A lo largo de los siglos, Marruecos ha sido un lugar que despertó la fascinación de escritores, como Truman Capote; artistas, como Cecil Beaton, y gente del cine. Además, Marrakech, una de las ciudades más importantes del país, fue la fuente de inspiración de los últimos veinte años del diseñador francés Yves Saint Laurent, quien se apasionó por la ciudad y su cultura y la transformó en su patria.

El primer lugar donde Saint Laurent desembarcó fue el célebre hotel La Mamounia, escenario del film El hombre que sabía demasiado, de Alfred Hitchcock. Aún hoy, este gigante de 5 estrellas sigue siendo uno de los hoteles más glamorosos del mundo. Pero su pasión por Marrakech y la cultura marroquí iba en aumento, tanto como la necesidad de encontrar allí un hogar. Y aquí aparece en escena este sitio encantado, concebido en 1923 por el pintor francés Jacques Majorelle: el artista, hijo del reconocido diseñador de mobiliario art nouveau Louis Majorelle, proyectó unos jardines exuberantes, poblados con más de 400 especies de palmeras, cactus y bambús. En el centro, circundado por fuentes de diseño morisco, tinajas y senderos teñidos mayormente de un particular tono de azul, que luego se denominó “azul Majorelle”, el pintor construyó allí su vivienda: un amplio chalet con exquisitas terminaciones.

En 1980, el jardín pasó a ser propiedad de Saint Laurent y fue definitivamente uno de los lugares donde mayor tiempo pasó. El diseñador por excelencia puso en valor el entorno y comenzó a llevar a cabo uno de sus sueños pendientes: la realización de un Museo de Arte Islámico, que actualmente ocupa buena parte de la casa, con vestimentas y objetos magrebíes que se pierden en los siglos. Paralelamente, empezó a elaborar año tras año sketches, figurines y collages que hoy forman una muestra en sí misma, el arte gráfico de YSL. Al poco tiempo compró una mansión vecina para tener mayor espacio y así, finalmente, pudo abrir las puertas del jardín y el museo al público, cosa que se mantiene hasta hoy, donde a cinco minutos del casco histórico marraquechí, La Medina, y sobre la calle, que con toda justicia fue llamada Rue Saint Laurent, cualquier visitante puede recorrer esta secreta maravilla del mundo.