La cantante y compositora viajó a Alemania junto a El Planeta Urbano y Volkswagen para presenciar el clásico Garage Sound de la automotriz en Frankfurt y pasar unos días en Berlín junto a su novio. Fotos y charla íntima en una historia de tapa con mucho vuelo.

 

Aprimera vista, Rosario es seria, tímida, introvertida. Tanto que al principio puede parecer muy colgada o no resultar la chica más simpática del mundo. Hasta que uno la conoce, comparte un café en Birkin –el bar que nos une como vecinos–, inicia una conversación y descubre a la persona más serena del mundo, una mujer que tiene 31 años pero parece de 20 por su frescura física y su transparencia emocional. Al momento de esta entrevista, Rosario, su novio Lautaro Cura y yo estamos sentados en el bar antes mencionado en un encuentro posviaje que incluye anécdotas de Berlín y hasta un repaso de fotos reveladas en papel, a la antigua, que Lautaro le sacó a su chica y forman parte de este gran editorial internacional. Una semana atrás nos encontrábamos en Frankfurt los tres, descubriendo una gran ciudad y creando nuevas historias para nuestra hoja de vida. La parte que Rosario cuenta en esta entrevista arranca allá, en Alemania, y continúa mientras charlamos y nos metemos en espacios inéditos de su propia historia. “Cada vez que visito un lugar distinto me parece una experiencia increíble, así que me puse muy contenta cuando Volkswagen me invitó a Frankfurt. Me encantó conocer Alemania, el idioma, la cultura. Berlín me gustó por toda su historia; poder percibirla ahí es muy fuerte. Se respira arte y moda en todos lados, incluso más que en Nueva York. Ves tendencia y cosas nuevas en cada cuadra. La gente tiene mucha onda se ponga lo que se ponga, tienen un espíritu muy libre que hace que no les importe lo que se use”, describe.

–¿La música es todo para vos?

–Siempre supe que mi vida y mi vocación tenían que ver con la música, porque no había nada que me interesara más.

–¿Cómo te acompaña la música en tu rutina?

–Hay música para todo tipo de ocasión, y yo escucho de todo, desde canciones que pueden estar en la radio hasta música de una banda de la que conozco sólo dos temas. Ahora escuchamos mucha música en español y muchas cosas nuevas. Pero de los shows me suele cautivar más una voz, una cosa minimalista. A veces la superproducción y el sonar excelente de una banda no son suficientes para cautivar.

–Siempre cautivaste con tus canciones. ¿Estás creando nuevo material?

–Estoy en proceso de agarrar todos los temas y ver qué le falta a cada uno. A mí me cuesta mucho focalizarme, porque tengo ADD, entonces no puedo concentrarme en terminar.

–¿Cómo te afecta a vos particularmente el ADD?

–A las mujeres nos pega como “sos una colgada que no te podés concentrar”. El ADD es déficit de atención, pero no con hiperactividad. Los hombres suelen tener hiperactividad, por eso es más fácil detectarlo, pero en mi caso me costaba sentarme a estudiar, a terminar las cosas. Entonces, si no tenés a alguien que te diga que hagas las cosas, que te ayude a organizarte, se te hace muy difícil. Perdés mucho las cosas, te cuesta concentrarte, se te va pasando el tiempo y no terminás de cerrar nada. Es algo que te termina afectando mucho en tu día a día.

“Siempre supe que mi vida y mi vocación tenían que ver con la música, porque no había nada que me interesara más.”

–¿Cómo la pasaste con esto en el colegio?

–En el colegio no podía prestar atención y me tildaban de vaga, de no querer estudiar. A mis padres les decían “es capaz, pero no estudia”, y me llevaba todas las materias a diciembre pero después las aprobaba porque estudiaba bajo presión. La presión termina siendo el motor que te impulsa a concretar las cosas.

–¿En qué momento te lo detectaron?

