y empezamos a crecer y crecer. Fue un remo gigante y aprendimos de todo, incluso a armar grandes desfiles de moda. En total, trabajamos 16 años juntos. Nos queremos mucho y fue una separación en buenos términos, porque ya cada uno iba para caminos diferentes. Gaby quería hacer cosas para televisión, por ejemplo, y yo no.

 

–¿Disfrutaste hacer la muestra “Los ángeles de Charly” a mediados de este año?

–Sí, hacerla para Cultura de la Nación fue algo impresionante. Trabajamos como seis meses con Hilda Lizarazu, Nora Lezano y el curador Elio Kapszuk. Sentí mucha emoción y vibración interna, por lo moderno y por la mezcla. Fue una de las cosas más importantes que hice en mi vida, como el libro de fotos de Charly de 2000. Tengo muchos proyectos y también estoy enseñado mucho, haciendo workshops y dando charlas en universidades por todo el país. En este laburo, todos los días es una cosa diferente, una experiencia nueva, conocer gente nueva y encarar desafíos diferentes. Muchas veces es un plomo, como cualquier trabajo, pero sé que es un privilegio y estoy feliz.