A los 32 años, la actriz y modelo mendocina afianza el camino que comenzó a recorrer con la meditación, una herramienta que va de la mano con todo lo que emprende.


El paisaje eterno de las montañas, el profundo reflexionar de su madre y las inquietas búsquedas de un padre que coqueteaba con la fotografía y el cine definieron el camino que Agustina iba a emprender. A los 16, se instaló en Buenos Aires dispuesta a cumplir con sus sueños y deseos. Hoy encontró la manera de equilibrar su búsqueda profesional y espiritual. “La meditación me cambió la vida”, confiesa. “Empecé a ser una persona feliz. La meditación te invita a ser consciente de lo que te está pasando, y ese es el recorrido del cambio.” De su madre y de su abuela mamó el camino del yoga y de la espiritualidad. Estas dos mujeres fueron claves en su vida. “Ellas tuvieron una gran influencia en mí: eran vegetarianas, tenían un guía espiritual. Crecí en una casa donde se hacían retiros a las montañas. Hablar de espiritualidad, de meditación, no me era extraño; al contrario, era algo cotidiano en mí. Básicamente, viene conmigo, me acompañó toda mi vida. Ya de grande, desde hace 12 años, reelegí este camino. También soy vegana. Se dio, fluyó y opté por recorrerlo”, explica.

–¿Conocer la India fue clave para afianzar tu decisión de transitar este recorrido?

–Es mágico, amo ese país, su gente, su tierra; es un lugar en el que me siento cómoda a pesar de que culturalmente, al principio, puede generarte un fuerte choque. Es sumergirte en un mundo mágico a través de sensaciones, de olores, de colores, de sabores. La primera vez viajé con mi mamá, pasamos 40 días juntas, afianzando nuestra relación, tal como los maestros dicen: “Nuestra vida son las relaciones”. Durante varios días hicimos un retiro con más de quinientas personas, todas de lugares muy diferentes, porque en la universidad en la que estábamos se trabaja con todas las creencias. Ves musulmanes, hinduistas, budistas. Fue maravilloso porque con mi mamá tuvimos otro punto de encuentro, de contacto. Después realicé el entrenamiento como instructora en la Oneness University India, que ahora se llama O&O Academy. Amo ese país: es tan diferente, y eso es, justamente, lo que me atrae. A pesar de las circunstancias en las que viven, de las diferencias, siempre tienen una sonrisa, y me parece maravilloso que así sea. Es un lugar que me enriquece en muchos sentidos.

–¿Por qué decidiste formarte como instructora?

–Por la necesidad de brindar todo lo que aprendí, lo que me hizo y me hace bien. Es una etapa que tiene que ver con el dar. Esta formación que realicé me permite dar cursos y guiar meditaciones. Tengo un espacio, Universo Diksha, abierto a todo el público. Es un lugar para meditar y donde también doy clases de yoga.

–¿Qué buscás ofrecer en cada encuentro, en cada clase?

–Básicamente, que la gente empiece a despertar, a sentir cómo está el cuerpo, cómo está la respiración, que puedan dar con las emociones y los pensamientos que están presentes. A tomar contacto con ellos mismos. Más que nada es llevarlos a estar presentes y despiertos. También hay curaciones, búsquedas. Mi corazón está puesto ahí.

–No por nada decidiste bautizar tu espacio como Universo Diksha.

–Es cierto. La persona después de percibir una diksha se conecta con el amor, está en unidad, en paz, en armonía.

“Crecí en una casa donde se hacían retiros a las montañas. Hablar de espiritualidad, de meditación, no me era extraño; al contrario, era algo cotidiano en mí.”

–¿Y cómo llegó a tu vida la astrología?

–Siempre miré hacia el cielo, desde chica me atrajeron las estrellas. Cuando empecé a estudiar astrología no tenía la intención de dedicarme a esto. Para mí siempre fue importante encontrar la conexión tan fuerte que existe entre el cielo, la tierra y las estrellas. Eso fue lo que me atrapó. Estudié cuatro años, soy egresada de Casa XI, pero más que nada tiene que ver con mi autoconocimiento. Dentro de las prácticas de meditación utilizo la astrología como una herramienta, busco cuál es la energía que está disponible y veo qué es lo que se está moviendo astralmente para trabajar dentro del contexto de las clases.

–¿Cómo conviven la actuación y el modelaje con este otro mundo, el de la meditación, el yoga y la astrología?

–Todas son herramientas, van de la mano y las utilizo para todas las áreas de mi vida, para todo lo que emprendo. Incluso en las cosas cotidianas, como elegir qué comer, qué actividad física realizar. A la hora de trabajar como actriz, la meditación es un bonus porque en el momento de actuar es importante estar presente, y de eso se trata la meditación, de estar desprovistos de un montón de conceptos y de ideas, dejando que las cosas sucedan, que fluyan. La actuación es un espacio de mucho juego, y meditar es volver a un estado en el ya estuvimos. Así que todo me es útil en lo que emprendo. No lo veo como caminos diferentes; al contrario, para mí es uno solo en el que se presentan desafíos y estos mundos se unen, se nutren.

–Sin duda, tu felicidad también se debe a la presencia de John Steinberg (el empresario estadounidense con el que está en pareja).

–Estamos muy bien, tenemos muchas cosas en común.

–¿Y la música? Se te ve mucho en shows locales e internacionales. ¿Te animarías a hacer algo?

–(Risas) Me encanta la música, genera una vibración que es superbienvenida y no hay duda de que nos hace la vida mucho más hermosa. Pero sólo me relaciono como oyente, nada más. No soy buena cantando, tampoco me veo tocando ningún instrumento, aunque me hubiera encantado tener ese talento.

“Tengo un espacio, Universo Diksha, abierto a todo el público. Es un lugar para meditar y donde también doy clases de yoga.”

–¿Podemos adelantar algún proyecto?

–Tengo varios, pero nada concreto para anunciar. Me pasa con la actuación que, aunque se vea o no lo que hago, estoy construyendo mi formación. Este último año comencé en la escuela de Nora Moseinco, en la parte de entrenamiento actoral. Me encanta su mirada, es un trabajo hermoso el que hace. Para mí, el desafío está en entrenarme todo el tiempo, estar en continua actividad.