–En el colegio no sabían lo que tenía, así que la parí bastante. Las profesoras hablaban y yo dibujaba, estaba en otra. Y en mi vida cotidiana me pasaba de llegar tarde a las citas, porque no calculás bien el tiempo. También perdí tres veces el pasaporte, hasta que me dijeron en la embajada que no lo podía perder nunca más, entonces me preocupé mucho. Imaginate que tenía que viajar a Las Vegas, a los Grammy Latinos, porque estaba nominada y tuve que atrasar un día todo porque no encontraba el pasaporte, y me perdí una ceremonia previa que hacían con Caetano Veloso para 30 personas. A partir de eso me agarró una frustración muy grande, entonces fui a un psiquiatra que me hizo una serie de preguntas y me diagnosticó ADD. Estuve casi toda mi vida pensando que era una colgada, hasta que supe que tenía esto.

–¿Se puede tratar?

–No tiene una cura, pero desde que supe que tenía eso empecé a anotarme todas las cosas que tengo que hacer, para que no se me pase nada. También me indicaron unas pastillas, pero estoy viendo cómo funcionan porque también te alteran mucho.

–Cambiando de tema, ¿cómo tomás este furor de las redes y la relación entre las marcas y los famosos?

–A mí en lo personal me da un poco de vergüenza, así que intento administrar y no decirle que sí a todo. Te están ofreciendo ridiculeces constantemente y a mí me da pudor, por ejemplo, agradecer un sushi en Instagram. Tengo un límite. Pero hay toda una camada de gente que aspira a ser influencer y conseguir cosas gratis, dedicarse a eso, que sea su laburo. Las blogueras aspiran a ese modelo de vida.

–Ahora son influencers.

–Es raro el concepto de influencer, es un modelo de identidad pero bastante vacío. Antes era distinto. Por ejemplo, si ves a Patti Smith la percibís como un modelo de identidad porque es una mujer superfuerte, es poeta, es cantante, sobrevivió a Nueva York en su peor momento, escribe bárbaro y tiene un look increíble, mucha onda. Entonces, eso me parece que está bueno, tomar a ese tipo de gente y seguirla por su onda; pero que haya chicas cuya aspiración sea convertirse en una vidriera sin contenido me parece la nada misma.

“Hay toda una camada de gente que aspira a ser influencer y conseguir cosas gratis, dedicarse a eso, que sea su laburo. Las blogueras aspiran a ese modelo de vida. A mí en lo personal me da un poco de vergüenza.”

–En Frankfurt hablamos mucho del amor y de lo bien que estás con Lautaro, que tiene seis años menos que vos. ¿Cómo llegaste a este estado?

–Siempre salí con gente más grande. Cuando tenía 19 salí con alguien de 30, cuando tenía 14 salía con alguien de 19, y siempre así. Nunca me identifiqué con los hombres de mi edad, y mucho menos con los más chicos. Pero me parece que hoy está todo medio dado vuelta porque la generación de 30 para abajo es menos machista, como que se la banca más. Son menos enroscados, entonces medio que se me desarmó la teoría de no poder estar con nadie de mi edad o menor. Hay hombres que son grandes y nunca pueden llegar a decir “me planto acá”, y están en la eterna “peterpaneada” de buscar y buscar cosas, cuando todo indica que podría ser al revés.

–¿No te da fobia que venga un pibe de 24 y te diga: “quiero todo con vos”?

–No. A esta altura no. Me parece que llega un momento en el que uno se aburre de la fobia y empieza a querer otras cosas. Antes siempre me ponía yo primero o ponía a mis amigos primero, y ahora empiezo a ver otras cosas.

–¿Pensás en hijos?

–En un momento lo veía como una locura lejana y ahora no, ahora sé que es algo que me gustaría hacer antes de los 35 sí o sí. Estaría buenísimo que sucediera y poder elegir un buen padre. Lo importante es poder entregarse a alguien, y también es lo difícil, por eso viene la fobia. Pero si te relajás, probás y no resulta, es importante saber que no pasa nada, que en ningún caso se te va a terminar la vida.


Rosario fue elegida por Volkswagen para formar parte del Garage Sound por su espíritu de artista emergente que alienta esta plataforma. Ella, al igual que Zara Larsson, es una referente para las nuevas generaciones de músicos.

Agradecimientos: Mila Kartei, Bolivia, Levi’s, Deleon, Alen.